Partamos de una base, y tomemos como sustento cualquier
encuesta de preferencia electoral: el
PAN en la CDMX no tiene mejor carta para competir por la Jefatura de Gobierno
capitalina que Xóchitl Gálvez.
Nadie dentro del
panismo capitalino trae ni la mitad de conocimiento entre la población, ya no
digamos de intención de voto. El PAN necesita más a Xóchitl que ella al PAN,
una marca devaluada que, electoralmente en la Ciudad, está en ruinas.
Veamos: en el año 2000, casi ganan la Jefatura de Gobierno,
con Santiago Creel; en 2003, tuvo 25% de los votos y ganó 17 curules en la
ALDF; para 2009, se hizo del 20% de las preferencias y logró 15 legisladores
locales; en 2012 solo tuvo 13 diputados; el año pasado alcanzaron el 14% de la
votación y se quedaron con solo 10 legisladores; y en la elección de junio del
año pasado, donde se eligió la Asamblea Constituyente, apenas arañaron el doble
dígito: cayeron al 10%.
Los bonos de Xóchitl, por el contrario, han ido al alza.
Revisemos un par de encuestas, las más recientes que se han publicado sobre
escenarios para la elección de Jefe de Gobierno. La del último trimestre de
2016 de la Secretaría de Gobernación, que publicamos en este espacio, señala
que, por partido, Morena ganaría la elección con 27.03%, le seguiría el PRD con
21.08%, detrás el PAN con 11.55%, después la figura de “candidato
independiente” con 8.24%, en quinto lugar el PRI con 7.89%. Pero ojo, dentro
del PAN, la jefa delegacional en Miguel Hidalgo, va muy arriba: 19.20%, seguida
de Santiago Creel con apenas la mitad de intención de voto.
Otra medición, publicada a finales del año pasado en El
Financiero es no menos ilustrativa. Considerando solo a los punteros de cada
partido, Ricardo Monreal gana por más de diez puntos y en segundo lugar no
estaría el PRD, sino el PAN. Siempre y cuando Xóchitl fuera su candidata. De
otra forma, caen al tercer sitio. El delegado en Cuauhtémoc tendría 37%,
Xóchitl 26% y Alejandra Barrales 21%.
Los panistas, pues,
no parecen tener más opción que convencer a Xóchitl de que vaya con ellos,
porque su capital es mayor que el del partido. Por eso es llamativo que el dueño del PAN en la CDMX, el diputado Jorge Romero,
lejos de acercarse a la delegada en Miguel Hidalgo, la haya castigado
presupuestalmente este año.
Contrario a lo que
podría pensarse, se trata de todo menos de una coincidencia. Romero buscó, al
inicio de su administración, colocar a cercanos suyos como cuota en el gobierno
de Xóchitl, pero ella le cerró la puerta al amiguismo que caracteriza al
legislador. A eso hay que sumar que al dueño del panismo capitalino le ha
resultado altamente redituable ser una oposición acomodada con el gobierno de
la Ciudad, y lejos de convenirle volver competitivo a su partido, gana estando
al servicio de la administración local.
Quizá por eso, además
de por el descredito que acarrean los partidos políticos, Xóchitl tendría que
comenzar a calcular, qué pasaría si fuera como candidata independiente.
Sin militar en el PAN, tiende puentes con todos. Su relación
con Ricardo Anaya es buena, con Margarita Zavala, ni se diga. Y apenas el
domingo estuvo en el último informe de gobierno del poblano Rafael Moreno
Valle.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.