Darío
Ramírez.
Un juez
por 30 años, con título falso y cédula falsa, dictó sentencias -en muchos
juicios- pero sobresalen los relacionados con los presos políticos del ex
Gobernador Rafael Moreno Valle.
El peón
de Moreno Valle se llama José Refugio Alejandro León Flores. Según una investigación de Lado B,
promovida por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, a finales de
1989, León Flores presentó un examen de conocimientos ante el Poder Judicial de
Puebla. Según las mismas autoridades judiciales, obtuvo el puntaje más alto y
tomó protesta ese mismo año.
El juez León
Flores cursó la carrera de derecho en la BUAP, pero jamás se tituló. Y, ante la
falta de su título original, decidió aventurarse a presentar uno falso ante las
autoridades del Tribunal Superior de Justicia del estado. Lado B, después de
incesantes cuestionamientos, hizo que el juez (o falso juez) “reconociera que
no contaba con la documentación en un escrito que envió Consejo de la
Judicatura poblano en enero de 2018, en respuesta a un procedimiento que se le
inició por irregularidades en su expediente laboral (folio R16/2017)”.
Según la
información provista por la universidad poblana, el juez se tituló 29 años y
4 meses después de su nombramiento. Durante todos los años en el banquillo, el
TSJ de Puebla o no quiso o le pareció poco relevante que no tuviera a un
miembro que no cumplía con los requisitos.
Además, según
reporta Lado B, tuvo que recurrir a la justicia federal para acceder a la copia
digital del título para cotejar con lo que se encontraba en el TSJ. La
universidad se negó. El Instituto de Transparencia de Puebla se negó. Sobre el
tema, la actual presidenta del ITAIP, Laura Carcaño Ruiz, aseguró que el
instituto decidió proteger los datos personales del juez y el derecho de la
universidad pública de mantener la reserva sobre esa información, pues insistió
varias veces en la entrevista “se trata de datos privados”.
Además -y
muy importante- su paso como juez apócrifo sí tuvo consecuencias al
cambiarle la vida a varias personas. “Unos 20 años después, entre 2011 y 2016,
la figura de León Flores cobraría relevancia pues fue el juez que tuvo en sus
manos al menos 34 casos de perseguidos políticos del Gobierno que encabezó
Rafael Moreno Valle.
Entre los
ciudadanos que fueron juzgados y encarcelados por León Flores están Adán y Paul
Xicale, cabezas del movimiento opositor “Cholula Viva y Digna”, que se gestó en
los municipios del mismo nombre en contra de un proyecto de intervención del
Gobierno de Moreno Valle a la zona arqueológica de la pirámide cholulteca.
Los
Xicale estuvieron presos durante 14 meses y lograron la liberación tras ganar
un amparo en juzgados federales.
Otro de
los expedientes de presos políticos cuyo caso llegó al escritorio de León
Flores fue el de Rubén Sarabia Sánchez, también conocido como Simitrio, el
histórico líder de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de Octubre.
Durante
la gubernatura de Rafael Moreno Valle, Simitrio fue encarcelado por orden de
León Flores a pesar de que existían irregularidades en su expediente. Igual que
en el caso anterior, Simitrio logró su liberación cuando su proceso llegó a
juzgados federales.”
De acuerdo a
Enrique Romero Razo, citado en la investigación, “Rafael Moreno Valle se
hizo de manera unipersonal de todo el poder, controlando tanto el legislativo
como el Poder Judicial del estado. Esto provocó que las instituciones de
administración y procuración de justicia estuvieran bajo su control, y permitió
que se convirtiera en un instrumento coercitivo más. Para ello se requerían
sicarios, brazos ejecutores y obviamente gente sin ningún tipo de conciencia;
este caso en particular es uno de ellos”.
“Una
persona que en su momento libró órdenes de aprehensión en contra de los
disidentes del régimen, convirtiéndolos en perseguidos políticos. Al final las
resoluciones pronunciadas por él fueron tumbadas en los juicios de amparo”, agrega.
La
impunidad en nuestro país está aceitada. Nadie llega al ministerio público o
bien a un juez pensando que su derecho a la justicia está garantizado. Nadie. Y
de ese escepticismo y aceptación social de la debacle de nuestra justicia se
alimenta nuestra perene impunidad.
Al final el
caso de juez que rompió las leyes -para impartir justicia siguiendo las leyes-
no es un caso aislado. Un reciente estudio enlista los datos de 112 jueces y
magistrados que habrían utilizado sus facultades para conseguir empleo a su
esposa o pareja, 180 a sus hijos, 136 a sus hermanos y 27 a sus papás. El
estudio revela que hay, además, otros 7 mil 148 servidores públicos del Poder
Judicial que comparten espacio laboral con sus parientes.
La
debilidad del Poder Judicial es intrínseca a el mismo. La cercanía con el Poder
Ejecutivo como parte del sistema político no ha hecho más que debilitar la
democracia y principios fundamentales como la división de poderes. Hay muchas aristas
que debemos de mover para renovar anacrónicos vicios dentro del Poder Judicial.
Sin embargo, la renuencia a cambiar viene muy arraigada y con ella la
imposibilidad de atacar de raíz la impunidad.
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