Sanjuana
Martínez.
La época
electoral es ideal para dejar a un lado las máscaras. Es en este momento cuando
conocemos bien a los actores sociales para ubicar sus verdaderos propósitos en
la vida.
Los últimos en quitarse la careta han
sido un importante grupo de magnates mexicanos acostumbrados a controlar el
destino de México. Sus inmensas fortunas hablan por ellos.
Ellos son los dueños de México. Han
amasado sus fortunas sin límite alguno, bajo un sistema de explotación de los
trabajadores. Han secuestrado al gobierno. Son ellos los que mandan por encima
de las instituciones. Son ellos los que quieren seguir mangoneando nuestro país.
Son ellos, los responsables del empobrecimiento acelerado de millones de
mexicanos. Son ellos los causantes de que existan 70 millones de pobres. Y
obviamente no les conviene un cambio.
Frente a la
atenta mirada del Instituto Nacional Electoral (INE) dirigido por el Lorenzo
Córdova Vianello, estos magnates,
enemigos del pueblo de México, violan la ley electoral sin que ninguna
autoridad los sancione. Y se han dado a la tarea de inducir el voto,
“invitando” o mejor dicho, coaccionando a sus empleados a no votar por el
“populismo” o por quién ellos consideran “populista”, Andrés Manuel López
Obrador AMLO.
Dejando a un
lado su habitual perfil bajo, empresarios multimillonarios como Germán Larrea,
dueño del Grupo México, un conglomerado con 80 años de antigüedad que se ha
distinguido como un auténtico depredador en la minería, transportes e
infraestructura. A Germán Larrea, el segundo rico de México, después de Carlos
Slim, no les interesan los ciudadanos,
les interesa seguir incrementando su inmensa fortuna, calculada en 17 mil 300
millones de dólares. Es el rico número 72 a nivel mundial.
La suerte le favorece desde el
gobierno de Carlos Salinas de Gortari cuando de manera voraz empezó a extender
su imperio. Desde entonces y hasta el actual gobierno priista de Enrique Peña
Nieto, Larrea ha obtenido 333 concesiones hasta el año 2063 en los ámbitos de
minería, trenes y por supuesto, energía. Sus mayores “negocitos” los ha hecho
con los panistas, claro está, con Vicente Fox obtuvo 124 concesiones y con
Felipe Calderón, 125; mientras que el actual gobierno solo le entregó ocho.
Entre sus jugosos negocios, están las minas que derramaron químicos en Sonora o
que dejaron bajo tierra a 65 mineros en Pasta de Conchos en Nueva Rosita,
Coahuila. Larrea de 76 años, sin misericordia alguna, declaró que era muy caro
sacar sus cuerpos y le negó a sus familias su derecho a una digna sepultura,
derecho que casi 20 años después siguen peleando.
Larrea es un depredador capaz de
pagar a sus trabajadores mineros 900 pesos a la semana a cambio de extraer
varias toneladas de carbón arriesgando su propia vida.
Los ínfimos salarios establecidos
para la conveniencia de esta minoría rapaz de magnates les han servido para
enriquecerse a manos llenas.
El tercer
hombre más rico de México, Alberto Baillères, dueño del Palacio de Hierro y de
un poderoso Grupo Bal, un conglomerado de empresas entre las que se encuentran
Petrobal, GNP, aforé Profuturo, Casa de Bolsa Valmex y Peñoles, igualmente se suma a la campaña del voto
contra AMLO e invita a sus empleados, a los que mata de hambre con el mínimo de
mil 800 pesos al mes, que no voten por el “populismo”.
Baillères posee una fortuna de 10.8
mil millones de dólares, pero le parece poco y quiere más y los dos gobiernos
panistas le ayudaron a incrementar sus riquezas. Fox y Calderón le otorgaron
concesiones para explotar casi dos millones de hectáreas.
Sin pudor
alguno, el tercer hombre más rico de
México “invitó” a sus empleados a votar por el candidato que tenga la mayor
probabilidad de vencer a AMLO. Y amenazó: “es la mejor oportunidad que tenemos
de preservar el sistema económico que nos permite emplearlos”.
El dueño del Palacio de Hierro
obviamente no conoce la vergüenza. ¿Por qué no dice que quiere que gane Ricardo
Anaya para seguir gozando de otros cuantos millones de hectáreas de territorio
minero y así aumentar de manera obscena su fortuna bajo el sufrimiento de sus
trabajadores?
Antes que
Larrea y Baillères, está el magnate de
magnates, el hombre más rico de México y quien amasó su fortuna gracias a los
negocios bajo el amparo del poder político cuando Carlos Salinas le vendió a
precio de ganga Teléfonos de México. Obviamente, este magnate que también paga el salario mínimo a una parte de sus
trabajadores también prefiere aumentar sus riquezas preservando las cosas como
están y con los gobiernos del PRIAN con los que ha obtenido jugosas ganancias.
Slim ve peligrar sus “negocitos” como el nuevo aeropuerto si llega a la
presidencia Andrés Manuel López Obrador.
A ellos, se
unen los multimillonarios dueños de Femsa, Herdez, Vasconia y otras grandes
empresas. El último en sumarse a la lista de los magnates enemigos de México
es, Sergio Argüelles González, dueño de Finsa, quien pide a sus empleados razonar su voto y les habla de las bondades
del actual gobierno priista de Peña Nieto, sí, aunque usted no lo crea, este
magnate encontró los “beneficios” que supuestamente hemos recibido de este
desastroso gobierno.
Espero que los empleados de estos
magnates ignoren la atenta “invitación” de sus patronos y mediten su voto con
total libertad y sin dejarse engañar o coaccionar para mantener su empleo.
Espero que estos trabajadores
escuchen estas platicas, pero el 1 de julio, emitan su voto por el candidato
que les dé la gana, el candidato que represente un cambio y una oportunidad de
mejorar su nivel de vida y el de sus familias. Y espero que antes de aceptar
las mentiras que dicen sus patrones sobre el “populismo”, primero se informen
de qué manera estos magnates hicieron sus inmensas fortunas al amparo del poder
político.
A México le urge un presidente con el
suficiente valor de separar los negocios privados del gobierno. Un presidente
que ponga distancia entre los empresarios y las instituciones para que no haya
posibilidad de corrupción ni clientelismo. Detrás de un funcionario corrupto,
un líder sindical charro, siempre hay un empresario corruptor y charro.
La próxima vez que veas el rostro de
estos magnates, de estos multimillonarios indolentes, identifica la avaricia en
sus ojos, la mezquindad en su mirada, la codicia en sus palabras, la ambición
desmedida en sus deseos, la tacañería en sus acciones, la ruindad en su visión
de negocio, la avidez sin límites en la acumulación de su riqueza y el egoísmo
mortífero de todo su ser que nos mantiene en un país que se cae a pedazos
frente a sus inmensas torres de marfil.
Y el 1 de julio vota, vota por sobre todas
las cosas, vota contra viento y marea, vota y recuerda: el voto es libre y
secreto.
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