Ha pasado casi una semana de la tragedia que enlutó a
nuestro país, de que un joven de apenas 15 años, disparara contra su maestra y
compañeros en el colegio Americano Noreste de Monterrey, y hay varias visiones
en la mesa sobre qué hacer con el tema que asomó la cabeza en los terribles hechos:
el control y la regulación de armas.
No solo no es un tema menor, sino que es uno que exige
definiciones para que lo de Nuevo León, que decenas de veces hemos visto en
escuelas y universidades de Estados Unidos, no solo no se convierta en una constante,
sino que no vuelva a suceder.
Están de un lado quienes, como el senador del PAN Jorge Luis
Preciado, pretenden armar a la sociedad y están a favor de que cada ciudadano
pueda portar una pistola lo mismo en su coche, que tener una en su casa o negocio;
en el otro extremo está la postura de Miguel Ángel Mancera, para no solo buscar
frenar la proliferación de armas, sino sancionar la portación.
Son dos visiones que retratan a cada uno de quienes se
colocan al frente de las posturas.
La iniciativa que en
octubre pasado presentó Preciado –que ni su partido apoyó-, famoso por
protagonizar escándalos, lo mismo personales que por organizar fiestas en el
Senado utilizando recursos públicos, propone que cualquiera no solo pueda
poseer sino portar armas en público.
Enfrente, Mancera, ayer, al encabezar la instalación de la
Comisión de Seguridad y Justicia de la Conago, en el Centro de Comando,
Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano capitalino, conocido como
C4, aprovechó para señalar que empujará
la prisión preventiva por portación ilegal de armas y las políticas de
destrucción de armas de fuego, como ya se hace en la CDMX desde hace años, con
el programa de Desarme Voluntario.
Son dos posturas
diametralmente opuestas. Cada quien sacará sus conclusiones pero, por lo
pronto, no hay evidencia que indique que armar a la sociedad contribuye en algo
a disminuir la violencia. Al contrario. Más armas es igual a más violencia, a más
muertes. Lo acabamos de ver en Monterrey. El arma que el joven disparó estaba
en su casa. Era de su padre.
La portación de armas en público detonaría –todavía más- la
violencia. Eso ocurre en todos los lugares donde la sociedad se arma. ¿Cuántas
matanzas y masacres no hemos visto, por ejemplo, en EUA, en buena medida
gracias a la facilidad con la que se consiguen armas?
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