Dolia Estévez.
Washington, D.C.—El
clima en la cuarta ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de
América de Norte, que arrancó el miércoles cerca de esta capital, parecía
velorio. El difunto: el convenio trilateral. El sepulturero: Donald Trump. Los
dolientes: México y, en menor grado, Canadá. Causa del deceso: los dolientes se
negaron a tragarse las píldoras de cianuro recetadas por el sepulturero.
Los medios recibieron a los negociadores con lúgubres
pronósticos sobre la inminente ruptura. Lo mismo hicieron especialistas,
empresarios, líderes sindicales y legisladores. Afuera del lugar sede, los
trumpistas demandaban: “NAFTA: Fix it or Nix it”. En la Casa Blanca, a Trump se le preguntó si el tratado “estaba
muerto”. No respondió. Sentado al lado de Justin Trudeau, sugirió que, si el
TLCAN truena, Estados Unidos negociará con Canadá, y presuntamente también con
México, tratados bilaterales.
Señal del naufragio fue la misión que vino a cumplir a
Washington el afable Primer Ministro canadiense: brincar del barco antes de que
se hunda. Al poner los intereses de su país por encima de la amistad que dice
profesar a México, Trudeau le recordó a
Trump que Canadá no es la causa de la pérdida de empleos estadounidenses. No
nos pasen facturas ajenas.
Sorpresivamente, Robert Lighthizer, el negociador de Trump,
anunció que la cuarta ronda se iba a extender dos días y que el martes 17 del
presente, el último día, habrá reunión ministerial seguida de rueda de prensa
trilateral. Se cree que Lighthizer
anunciará el deceso del TLCAN.
Según esas
versiones, Lighthizer evocaría el artículo 2205 que permite el retiro del
tratado siempre y cuando los otros socios sean notificados por escrito seis
meses antes. Lighthizer cree que
con la espada de Damocles sobre la cabeza, México y Canadá aceptarán las
píldoras de cianuro. Sin embargo, cuesta trabajo vislumbrar un escenario en el
que los peñistas quieran seguir negociando. Mendigar comida es más digno.
La Cámara
de Comercio de Estados Unidos dijo que abandonar el tratado provocaría una
“amenaza existencial” a la seguridad nacional y económica de la región. Hasta
la semana pasada, México tenía esperanzas de que la organización patronal más
poderosa del país ejerciera su poder sobre la clase política en Washington y
lograra salvar el TLCAN. Con ese fin, Ildefonso Guajardo, Luis Videgaray y José
Antonio Meade se reunieron durante la semana con el presidente y altos
ejecutivos de la cámara. El encuentro a puerta cerrada se realizó en el hotel
Four Seasons de la Ciudad de México.
Videgaray
le vendió el cuento a Enrique Peña Nieto de que su amigo Jared Kushner
intervendrá para convencer a su mercurial suegro no descarrilar el convenio.
Una fantasía.
Si Trump
decide matarlo no habrá poder humano que lo haga desistir. Mucho menos el
polémico primer yerno cuya influencia sobre Trump es un mito.
Videgaray
se ha esforzado por endulzar la negociación con concesiones insólitas como
inmiscuir a México en el conflicto de Trump con Venezuela y expulsar al
embajador de Corea del Norte. En sus pláticas con la Casa
Blanca, ha sugerido que el fin del TLCAN, a menos de un año de las elecciones
presidenciales, favorecería al candidato más anti-estadounidense. Ha tratado de
atemorizar diciendo que el fin del TLCAN tendrá impacto negativo sobre temas no
comerciales como la cooperación en materia de seguridad y la lucha al narco.
En
entrevista con la revista Forbes (inglés), Trump dijo que la única forma de
tener un “buen” convenio es matándolo. La víspera de cada ronda negociadora,
lanza mensajes por Twitter amagando con darle el tiro de gracia. Hay un refrán
que dice que no hay que tomar rehenes si no estás dispuesto a matarlos.
Para justificar la opción nuclear, Estados Unidos endureció su posición. Con anticipación a la cuarta
ronda, introdujo una serie de píldoras de cianuro diseñadas no a reparar sino a
envenenar. Entre estas destacan
elevar las reglas de origen para los autos exportados por México; eliminar el
artículo 19 sobre resolución de controversias; limitar el número de contratos
del gobierno federal que puedan ganar empresas privadas de México y Canadá y
homogenizar estándares laborales para cerrar la brecha salarial.
No he sido
fan del TLCAN. Carlos Salinas de Gortari mintió. No fue el boleto sin retorno
al primer mundo. Sus resultados han sido mixtos. Algunas industrias y regiones
se han beneficiado y otras han desaparecido. Generó un boom en el sector
exportador, pero trajo miseria al campo y desplazó a productores nacionales. Expandió a la clase media, pero también a
los multimillonarios de Forbes.
Con todo, coincido con quienes dicen que su fin producirá
trastornos en el corto plazo. Canadá y México son el primer y tercer mercado de
las exportaciones estadounidenses. Algunos pronostican una nueva recesión en
Estados Unidos y el derrumbe del peso. Videgaray
ya empezó a preparar el terreno. Dice que no sería el fin del mundo. México es
mucho más grande que el TLCAN. Control de daños. El fracaso del TLCAN será otro de sus fracasos.
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