Darío
Ramírez.
Resulta ya evidente el hecho de que
hay políticos que no quieren ver al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) nacer
de manera vigorosa y que se consolide como el barco insignia para combatir
frontalmente la corrupción en el país. Hay grupos parlamentarios –y perdón la
obviedad- como el Partido Verde y el PRI que apuestan por su ineficacia.
De manera
súbita el tablero del SNA ha cambiado y ha obligado a los diferentes actores
alrededor del SNA a tomar posturas más claras, ya sea a favor o en contra. Los ataques del Partido Verde contra el
Comité de Participación Ciudadana (CPC) son perfectamente calculados (y si me
lo permiten con alto grado de perversidad política) y revelan la primera gran
maniobra para debilitar el sistema anticorrupción.
El Senador Pablo Escudero (Partido
Verde), presidente del Senado ha sido el encargado de comandar la ofensiva para
desprestigiar al CPC a través de criticar sin fundamento el proceso ciudadano
de elección de los miembros del CPC. Y sí resulta relevante que es el
presidente del Senado quien le da músculo al intento de desprestigio de la
ciudadanía y su trabajo dentro del SNA.
Los
señalamientos se agrupan en los siguientes puntos: 1. El proceso de selección
del CPC no fue transparente; 2. Se privilegiaron amigos para conformar el CPC;
3. Duda sobre el proceso de calificación de los y las candidatas para integrar
el CPC y 4. Minar la credibilidad y desacreditar a los integrantes del CPCI, en
especial a Mariclaire Acosta. No sobra decir que la metodología que usó el
Comité de Selección del CPC ha sido de los nombramientos más transparentes y de
cara a la sociedad que se han dado.
El vehículo para el ataque que usó el
Senador fue tres primeras planas de El Universal, desde dónde se calificó al
proceso de selección como “tramposo”. Todo parece indicar que se confirma que
el periódico está demasiado cercano a los intereses del gobierno federal. La
información vertida en sus notas carecía del mínimo rigor periodístico y
mostraba más una agenda política que periodística.
Intentar debilitar al CPC cumple con
dos objetivos: atacar el nacimiento del SNA y hacerlo desde sus orígenes
ineficiente y mermar la credibilidad de la única voz ciudadana dentro de un
complejo sistema anticorrupción. Es una constante entre los políticos corruptos
la intención de crear instituciones públicas que busquen frenar la demanda
social de castigar la corrupción y la impunidad a través de transformar a las
instituciones en solamente ornamentos que ayuden a la simulación democrática
que padecemos día con día.
Mientras se
concretaba el ataque político al CPC, se llevó a cabo la primera sesión formal
de trabajo del Comité Coordinador del SNA. Es donde se juntan las 7 instancias
que componen el SNA. No olvidemos que
mientras el Senado ataca al CPC, son ellos mismos quienes no han querido
nombrar al Fiscal Anticorrupción y a los magistrados de la sala especializada
en anticorrupción. La idea de hacer su trabajo para consolidar el SNA
claramente no está en concordancia con su agenda política. En la primera sesión Jaqueline Perschard, presidenta del CPC, llevó a
la mesa la solicitud de que el SNA hiciera un exhorto de información para que
el gobierno federal provee la información necesaria para determinar si hubo
corrupción en lo que tiene que ver con el malware Pegasus que se utilizó para
espiar a activistas de derechos humanos y periodistas. La solicitud ciudadana
fue hecha pedazos por una votación de 5 a 1.
Los miembros
que votaron en contra aducen que, de acuerdo a la Ley General del Sistema
Nacional Anticorrupción, artículo 23, “El
Comité de Participación Ciudadana podrá solicitar al Comité Coordinador la
emisión de exhortos cuando algún hecho de corrupción requiera de aclaración
pública…”. El espionaje en si no es corrupción, sin embargo, hay suficiente evidencia para abrir una investigación por
presuntos actos de corrupción. En otras palabras, la corrupción se pudo haber
realizado por un hecho muy simple: el desvío de dinero público y recursos
materiales del Estado, con fines distintos a los legalmente autorizados, da
lugar a los delitos de ejercicio indebido de servicio público, uso indebido de
atribuciones y facultades, y peculado.
De la
votación hay dos hechos que merecen especial mención, el primero es que la titular de la Secretaría de la Función Pública,
Arely Gómez, debió haberse excusado de la votación por haber estado involucrada
en la compra y uso de Pegasus durante sus funciones como Procuradora General de
la República. Su sentido común y ética del servicio público no le alcanzó para
excusarse de la votación.
Por otro
lado, resulta muy preocupante que Francisco Javier Acuña, titular del INAI, el
organismo encargado de proteger los datos personales de la ciudadanía haya
votado en contra de exigir cuentas al gobierno sobre el tratamiento que se ha
hecho de los datos privados de comunicadores, activistas y políticos de
oposición. Preocupa la tibieza, falta de
compromiso y garantía del INAI para votar a favor de pedir información al
gobierno. Preocupante que el INAI no
sea una voz importante en un caso en el que claramente hubo una seria violación
a los datos personales de activistas y periodistas, entre otros.
A nadie debe de sorprender los
ataques como el resultado de la votación del SNA. Son dos hechos que caben
perfectamente en el mismo contexto. Los corruptos buscan debilitar aún más el
sistema anticorrupción, el cual, de por si, tiene serias limitaciones estructurales
y de diseño. Pero es
lo que hay. La ciudadanía, organizaciones de la sociedad civil y medios de
comunicación independientes, tiene que respaldar al CPC. Dejarlo a su suerte es
una sentencia de muerte de la única voz dentro del SNA que sí busca el sistema
tenga los resultados para los que fue diseñado. Ese apoyo ha sido tímido hasta
ahora. Habrá que preguntarnos: ¿por qué?
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