El título del nuevo
libro del analista Alfonso Zárate es contunde y no admite duda. Gobierno
fallido (Temas de Hoy), es un ensayo donde analiza el saldo del sexenio de
Enrique Peña Nieto.
Zárate ha padecido la
delincuencia en carne propia y en más de una ocasión. Sin vacilar, comenta que
la presente administración ha sido incapaz de replegar al crimen organizado y
advierte, que para conseguirlo, el próximo presidente deberá ofrecer una
respuesta sistémica que ubique implique a todos los sectores de la sociedad.
¿Cómo fue que llegamos
a un gobierno fallido?
El contexto histórico
es necesario para comprender el estado de las cosas. El antecedente son los dos
sexenios del Partido Acción Nacional. La frivolidad y los malos resultados de
Vicente Fox generaron mucha frustración entre la gente. Su desconocimiento del
sistema político y jurídico lo llevó a una serie de trivializaciones. Si a esto
sumamos la administración de Felipe Calderón, podemos decir que ambos
pavimentaron el regreso del PRI.
Cuando explica el desarrollo del PRI ¿por qué seguir poniendo
énfasis en el Grupo Atlacomulco?
Me interesa recuperar
la tesis del doctor Rogelio Hernández, quien explora los orígenes del Grupo
Atlacomulco. En 1942, después de un banquete que ofrece el gobernador Alfredo
Zárate Albarrán a magistrados del Tribunal Superior de Justicia y a ministros
de la Corte, el líder del Congreso Fernando Ortiz Rubio se acerca al gobernador
y le dispara. El mandatario muere a los pocos días y el presidente Ávila
Camacho decide que ya es hora de introducir un cambio a esa clase política
agreste. Decide traer a Isidro Fabela para gobernar el Edomex. Fabela aporta formas
que van de la formalidad en vestimenta hasta las peores formas del uso del
poder. Por eso es importante traer a colación la manera en que Arturo Montiel
impuso a su golden boy, Enrique Peña Nieto. El PRI ha tenido como uno de sus
rasgos importantes la capacidad de inclusión, sin embargo, la cofradía
mexiquense se caracteriza por la exclusión de lo que no es idéntico a sí
mismos. En consecuencia, Peña integró un
equipo mediano donde prevalecía el paisanaje.
Aunque al principio de la administración de Peña Nieto se habló
del “mexican moment”.
Al principio mostró
señales de saber hacer las cosas. El Pacto por México pareció un aviso de que
podían y sabían construir acuerdos. Medios internacionales le otorgaron sus
portadas a Peña Nieto, pero fue algo efímero. Pronto aparecieron los casos de
tráfico de influencias: la Casa Blanca, la casa de descanso de Luis Videgaray y
más ejemplos de lo que en realidad fue este gobierno. Reprodujeron las
prácticas prevalecientes en el Estado de México. La cofradía mexiquense
reprodujo sus arreglos en escala nacional. Vimos sucesos todavía más dramáticos
como la noche de Iguala, misma que registró la descomposición del gobierno. Si
quisiéramos identificar los temas más sensibles para la sociedad en primer
lugar tendría que estar la violencia. El candidato Peña nos ofreció un México
en paz. Propuso una estrategia cuyo
propósito era desenraizar a la delincuencia, pero tenemos lo contrario. El
gobierno ha sido incapaz de replegar al crimen.
Tras el fallo de un
tribunal para determinar la creación de una Comisión de la verdad para el caso
Ayotzinapa, se desmontó la llamada “verdad histórica”. El nuevo rumbo de las
investigaciones ¿qué refleja del sistema de justicia mexicano?
Los hechos de
Ayotzinapa muestran la degradación de los sistemas de procuración y
administración de justicia en este país. Todo tiene relación con la corrupción
y la impunidad. Sólo tres de cada cien denuncias terminan en sentencias
condenatorias, es decir la impunidad alcanza niveles monstruosos. En lo
personal, durante los últimos años he padecido asalto a mano armada, robos en
mi oficina y en mi domicilio. La última vez no presenté denuncia porque me pareció pura
simulación y pérdida de tiempo.
¿Diría que estos ataques son consecuencia de sus artículos
periodísticos?
Tal vez los primeros
encuentran su origen en la inseguridad a la que estamos expuestos todos, pero
en el último robo a mi oficina ocurrido hace año y medio, hubo al menos dos
datos de llamar la atención. Los delincuentes, entraron por la ventana de uno
de mis colegas, se activó la alarma y se marcharon. A los diez días regresaron
por la puerta principal, una vez más se activó la alarma y se fueron. Al
undécimo día regresaron, entraron por la ventana del baño de mi oficina. Se
llevaron únicamente mi computadora y mis chequeras. Ahí sí percibí algo muy
extraño. Me tocó hacer el trabajo de la Procuraduría de Justicia de la ciudad
de México y no pasó nada. En el capítulo
de seguridad están las peores cuentas del gobierno. A esto habría que sumar el
desempeño económico.
Quienes defienden la política económica dirán que el
estancamiento obedece a los precios internacionales del petróleo y al efecto
Trump.
Como candidato Peña
prometió que para estas fechas estaríamos creciendo al menos al seis por ciento
y nada más alejado de la realidad. Podrán decir que las reformas estructurales
tardan en madurar, pero debieron calcularlo. Prometieron que la reforma
energética iba a llenar las arcas públicas y que con eso íbamos a emprender
proyectos de infraestructura, salud y educación. Nuevamente tuvimos un
crecimiento mediocre. Quienes defienden esta política no se dan cuenta de que
cada año más de novecientos mil jóvenes se incorporan a la población económicamente
activa, de los cuales, según cifras oficiales, apenas seiscientos mil
encuentran trabajo. Hay trescientos mil muchachos al sin opción laboral.
Durante el sexenio dos millones de jóvenes se quedaron sin oportunidad y
encontraron respuesta en la solidaridad familiar, el comercio informal, la
migración y el sicariato.
Usted habla de gobierno fallido, pero hay quienes hablan de
un Estado fallido.
Prefiero hablar de
gobierno fallido. El Estado fallido es más dramático y es un estatus que espero
no alcancemos.
Sin embargo, a lo largo de este proceso electoral tenemos más
de cien candidatos asesinados o desaparecidos.
Llevamos varios
gobiernos incapaces de entender la complejidad del desafío de la inseguridad.
Desde hace décadas se sabe de la presencia de narcotraficantes, muchos de ellos
convivían con las comunidades mediante una relación de respeto mutuo. El
fenómeno cambió a partir de que Oziel Cárdenas Guillén, líder del Cártel del
Golfo, recluta a exmilitares como su brazo armado. Así surgieron los Zetas y
pronto el fenómeno generó metástasis. Hoy, el desafío de la inseguridad reclama
una respuesta que abarca a todo el Estado. Se necesita una respuesta sistémica
que involucre a todo el gobierno, a las universidades y a la sociedad.
¿Pero no es un error
mantener la estrategia de la militarización en lugar de perseguir las cuentas y
el dinero de los criminales?
Cierto. A la Unidad de
Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda habría que pedirle esa
información. Es increíble la omisión de las autoridades hacendarias, me
pregunto si su silencio no obedece al miedo de los tecnócratas. La estrategia
de seguridad debe tocar el tema del dinero, es clave. Sin embargo, si no
generamos condiciones de bienestar entre más mexicanos no podremos salir de esta
espiral de inseguridad.
En el libro plantea un escenario distinto para el país según
el candidato que gane. No obstante, a menos de un mes de las elecciones parece
que hay una tendencia clara sobre un probable triunfo de Andrés Manuel López
Obrador.
Si en verdad las urnas
confirman el triunfo de López Obrador veremos con cuál de sus facetas va a
gobernar. ¿Será el mesías o redentor que ofrece soluciones mágicas? ¿Será el
político pragmático que gobernó la ciudad de México con sensatez? ¿Veremos una versión
intermedia intermedio, como la que plantea Gerardo Esquivel y que ofrece cuidar
la macroeconomía y a la vez combatir la corrupción? Las claves en todo caso las
encontraremos en cómo gane y el tipo de discurso que dé en su toma de posesión.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.