Por Arnoldo Cuellar.
Aunque fueron los gobiernos panistas quienes primero se
dieron cuenta del potencial político,
económico y electoral de la migración guanajuatense en los Estados Unidos,
debieron de pasar casi tres décadas para que una administración de ese signo
cumpliera el viejo sueño, realizado antes en entidades como Zacatecas y
Michoacán, de elevar al nivel del gabinete estatal la política pública dirigida
a los migrantes.
Miguel Márquez Márquez,
quien convirtió una leve estancia de emigrado VIP durante su juventud en el
estandarte de “primer Gobernador migrante”, no dio ese paso decisivo y se
limitó a convertir una dirección de la Secretaría de Gobierno en un instituto
descentralizado, con escaso presupuesto y con directivos y consejeros
designados a dedo y entre los cuates del propio mandatario.
El Instituto del
Migrante no avanzó mucho más allá que las oficinas predecesoras. Si acaso la
experiencia y la capacidad de trabajo de Susana Guerra, la funcionaria que
profesionalizó esa área con una trayectoria previa en el servicio exterior
mexicano, impidió la catástrofe que amenazaba con un director como el
irapuatense Luis Vargas, quien nunca estuvo a la altura de la encomienda.
Diego Sinhue Rodríguez
Vallejo, a su paso por la Secretaría de Desarrollo Social y Humano en el
gobierno de Márquez, donde se encontraba sectorizado el Instituto del Migrante,
pudo percatarse del potencial de trabajar cercanamente con las comunidades
guanajuatenses en el extranjero, despertando fundadas esperanzas de un cambio,
en vista de su juventud y lo que parecía una obligada apertura.
Las esperanzas se
cumplieron a medias, o quizá menos. Sinhue Rodríguez anunció muy pronto, luego
de su triunfo, su intención de crear una Secretaría del Migrante, viejo anhelo
de los activistas guanajuatenses en los Estados Unidos, sobre todo en California,
Texas e Illinois, aunque en realidad extendidos por toda la Unión Americana.
El gozo, sin embargo,
se fue al pozo cuando se conoció al titular de la nueva dependencia: Juan
Hernández, un cabildero mexicoamericano que ya había tenido su momento en el
sexenio de Vicente Fox Quesada como Presidente de México y cuyo desempeño no
trajo ningún beneficio a las comunidades de mexicanos en los Estados Unidos,
pese al gran apoyo que desde allá se le entregó a Fox.
Y como no hay quien
venda pan frío, en su biografía oficial, Juan Hernández se presenta como el
consultor que logró que Fox venciera al PRI y que George Bush consiguiera el
voto latino en los Estados Unidos. De ser así, hoy Johnny Hernández, como
también se le conoce, no estaría refugiado en una modesta posición burocrática
en un estado del interior de México, sino que debería estar ofreciendo sus
servicios a líderes a lo largo y ancho del mundo.
En esa misma
hagiografía, pues no es una simple hoja de vida, Juan Hernández presume el
haber aparecido en la portada de la revista Fortune como “una de las personas
más inteligentes que conocemos”.
Si la mitad de eso fuera cierta, Juan Hernández habría evitado entrar en colisión directa con los grupos
más críticos y activos de la política migrante guanajuatense, en reacción a su
asociación con dos organizaciones que participaron en la desviación de fondos
de la excandidata panista Josefina Vázquez Mota a través de la fundación Juntos
Podemos, apoyada por Enrique Peña Nieto con casi mil millones de pesos que se esfumaron
en un programa de apoyo a migrantes que no tuvo ningún resultado.
Con un poco de inteligencia, el primer secretario del migrante en Guanajuato se hubiera rodeado de
profesionales más capaces que personajes como Fernando Fernández Arriaga,
recomendado por su suegro el ex Gobernador Juan Carlos Romero Hicks y de triste
paso por el Ayuntamiento de Irapuato como secretario, quien funciona como
consejero áulico, sin siquiera aparecer en el directorio público de la
dependencia.
O tampoco hubiera caído
en el mediocre juego de influencias, tan priista, de aceptar como recomendado a
Mariano Bravo Tinoco, hijo del ex dirigente panista y hoy representante del
gobierno de Guanajuato en Ciudad de México, Luis Felipe Bravo Mena.
Bravo Tinoco, con una
formación como productor de videos comerciales en su natal Naucalpan, se
ocupará en Guanajuato de la delicada encomienda de apoyar a los migrantes en
tránsito por Guanajuato, acción que por cierto hoy no se ve por ningún lado
cuando la corriente migratoria desde Centro y Sudamérica, e incluso desde otros
continentes, es permanente y no solo se da en las oleadas que han acaparado la
atención de los medios.
El “inteligente”
cabildero que asesoró a dos presidentes, ninguno de grata memoria para sus
sociedades, hoy se hace cargo de la política migratoria de Guanajuato a nivel
secretarial, pero al parecer ya sin balas en la cartuchera: los antecedentes
presumidos con Fox y Bush apenas alcanzan para pasear de vez en cuando a Diego
Sinhue por el sur de los Estados Unidos y reunirlo con viejas glorias de la
política. No big deal.
Por lo pronto, la
primera petición para la renuncia de un secretario en este gobierno ha sido
planteada formalmente por organizaciones de migrantes en los Estados Unidos y
aunque la entregaron en la ventanilla del Congreso, quizá confiando en la
división de Poderes que marca la ley pero que aquí es letra muerta, sienta un
precedente importante.
Juan Hernández no es
solo el primer secretario del Migrante, también es el primer secretario de
Diego que tiene una petición de cese sobre su cabeza. Es un dudoso honor para
alguien que se vende tan caro.
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