Desde su más
remoto recuerdo, la familia de Valentín Perea Pérez ha vivido en San Mateo
Tlaltenango, uno de los cinco pueblos de la Delegación Cuajimalpa, en la Ciudad
de México, que está rodeado por el bosque El Ocotal. En marzo pasado, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) le
otorgó la licitación a la empresa Equivent y en junio se inició la tala de
cientos de árboles, a la altura de la caseta La Venta, considerada área de
conservación ecológica.
El Gobierno federal quería construir
ahí la fase tres de la vía ferroviaria del tren interurbano México-Toluca, el
único proyecto de movilidad sobre rieles que sobrevivió en la administración de
Enrique Peña Nieto.
Los otros, el México-Querétaro y el Transpeninsular, fueron suspendidos debido
al recorte de 124.3 mil millones de pesos del Presupuesto de Egresos de la
Federación en el plan de austeridad de 2015.
Pero los comuneros de San Mateo
Tlaltenango siempre se opusieron al tren porque pensaban que los miles de
árboles de El Ocotal estaban en peligro. Y cuando buscaron con qué defenderse,
Valentín Perea Pérez –de 67 años– desempolvó una copia certificada del título
de propiedad primordial del bosque que data de 1534 y que está resguardada en
el Archivo General de la Nación. Desde hace dos años la ha llevado consigo. La
ha presentado en el Congreso de la Unión y en la Suprema Corte de Justicia de
la Nación (SCJN). La ha mostrado en conferencias de prensa. Así ha sostenido
que El Ocotal es de los comuneros.
Ahora que el
Jefe de Gobierno de la capital del país, Miguel Ángel Mancera, ha anunciado que
el trazo será modificado para evitar la tala de tres mil 300 árboles, Valentín
Perea Pérez duda.
“No nos consta que el Gobierno haya
parado el proyecto. Así que no confiamos”, exclama en entrevista con SinEmbargo.
El título primordial es el documento
más antiguo que ampara el derecho a las tierras en México. La figura fue
emitida por autoridades competentes en el siglo XVI. Una búsqueda en el
Registro Público de la Propiedad y Comercio arrojó que El Ocotal no es
propiedad privada y en realidad, no tiene dueño. Pero don Valentín sostiene que
es de los comuneros como lo avala el antiquísimo papel que lleva consigo a
todos lados.
En 1975, el
entonces presidente Luis Echeverría Álvarez le pidió a los pueblos de México
que presentaran títulos primordiales ante la Secretaría de la Reforma Agraria
(SRA) –hoy Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu)–
para emitir reconocimientos. Valentín, sentado en una oficina de esta casa
editorial, evoca lo que hicieron sus antecesores.
“En aquel momento los comuneros
presentaron una cédula de 1624 y les fueron reconocidas 1954 hectáreas”.
Entonces, se emitió el título para El Ocotal como comunidad agraria. Después,
el 6 de mayo de 1981, el presidente emitió otra resolución en la que reconoció
mil 954 hectáreas para 336 comuneros.
Pero las
resoluciones y los reconocimientos no fueron dados en paz. Los pueblos de la
Magdalena Contreras reclamaron hectáreas. En 2000, un abogado se amparó a favor
de Santa Rosa Xochiac. Cinco años
después, la resolución emitida por Echeverría Álvarez quedó sin efecto.
De modo que el documento válido
volvió a ser el título primordial, el que siempre carga don Valentín.
Si como lo
anunció el Jefe de Gobierno capitalino, el
camino del tren interurbano que conectará a la Ciudad de México con el Estado
de México, será desviado, la tala de árboles debe ser suspendida. Pero 400
árboles de diversas especies ya fueron derribados. De ellos, en los caminos del
bosque, sólo se ven fragmentos de troncos. Valentín Perea Pérez expone que este
daño es irreversible porque no hay nadie que hasta ahora haya dado la cara para
resarcirlo. Y por eso y porque está pendiente saber cómo van a disminuir las
afectaciones a los 16 manantiales de la zona que forman parte de la región 26
del Río Pánuco, piensa que la lucha no ha terminado.
–¿Con qué se
va a defender en lo sucesivo, Valentín? ¿Si la tala continúa, por ejemplo?
–Tenemos el título primordial de
1534, resguardado por el Archivo General de la Nación. Desde el Tribunal
Agrario, los juzgados de distrito hasta la Suprema Corte de Justicia de la
Nación tienen conocimiento de nuestro título. Todo lo hemos ganado porque
tenemos ese título legalmente custodiado.
–La SCT
debió respetar tal documento y llamar a los comuneros a consulta, ¿lo hizo?
–En una reunión que tuvimos en el
pueblo yo les pregunté si hubo alguna consulta pública y me dijeron que no.
Luego en la delegación Cuajimalpa fui a preguntar al jurídico si había consulta
pública y no me supieron decir nada.
–¿Cuántos
árboles fueron derribados?
–Cuatrocientos y tantos casi llegando
a 500, pero según la información que ha dado Miguel Ángel Mancera, iban a ser
más de tres mil árboles. Las autoridades, unos dicen una cosa, otros dicen
otra, pero no cumplen lo que están manifestando. Yo dudo lo que dijo el Jefe de
Gobierno, estando el delegado Miguel Ángel Salazar y el diputado local Adrián
Ruvalcaba de que ya pararon la tala de árboles. Eso no es cierto. Los que la
pararon fueron los ciudadanos de Cuajimalpa. Los pueblos. Yo dudo porque no hay
un documento ni del Gobierno de la Ciudad, ni de la Secretaría de
Comunicaciones y Transportes que muestre que está detenido el trazo. El daño
ecológico que hicieron, el daño que hicieron a nuestra propiedad, ¿quién nos va
a resarcir el daño? Siempre hablan, prometen,
como cuando andan en sus campañas políticas, que van a hacer, que van a darle
al pueblo y el pueblo sigue muriendo de hambre. No cumplen.
–¿Cuál es su
batalla, Valentín?
–Yo seguiré peleando la tierra.
–¿Para qué
quiere la tierra?
–Que se pueda utilizar para comercio
de los puros comuneros de San Mateo Tlaltenango es una defensa. La otra es para
toda la ciudadanía. Porque el bosque no es únicamente de nosotros. Es de toda
la ciudadanía, tanto de Cuajimalpa, de la Ciudad de México, como de todo el
país. Sería una traición al deporte no cuidar el bosque y esa es mi lucha. Y el
pueblo está conmigo para seguir defendiéndolo con todas las consecuencias. Y
esa es mi lucha.
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