Gabriel Sosa
Plata.
Es un secreto a voces el pago ilegal
de cobertura informativa en procesos electorales y en tiempos de “normalidad”,
pero cuando se presentan testimonios y datos que confirman la existencia de tan
funesta práctica se entienden las incomprensibles o parciales agendas
editoriales de decenas de medios de comunicación en México.
Las expresiones de apoyo o de crítica
hacia candidatas o candidatos no son, en consecuencia, en diversas ocasiones,
producto de una opinión periodística responsable o de una posición política
auténtica, sino producto del dinero. Además de violarse la ley, se transgreden
los más elementales principios éticos del periodismo y los derechos de las
audiencias.
Por eso, el
estudio que se presentó la semana pasada “Dinero bajo la mesa. Financiamiento y
gasto ilegal de las campañas políticas en México”, coordinado por María Amparo
Casar y Luis Carlos Ugalde, es
devastador en un país que busca consolidar su democracia, pero también nos
ayuda a comprender las lógicas editoriales en torno de las elecciones de este
año y de anteriores procesos electorales.
En el
informe (auspiciado por Mexicanos contra la Corrupción e Integralia
Consultores) se advierte, sin medias
tintas, que “después del clientelismo, el pago de cobertura informativa es uno
de los rubros donde más gastan las campañas siempre de forma ilegal, porque se
trata de un gasto prohibido por ley”. Se detalla que con frecuencia “el pago a
medios de comunicación es en efectivo o mediante triangulaciones” y que “buena
parte de estos pagos se realiza con fondos ilegales públicos y privados”.
Sí, dinero en efectivo (de nuestros
impuestos, en muchas ocasiones) que se entrega a dueños, directivos y
periodistas de medios de comunicación para una entrevista, un comentario, una
nota informativa, una crónica o un reportaje a modo, parcial. Un periodismo que
se vende al mejor postor, con noticias convertidas en mercancías. “No hubo (en
su medio) un solo candidato que fuera entrevistado sin que se hubiese cobrado”, dijo un periodista a los autores del
estudio.
Por supuesto
esto no ocurre en todos los casos; hay modalidades. Dice el informe: “Hay grandes acuerdos entre medios y
candidatos grandes, en particular los presidenciales, pero señalan (las
fuentes) no necesariamente son económicos en un sentido de intercambio
monetario inmediato, sino que son convenios políticos y de favores cruzados. Un
entrevistado resumió esta lógica como ‘¿yo para qué quiero pagarte todo ahorita
si vamos a estar seis años juntos?’”.
En el ámbito
periodístico a las notas que se venden se les conoce como “de debe”, es decir, que debe difundirse porque detrás
se encuentra un cliente, que puede ser el candidato, el partido político o el
amigo empresario del político. Las cuatro áreas para materializar estas
“mercancías” son portales internet (de periódicos o periodistas), los medios
impresos, los noticiarios radiofónicos y los programas de variedad o
espectáculos, según el informe.
Por ejemplo,
en el caso de los medios impresos, este
pago se puede identificar como “nado sincronizado”. Se trata, dice el estudio,
“de cobertura simultánea de ciertas notas y posiciones en las primeras planas o
en algunas columnas de opinión”. Agrego que en el caso del sector de
telecomunicaciones, que conozco con más detalle, esta práctica de “nado
sincronizado” también es frecuente, aunque no necesariamente está vinculada con
el pago en efectivo, sino con otro tipo de intereses o favores.
RADIOS
HABLADAS, BUEN NEGOCIO.
En cuanto a
la radio, un entrevistado dijo a los autores del informe que “el gran negocio en este país es tener una
radio hablada y vender audiencia”. ¿Y cómo es posible este fenómeno si las
radios habladas son menos escuchadas que las emisoras musicales y cuesta
muchísimo más su operación? Pues, justo, porque de ahí se obtienen recursos
legales (publicidad gubernamental y comercial) e ilegales (dinero en efectivo,
por debajo de la mesa) que no se logran tener con las radiodifusoras musicales.
“La forma
más evidente de materializar este intercambio es mediante entrevistas a
políticos”, incluso de aquellos que poco aportan al debate o cuya opinión sea
irrelevante en un determinado contexto. Lo importante es que la audiencia los
vaya conociendo para fortalecer su imagen pública. El informe recupera el
testimonio de un locutor sobre otra modalidad que, se lo confieso, no pensé que
ocurriese:
“Tú puedes mencionar los mismos
tiempos a dos candidatos; el tema es cómo los mencionas. El INE se limita a
decir si es favorable, desfavorable o neutral. Entonces es fácilmente
manipulable porque tú puedes tener presencia de los candidatos con reportes de
los más asépticos para estar registrando permanentemente las cosas, pero el
cómo se escucha el audio, cómo se produce, qué énfasis pones, etc., tiene que
ver con la imagen que proyectas del candidato”.
Lo anterior explica los comentarios, insultos,
calificativos diversos sobre los candidatos que aparecen en los monitoreos de
los noticiarios de radio, que la UNAM realiza para el INE. Una muestra de
dichas expresiones, las presentamos en la colaboración que publicamos la semana
pasada en Sin Embargo. Es muy probable que no todo lo que se dice sea producto
de un pago, pero en ocasiones es tan incomprensible, tan alejado de la ética el
sesgo, que quizás en esos casos sí exista el incentivo económico ¿qué más podría
justificar el encono hacia un político, aun cuando el periodista asegura ser
“imparcial”?
El informe no entra en el detalle de quiénes controlan
o son propietarios de las estaciones de radio. Es una ausencia notable, ya que
detrás de muchas de estas emisoras hay funcionarios y exfuncionarios públicos,
políticos en activo, que sin rubor también utilizan sus medios para apoyar o
denostar a candidatos o partidos políticos. Es muy probable que no todos vendan
cobertura informativa, pero en la práctica es una adquisición de un tercero o
un regalo del radiodifusor -como se le quiera ver- en beneficio de un actor
político.
Un hecho relacionado que tampoco
puede dejarse de lado es lo que sucedió con la licitación de frecuencias de
radio a la que convocó el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) el año
pasado. Como detallamos en Sin Embargo (5 y 12 de diciembre 2017), algunos de
los ganadores de las frecuencias son políticos o están ligados a grupos
empresariales que tienen como accionistas… a políticos o expolíticos. Este
fenómeno es más claro en algunas entidades, en donde los cacicazgos
político-empresariales son más fuertes.
EL
ESPECTÁCULO AL SERVICIO DE LA POLÍTICA.
En la última
parte del informe se detalla que hay un
amplio catálogo de programas dedicados a temas de la mujer, deportes, moda,
humor, etc. “los cuales suelen echar mano de las estrategias antes descritas
para vender influencia a un candidato o partido, como la emisión de una opinión
sesgada hacia alguien o la realización de entrevistas, que usualmente escapan
de seguimiento informativo”.
Programas de
espectáculos también se ponen así al
servicio de la política, con dinero en efectivo. Otro engaño a las audiencias.
Para lograrlo, algunos medios se apoyan en empresarios que apoyan a ciertos candidatos
o partidos. Estos empresarios pagan por anunciar sus productos o servicios en
alguno de esos programas con una tarifa más alta, pero por debajo de la mesa
compran cobertura informativa favorable a ciertos políticos. “La diferencia es
el financiamiento ilegal triangulado, que queda en manos del medio para operar
el paquete acordado con el candidato”. Por supuesto, de esta última operación,
no queda ningún registro.
El informe concluye que hay una
relación de dependencia mutua que, además, permanece oculta en las
contabilidades de ambas partes y cuyas reglas no son democráticas ni
transparentes”. Una pregunta que queda en el aire: además de dinero público y
de empresas legalmente establecidas ¿habría otras fuentes de financiamiento
ilegal?
En cualquier
caso, esa relación o colusión lleva a
que se violen los principios éticos del periodismo, los derechos de las
audiencias y la Constitución. Recuérdese que ética y legalmente está prohibida
la propaganda o publicidad presentada como información periodística o
noticiosa.
Al leer el
informe de Mexicanos contra la Corrupción e Integralia Consultores se confirma la razón por la que el gobierno
federal, la mayoría priista y sus partidos satélites en el Congreso y diversos
medios promovieron la contrarreforma en derechos de las audiencias.
Paralelamente confirma la necesidad de la existencia de medios públicos (no
gubernamentales), comunitarios e indígenas, así como de portales periodísticos
independientes de esa relación de dinero ilegal que tanto daño le ha hecho al
periodismo, al derecho a la información y a la democracia.
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