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Político.
Los niveles de impunidad en el delito
de homicidio en México —94.8% o de casos no resueltos— pueden revertirse, no es
una tarea imposible, dijeron expertos en justicia penal y seguridad.
Pero para ello se necesita desde
romper con la poca o nula independencia de las instituciones, hasta fortalecer
cuestiones operativas de capacitación, investigación y acceso a recursos.
Para Ernesto
López Portillo, especialista en temas de seguridad y justicia, “las procuradurías y las policías son
brazos políticos que se protegen a sí mismas, que generan clientelas que pasan
por generaciones controlando la propia institución”, es decir, “son espacios
secuestrados por poderes de facto, por grupos de poder que imponen sus reglas e
intereses por encima del mandato legal”.
Especialistas
consultados coinciden en que los
siguientes puntos para combatir la impunidad en el país. Romper con la captura
de las instituciones de seguridad y procuración de justicia.
El nivel de descomposición mostrado
en el reportaje #MatarEnMéxico, dice López Portillo, obliga a romper con “el
monopolio y el control operativo” que se tiene sobre las instituciones.
Ana Laura
Magaloni, académica del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), considera urgente que se trabaje en la
reforma de las procuradurías para darles autonomía real de actuación y así se
puedan enfocar en desarrollar sus técnicas de investigación. El problema es que
en muchos estados aún se prioriza el uso de procuradurías con fines políticos,
económicos o personales.
“Seguimos enfrentándonos con la idea
de que esta institución (la procuraduría) sirve más como una herramienta de
control político, para amenazar a tus enemigos. Para aplicar selectivamente la
ley. Y bueno si seguimos queriendo a las procuradurías para eso, no nos va a
servir para resolver homicidios. Para resolver homicidios necesitamos que la
institución se independice de los intereses económicos y políticos. No pueden
servir al poder y a los ciudadanos a la vez” dice.
Francisco
Rivas, director General del Observatorio Nacional Ciudadano de Seguridad,
Justicia y Legalidad, señaló urgente
trabajar en la independencia de las fiscalías, pues existe en el papel y no en
la realidad. Crear contrapesos
eficientes para las consecuencias del mal y del buen servicio público.
López
Portillo explica que esta tarea implica
el rediseño de las reglas formales de rendición de cuentas y la transformación
de las prácticas cotidianas de trabajo. “Tenemos que habilitar sistemas de
consecuencias, sistemas que garanticen las consecuencias para el buen y mal
desempeño. Si no rehabilitamos los contrapesos para las consecuencias, no
saldremos del hoyo”.
Lo contrapesos tendrán que venir de
los tres poderes y de la sociedad civil. Del Congreso, tanto federal como
locales, en cuanto a la generación de leyes y contralorías; del Ejecutivo,
cuyos controles internos no funcionan, menos entre las instituciones que lo
conforman; y del Poder Judicial, contener la tortura, malos tratos, corrupción,
a través de investigaciones y sanciones.
Y el contrapeso quizá más importante
es el de la sociedad civil. López Portillo afirma que la vigilancia ciudadana
no servirá si no tiene poderes legales. En ese sentido recuerda que, desde el
sexenio de Felipe Calderón, la sociedad civil entregó una propuesta de reforma
al Senado en la que se pedía ser auditor externo de las policías federales y
otra para dar voz y voto a los representantes ciudadanos que integran el
Consejo Nacional de Seguridad Pública.
“Desde Calderón propusimos incluir
ciudadanos con poderes de forzar la rendición de cuentas en el Consejo Nacional
de Seguridad Pública y no lo hemos logrado; desde Caderón propusimos reformas
al Sistema Nacional de Seguridad Pública para que los ciudadanos tuvieran
poderes legales y se negaron”.
“En síntesis, el problema es un
sistema de consecuencias colapsado, la solución es reactivar los sistemas de
consecuencias que aseguren las consecuencias del buen y mal desempeño a través
de sistemas combinados, institucionales y sociales, del propio poder público
con un actor fundamental que debería ser el Congreso y del otro lado con
sociedad civil empoderada con poderes legales”.
En este
sentido, Magaloni considera que una
institución independiente también puede generar con claridad sus propias reglas
de operación, servicio de carrera, premios y castigos. Voluntad para esclarecer el homicidio, una política de persecución
penal orientada a erradicar la impunidad.
Magaloni y
Layda Negrete, investigadora del World Justice Project y autora del documental
Presunto Culpable, parten de la idea de
que se debe buscar esclarecer un homicidio, algo que, aunque parezca obvio, en
la práctica no lo es.
Si bien,
explica Magaloni, en la mayoría de las ocasiones los asesinatos no tienen a un
culpable en flagrancia como pasa muchas veces con un robo, tampoco se trata del
delito más complejo de resolución. En el mundo se han desarrollado experiencias
muy exitosas para esclarecer homicidios.
“El homicidio sí es un delito que se
resuelve en muchas partes del mundo. Hay técnicas reales y efectivas para
recabar evidencia, como sacar hipótesis, etc. Lo que se necesita es quererlo
hacer. México no tendría que ser un país con esta tasa de impunidad. El
homicidio no es el delito más difícil de resolver, si tiene su complejidad,
pero se puede y hay experiencias exitosas. Solo hay que querer hacerlo”, dice Magaloni.
Negrete subraya que es un tema de voluntad política
que implica reconocer el nivel de crisis en el que estamos y querer
solucionarlo. No plantear acciones “efectistas”, como comprar un montón de
patrullas o lanzar equis operativa, sino construir una política de corto a
largo plazo cuyo objetivo sea reducir la impunidad del homicidio.
Para ello hay que abandonar ideas
como “el solo se matan entre delincuentes” y valorar a las víctimas, aunque
sean de los estratos más bajos.
“Hay que empezar por querer. Hoy no
es una prioridad. Se cree que el problema es solo técnico y que necesitamos más
capacitación, laboratorios y si bien son cosas que faltan esto pasa porque no
hay una condición previa que es querer tener esto. Una solución. El problema de
origen no es técnico sino político. Hay que tener la visión de atender esto que
es una epidemia y que esas es la proporción que hay que darle y así tratarlo”.
Entender los
homicidios, no solo “resolverlos”.
Layda
Negrete opina que hay que entender los
homicidios, Identificar patrones, usar herramientas como la georreferenciación
de los casos para registrar conductas y así poder prevenirlos.
“Es analizar los homicidios y el
crimen en general con sus patrones y sus contextos, esto es parte de una
solución técnica posterior y para ello hay personas muy talentosas que saben de
esto”, dice Layda
Negrete.
Magaloni plantea que se debe entender por qué se
mata la gente y cuáles son los distintos tipos de homicidio, y así generar
también estrategias de prevención.
“Si se hace esto no nos lleva tanto
tiempo darle la vuelta al fenómeno, no es una cosa que haya que esperar 10
años. Una institución sólida con equipos especializados puede arrojar
resultados rápidos en materia de homicidio” dice.
Francisco
Rivas señala que existe un Estado
insuficiente en los recursos humanos y materiales para investigar y solucionar
los crímenes; además de insuficientes incentivos, supervisión, nula carrera
ministerial o policía, así como independencia de las instituciones. Así que la
tarea por delante es vastísima. Pero, considera Rivas, se debe comenzar por
transformar la política hacia la prevención más que hacia la reacción.
Guillermo
Zepeda, académico y director de Jurimetría, así como autor de los informes
Impunidad Cero, habla sobre cuestiones operativas que van desde blindar a las
instituciones de la incursión del crimen, a la capacitación.
1. Proteger y depurar las
instituciones.
Zepeda dice que las instituciones
deben ser blindadas de los riesgos externos e internos, es decir, protegerlas
de la incursión del crimen y depurarlas de funcionarios corruptos.
2. Crear modelos de investigación
modernos y equipados.
Es necesario, dice Zepeda,que las
instituciones se doten de equipos, personal capacitado con servicio profesional
de carrera, con modelos y unidades de investigación que permitan ir eliminando
el rezago.
En este
sentido coincide la propuesta de
Magaloni sobre desarrollar equipos especializados en homicidios que atiendan y
entiendan el fenómeno.
La académica
del CIDE subraya que las primeras 48 horas de un homicidio son claves por las
pistas que se pueden obtener de la escena del crimen, por los datos que
testigos puedan aportar sobre el hecho antes de que se les olvide, y por las
hipótesis iniciales que rápidamente se logran establecer.
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