El Banco de
México cambiará de titular el próximo 30 de noviembre, cuando su gobernador,
Agustín Carstens, deje el cargo para ir a dirigir el Banco de Pagos
Internacionales en Suiza.
A dos semanas de que Carstens se
marche, los mexicanos aún no conocen quién será su sucesor, pero sí los
resultados que ha dejado en términos de los indicadores que el banco central
tiene bajo su responsabilidad y que han sufrido cambios radicales a lo largo de
siete años de gestión del aún gobernador.
De acuerdo
con el propio Banco de México, su misión principal es preservar el valor de la
moneda nacional a lo largo del tiempo y, de esta forma, contribuir a mejorar el
bienestar económico de los mexicanos.
INFLACIÓN.
El Banco de México tiene como
objetivo una inflación del 3.0 por ciento con un margen de flexibilidad de un
punto porcentual hacia arriba o hacia abajo, con lo cual, una inflación de
entre 2.0 por ciento y 4.0 por ciento se considera “dentro del objetivo”. Agustín Carstens recibió el cargo en
2010 con una inflación ligeramente por arriba de la meta, 4.5 por ciento.
Banxico logró que el Índice Nacional de Precios y Cotizaciones se mantuviera
por debajo de ese nivel durante cuatro años consecutivos, y a partir de 2014,
con la llegada de las reformas estructurales, los precios bajaron a niveles
récord. Particularmente la reforma en telecomunicaciones consiguió abrir el
mercado a la competencia y por ende disminuir las tarifas a los consumidores, con
lo cual el INPC alcanzó niveles cercanos al 2 por ciento entre 2015 y 2016.
La historia cambió a partir del
“gasolinazo”, el alza de los precios de los combustibles que se dio el 1 de
enero de 2017, de cerca de un 20 por ciento, que hizo subir los precios de los
productos y servicios de manera generalizada. También ha contribuido la depreciación que ha sufrido
el peso frente al dólar de manera constante a partir de la victoria de Donald
Trump en Estados Unidos, con la divisa mexicana como principal receptor del
nerviosismo de los mercados ante la retórica del mandatario estadounidense. Desde que comenzó este año, la inflación se
ha disparado por arriba del 6.0 por ciento. Carstens se irá de Banxico con la
inflación más alta en 16 años.
TASAS DE
INTERÉS.
La tasa de interés de referencia es
la tasa a la que presta el banco central. Cuando Agustín Carstens tomó el
control de Banxico, ésta se encontraba en 4.5 por ciento. Entre 2010 y mediados de 2014, el
banco central se ocupó de bajar gradualmente el costo del dinero para estimular
la economía, permitiendo que se consumiera a un menor costo, dado que el
crecimiento de económico estaba estancado (el PIB pasó de crecer un 5.5 por
ciento en 2010 a un 1.4 por ciento en 2013). Durante ese periodo, Estados
Unidos conservaba tasas de interés cercanas a cero, una política monetaria
implementada tras la crisis financiera y con el mismo objetivo de estimular la
economía. La diferencia entre la tasa estadounidense y la mexicana permitía que
invertir y traer capitales al sur del Río Bravo aún fuera más atractivo que
llevarlos al vecino país del norte.
Pero la
Reserva Federal inició a finales de 2015 la normalización de su tasa de interés
y comenzó a elevarla paulatinamente, con lo cual se incrementó el atractivo de
Estados Unidos y Banxico se vio en la necesidad de pagar cada vez más por el
ahorro en México.
El ritmo al
que se ha elevado el costo del dinero en México se ha ido acelerando con la
suma de la política monetaria de Estados Unidos, el factor Trump y una
inflación por arriba de la meta y la incertidumbre sobre el resultado de la
renegociación del TLCAN. Carstens dejará
Banxico con las tasas de interés más altas desde 2009.
RESERVAS
INTERNACIONALES.
Las reservas internacionales son las
divisas y el oro que está en propiedad del Banco de México y sirven para
convertirse en medios de pago en caso de que sea necesario, por lo que se
contabilizan en dólares.
El 2015 fue
un buen año para las reservas internacionales, pues alcanzaron máximos
históricos de más de 195 mil millones de dólares. Pero la incertidumbre en la
elección presidencial de Estados Unidos convirtió al peso en un “termómetro” de
los temores que había en el mercado de que Trump llegara a la presidencia.
Progresivamente la moneda nacional fue perdiendo valor frente al dólar y el
banco central se vio obligado a inyectar dólares al mercado para que la
depreciación del peso no fuera mayor. En los días posteriores a la victoria de
Trump el peso tocó los 21.05 por dólar al mayoreo y en las fechas cercanas a su
toma de posesión escaló hasta los 22.
Proporcionalmente, las reservas
internacionales han sufrido un deterioro que corresponde al uso de este capital
por parte del Banco para normalizar el intercambio de divisas en nuestro país
de cara a la volatilidad y a la especulación.
A ello se
suma el hecho de que Petróleos Mexicanos, uno de los principales captadores de
dólares que tiene el país por medio de la venta de crudo, ha disminuido
drásticamente su producción, además de operar en un entorno de precios bajos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.