Sin contar
los últimos 30 días de la administración de Enrique Peña Nieto, el Gobierno Federal emanado del Partido
Revolucionario Institucional (PRI) superó el número de ejecutados que se
contabilizaron en el sexenio anterior, encabezado por el panista Felipe
Calderón Hinojosa, quien declaró la guerra al narcotráfico y comenzó con las
históricas cifras de asesinatos violentos.
Del primero de diciembre de 2012, día
en que Peña tomó posesión como Presidente de la República, al 31 de octubre de
2018 -a un mes de
concluir su mandato-, en el país se han
registrado 150 mil 992 muertes violentas, la mayoría vinculadas al crimen
organizado.
Prácticamente
año tras año los homicidios dolosos
fueron aumentando durante la administración que termina. Tan sólo en 2017 (2018
no ha concluido) la cifra llegó a abatir cualquier registro de los últimos años
con 32 mil 79 víctimas de homicidios dolosos.
Académicos y
expertos en el tema de seguridad
coinciden en que la estrategia de Peña Nieto en materia de combate a la
violencia y al crimen organizado fracasó rotundamente, a pesar de que se
capturó a líderes del narcotráfico, por ejemplo a Joaquín “El Chapo” Guzmán
Loera. Sin embargo, las capturas de las cabezas criminales acentuaron aún más
las muertes en el país.
Asimismo, conforme fue avanzando la administración
federal, la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) fue
consolidándose en gran parte del país hasta llegar a tener presencia en 22 de
32 estados, y con ello los niveles de violencia fueron aumentando.
Este es el total de homicidios por
entidades de la República, del 1 de diciembre de 2012 al 31 de octubre de 2018,
30 días antes de concluir el sexenio priista:
| TOTAL | 150 mil 992 | |
| México | 17,269 | |
| Guerrero | 13,994 | |
| Chihuahua | 11,506 | |
| Guanajuato | 8,797 | |
| Jalisco | 8,749 | |
| BC | 8,277 | |
| Sinaloa | 7,467 | |
| Veracruz | 7,335 | |
| Michoacán | 7,332 | |
| CDMX | 7,136 | |
| Tamaulipas | 5,542 | |
| Oaxaca | 5,208 | |
| Puebla | 4,700 | |
| Nuevo León | 4,047 | |
| Sonora | 4,044 | |
| Morelos | 3,548 | |
| Chiapas | 3,205 | |
| Zacatecas | 2,877 | |
| Colima | 2,705 | |
| Coahuila | 2,417 | |
| San Luis Potosí | 2,216 | |
| Tabasco | 2,215 | |
| Quintana Roo | 1,730 | |
| Durango | 1,643 | |
| Nayarit | 1,556 | |
| BCS | 1,488 | |
| Hidalgo | 1,369 | |
| Querétaro | 888 | |
| Tlaxcala | 613 | |
| Campeche | 458 | |
| Aguascalientes | 340 | |
| Yucatán | 321 |
PEÑA SUPERÓ
A CALDERÓN.
En diciembre de 2012, ya en funciones
el gobierno peñista, se registraron mil 999 ejecutados; en 2013 se documentaron
23 mil 063; en 2014 hubo un pequeño descenso a 20 mil 010, cifra muy similar a
la de 2015 (20 mil 762). En 2016 las víctimas de homicidio se elevaron a 24 mil
559, y en 2017, el récord fue de 32 mil 079, cantidades documentadas por el
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en su registro de
Mortalidad en Defunciones por Homicidios.
De acuerdo a
datos publicados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de
Seguridad Pública del Gobierno Federal, con corte del primero de enero al 31 de
octubre, durante 2018 se han registrado
oficialmente 28 mil 520 homicidios dolosos.
La suma de los 150 mil 992 ejecutados
en el sexenio de Peña hasta octubre de 2018.
En cuanto a los homicidios, Peña
Nieto superó el número registrado durante la administración del panista Felipe
Calderón, quien desplegó a las fuerzas armadas en la llamada “guerra contra el
narcotráfico” y dejó un saldo de 121 mil 35 muertes violentas.
Con la cifra
de homicidios preliminar en el sexenio a punto de concluir, EPN tendrá más de 29 mil 957 ejecuciones en
comparación al periodo de su antecesor.
ESTADOS,
OMISOS Y CÓMPLICES.
Otro de los elementos que deben
contemplarse en la entrelazada maquinaria de violencia e impunidad, son los
gobiernos locales.
Francisco
Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano menciona el caso de Baja California, que este año encabeza la lista con
el mayor número de homicidios dolosos, sólo por debajo de Guanajuato.
“No hay instituciones locales para enfrentar
el reto, el principal que enfrenta Baja California es un abandono
principalmente estatal y luego evidentemente municipal. Los delincuentes tienen
una pugna por territorios que se da en un contexto de una autoridad que no le
puede poner freno. Me espanta ver al alcalde de Tijuana (Juan Manuel Gastélum)
que constantemente minimiza el problema y nunca es momento de hablar de la
seguridad porque, sin liderazgo local, difícilmente va a haber las otras
condiciones necesarias para que se pueda”, destacó.
Baja California y Guanajuato, ambos
gobernados por el Partido Acción Nacional (PAN), sobresalen en el mapa del
crimen, pues a pesar de tener entre 13 y 11 millones menos de habitantes,
respectivamente, en comparación con Estado de México, registran más homicidios
violentos en el transcurso de 2018.
Así se
distribuyen los 25 mil 520 ejecutados del primero de enero al 31 de octubre de
2018, precisamente el último año de Peña como Presidente de la República:
Guanajuato 2,759
BC 2,588
México 2,241
Guerrero 2,136
Jalisco 1,972
Chihuahua 1,901
Veracruz 1,477
Michoacán 1,376
CDMX 1,144
Puebla 1,086
Oaxaca 1,016
Sinaloa 971
Tamaulipas 951
Sonora 738
Morelos 652
Quintana Roo 641
Nuevo León 636
Colima 605
Zacatecas 565
Chiapas 532
SLP 484
Tabasco 466
Nayarit 373
Hidalgo 208
Coahuila 206
BCS 177
Querétaro 162
Durango 153
Tlaxcala 124
Aguascalientes 70
Campeche 62
Yucatán 48
TRES
FACTORES PARA ENTENDER LAS EJECUCIONES EN MÉXICO.
Froylán
Enciso, profesor del Programa de Política de Drogas del Centro de Investigación
y Docencia Económicas (CIDE), encuentra
tres factores durante el sexenio de Enrique Peña Nieto que llevaron al aumento
en la tasa de homicidios dolosos en el país.
El experto
en el estudio de narcotráfico y crimen organizado analiza que el primero de estos elementos fue la estrategia del
Gobierno de la República por centrar su combate al crimen en la captura de objetivos
prioritarios.
“Tenían una lista de 120 criminales
clave y pensaron que metiéndolos a la cárcel iban a debilitar a las
organizaciones criminales, pero resultó falso. Lo que ocurrió es que mientras
más detenían líderes, más aumentaba la violencia”, plantea el historiador sinaloense.
De ahí, Froylán Enciso, quien fue
consultor del International Crisis Group, identifica una segunda causa: el
descabezamiento de organizaciones criminales y, por lo tanto, la fragmentación
que aumentó el número de organizaciones delictivas que operan en el país.
“Las organizaciones se pelean
internamente para sus liderazgos, y cuando organizaciones rivales veían un
pleito, lo tomaban como una oportunidad para competir por ese negocio.
Entonces, hubo incentivos para incrementar la violencia intra e inter cartel”, señala.
Como una tercera explicación, el doctor en Historia por la
Universidad Estatal de Nueva York, habla
de la diversificación del mercado ilícito: “El negocio de las drogas que antes
era mucho más centralizado, se diversifica en esas organizaciones fragmentadas
para poder sobrevivir en el mercado clandestino, entonces se agregan otras
actividades como el cobro de piso -que Los Zetas introdujeron hace casi veinte
años-, el huachicoleo, el secuestro de migrantes y la trata de personas”.
Fue así como prosperó el CJNG, y
agrega: “El proceso de diversificación criminal que afectó principalmente a las
organizaciones tradicionales como el Cártel del Golfo y los Zetas contra el
Cártel de Sinaloa, hizo un hueco que aprovechó el Cártel Jalisco Nueva
Generación para apoderarse de los negocios grandes y aumentar su presencia
territorial en todo el país”.
NO HAY QUE
PENSAR EN UNA ESTRATEGIA NACIONAL.
“Con organizaciones fragmentadas y
mercados diversos, cada localidad tiene su mercado criminal propio”, explica Froylán Enciso
Por ejemplo,
el aumento de la violencia en Guanajuato
está directamente relacionado con el huachicoleo y no con las drogas. En la
Península de Baja California, se debe a la expansión del consumo de drogas y
narcomenudeo como un negocio local, mientras que en Colima hay una disputa por
el control del puerto para el trasiego de grandes cargamentos.
“La herencia que nos deja Peña Nieto
es un crimen fragmentario, diversificado de acuerdo a condiciones locales, con
gran poder de corrupción y pactos con diferentes niveles de gobierno, y se
tiene que atender desde lo local”, opina Enciso.
Por esta
razón, el académico apuesta no a una gran
estrategia nacional para el combate del crimen organizado, sino que se
construyan diferentes planes basados en las condiciones locales de cada estado
o municipio.
También la crítica a una guardia
civil militarizada como la que propone el gobierno entrante de Andrés Manuel
López Obrador: “El trabajo policiaco y de inteligencia que se necesita para
este tipo de crimen no es el mismo que se hace para problemas de seguridad
nacional, se necesita un conocimiento muy fino, organizaciones de inteligencia
muy flexibles y agentes policiacos que puedan atender localidades específicas,
que tengan capacidad de despliegue territorial y de inteligencia para
comunidades muy específicas”.
Bajo este
esquema, Enciso es enfático al pronunciar: “Pueden
volver a mandar dos mil militares a Tijuana, pero si el problema son las
‘tienditas’, las redes de distribución en barrio populares o zonas marginales,
no va a alcanzar para frenar el problema”.
“EN EL PEOR
SEXENIO”
Para
Francisco Rivas, director de Observatorio Nacional Ciudadano, asociación civil
dedicada a temas de seguridad, justicia y legalidad en México, hay un antes y un después en el gobierno de
Enrique Peña Nieto, marcado por Ayotzinapa.
“Lo puso de rodillas y ya no se pudo
levantar. Al inicio de la administración, los homicidios venían bajando, el
Gobierno Federal alegaba que el homicidio bajaba como consecuencia de políticas
como la de prevención de delitos. Nosotros y muchas organizaciones fuimos muy
claros en decirles que no fue así, lo que sí hubo una estrategia de no
comunicar, incluso en los medios, la incidencia delictiva”, detalla.
Además de la negación, argumenta,
hubo una falta de capacidad de la administración para cambiar de acciones
cuando en abril de 2015 comenzaron a registrarse los primeros picos en la
incidencia de homicidios dolosos.
“No supieron transformar los retos en
un proyecto mucho más claro de seguridad y eso derivó en el desastre al que nos
está llevando el Presidente, el sexenio con la mayor tasa de homicidios
dolosos, cuando Caderón había entregado una incidencia a la baja; se convirtió
en el peor sexenio”.
GOBERNADORES
Y ALCALDES, SIN LIDERAZGO EN SEGURIDAD.
Según Rivas,
también ex director del Centro de Cultura de la Legalidad de Baja California, es necesario analizar la falta de
eficiencia de los gobiernos locales y como ejemplo pone a Baja California.
“No hay instituciones locales para
enfrentar el reto. El principal reto que enfrenta Baja California es un
abandono principalmente estatal y luego evidentemente municipal. Los
delincuentes tienen una pugna por territorios que se da en un contexto de una
autoridad que no le puede poner freno. Me espanta ver al alcalde de Tijuana que
constantemente minimiza el problema y nunca es momento de hablar de la
seguridad porque, si no hay liderazgo local, difícilmente va a haber las otras
condiciones necesarias para que se pueda”, considera.
Acerca de las particularidades de la
criminalidad en BC, uno de los estados que alcanzaron su máximo histórico en
ejecuciones durante el sexenio de Peña Nieto, el experto habla de la
penetración de la delincuencia en las instituciones locales que deriva en la
falta de confianza.
“Más que la falta de coordinación,
otro aspecto absolutamente necesario es que exista confianza entre los
operadores, es donde se establecen las políticas. Muchos de los que están
involucrados tienen miedo de compartir información con otras corporaciones porque
no saben con quién están sentados”, indica.
NOS
ACOSTUMBRAMOS A LOS HOMICIDIOS.
El doctor
Rivas también ha encontrado un
preocupante comportamiento social en la normalización de los homicidios.
“Hace años decíamos que ya nos
estábamos acostumbrando a la violencia, pero el factor clave que hace que el
partido de Calderón pierda la Presidencia, fue la falta de una pacificación del
país. Hoy por hoy, estamos en una crisis mucho mayor, pero en las campañas
presidenciales, el tema de violencia no fue determinante”, añade.
Bajo el
mismo tenor, observa que “en casi todo
el país, la situación es un absoluto desastre, pero no ves una sociedad
escandalizada ni preocupada a pesar de que los datos son espeluznantes en casi
todo el país, incluidos Baja California y Tijuana; hay visiones de corto plazo,
el problema es que tal vez ahorita controla la zona que te es menos relevante,
mañana no sabes a dónde se va a expandir. Finalmente, el Estado comienza a
perder control del territorio y darle a un poder alterno ese control, sí es más
preocupante”.
A manera de
conclusión, el titular del Observatorio Nacional Ciudadano señala que la administración de Peña Nieto “entrega los peores
resultados que se podían esperar”.
MÁS MUERTES
Y MENOS DECOMISOS: INVESTIGADOR DE INSTITUTO BELISARIO DOMÍNGUEZ.
El maestro
Carlos Galindo es demógrafo e investigador en el Instituto Belisario Domínguez
del Senado de la República, cuyas líneas de investigación incluyen sistemas de
indicadores en materia de derechos humanos y seguridad pública.
Hace unos días, junto a otros
autores, presentó un reporte sobre muertes violentas registradas por Inegi en
2017, información vertida en mapas y gráficas que ilustran la dispersión
geográfica de los homicidios dolosos en el país.
“De 2008 a 2012, este delito estuvo
muy concentrado en regiones típicas de disputa del narco, pero de 2015 a 2016
se aleja y empieza a expandirse por ejemplo de Ciudad Juárez a Chihuahua,
Chihuahua; y de Acapulco, Guerrero, a Chilpancingo”, afirma.
A la par que aumentaron los homicidios,
de acuerdo al análisis de Galindo, se redujeron los decomisos de drogas y
armas, e incrementaron las desapariciones de personas.
Al igual que
Froylan Enciso, el investigador
encuentra la diversificación criminal como una de las causas de este aumento,
por lo que considera esencial recolectar información oficial de calidad que
permita crear más mecanismos de control respecto a los homicidios para entender
los móviles.
Establece que por medio del análisis
de datos, se pueden obtener distintos fines. Mientras la tasa de homicidios por
cada 100 mil habitantes permite identificar la exposición del riesgo de ser
víctima de homicidio en demarcaciones, el número total del homicidios -Tijuana
fue el municipio con más asesinatos registrados por Inegi en 2017- ayuda a
crear mejores políticas públicas.
“Donde ocurren muchos homicidios,
independientemente de la población que hay, requieres los suficientes
investigadores para resolver homicidios, los suficientes policías, ministerios
públicos y peritos para que hagan bien la investigación”, expone.
Gallardo encuentra que “la tendencia histórica y el
análisis académico de los homicidios nos dice que la guerra contra el narco es
la causa estructural y principal de la bola de violencia en México, hay que
abandonar esta guerra que ya vimos que no es ganable en cuestión de violencia
contra violencia; hay que buscar una forma inteligente de ganar este
conflicto”.
Y finaliza: “Si el enfrentamiento frontal militarizado
en contra del narcotráfico ocasiona que entre 2007 y 2010 se triplican los
homicidios y ahora estamos peor que en 2010, es mejor explorar opciones como la
regulación del mercado de drogas para que sea el Estado quien ponga reglas
distintas con distintos tipos de sustancias, no dejar esta caja oscura en manos
del narcotráfico y no intentar ganar esta guerra a balazos”.
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