Martín
Moreno.
Ricardo
Anaya amenaza con meter a la cárcel a Enrique Peña Nieto.
En Los Pinos, contemplan: que Anaya
sea derrotado el uno de julio y después de la elección, le ajustarán cuentas.
La lucha por el poder presidencial ha
llegado a su clímax. Jamás se había visto, por televisión y a nivel nacional,
que un candidato advirtiera que va a investigar al presidente en turno y que
“como cualquier persona, irá a la cárcel”.
Cierto: es un acto tan desesperado como astuto de
Anaya por intentar ganar ese tan sobado y mal entendido “voto útil” que, en
nuestra columna de la semana pasada (10 razones para no votar por Meade),
señalábamos que ya se había ido en favor de AMLO, dada la abismal intención del
voto que registra: entre 50 y 54%. Empero, el equipo del panista insiste en
beneficiarse de esa franja y espera que el mensaje de “meteré a la cárcel a
Peña Nieto” surta efecto entre los indecisos y decidan votar por Anaya.
Pero solo
faltan 10 días para la elección presidencial.
Ya no le da
tiempo a Anaya de rebasar a AMLO.
Mientras,
seguirá al filo de la navaja.
¿Por qué Ricardo Anaya ha convertido
a Enrique Peña Nieto en su botín electoral?
Por la vulnerabilidad, desprestigio y
escasa credibilidad del presidente de México, atado de manos y lengua por las
leyes electorales para intervenir en las campañas. Es una jugada de alto riesgo
de Anaya, sí, pero también muy astuta: amenazar con meter a prisión a un presidente
que participó, alentó y solapó la corrupción durante su gobierno, es una medida
que 9 de 10 aplaudirían y estarían de acuerdo. Sin duda.
¿Para qué jugársela de esta manera
por parte de Anaya?
Sencillo: para tratar de remontar en
las encuestas finales – habrá que estar atentos a la próxima encuesta del
diario Reforma que han sido, por mucho, las más certeras desde 2012 (A mayor
detalle ver libro 1/Julio/2018 Cambio Radical o Dictadura Perfecta Martín
Moreno Cap. “Las encuestas que fallaron en 2012” Edit. Random House/Aguilar) y
a partir de ahí, determinar si la estrategia de ataque contra EPN le rendirá
beneficios a Anaya. Si repunta o se estanca. Esa es la apuesta.
¿Por qué no le han respondido en Los
Pinos a Anaya?
Porque podría interpretarse como una
intromisión del gobierno federal en el proceso electoral y, de alguna manera,
tendrían razón: por más críticas que haya al gobierno en turno, el presidente o
su equipo no deberán, por ley, meterse a la dinámica – hoy virulenta y salvaje-
en la que se mueve el discurso y los ataques entre sí de candidatos, partidos,
medios y poderes fácticos.
¿Por qué Ricardo Anaya deberá tener
mucho cuidado con la amenaza en contra de Peña Nieto de investigarlo y meterlo
a la cárcel?
Porque conoce, y bien, a los priistas
mexiquenses, que suelen ser vengativos y cobrarse las ofensas con el
aniquilamiento del enemigo (porque eso ya es Anaya para Los Pinos: un enemigo),
y porque sabe que, si pierde la elección del uno de julio, quedará a la deriva,
como barcaza frágil ante el oleaje furioso de todos los enemigos que ha
sembrado en el camino y que le ajustarán cuentas cuando un Anaya derrotado sea
abandonado. Entonces sí, con presidente electo que no sea Anaya, llegarán los
apretones de tuercas de Peña Nieto, Calderón y varios más vulnerados por la
virulencia del panista.
¿Por qué Anaya ha decidido jugarse el
todo por el todo?
En parte, por su desesperación: AMLO
le lleva, al menos, 20 puntos de ventaja, y necesitaba reventar una bomba, y qué
mejor que amenazar con llevar a la cárcel a un presidente corrupto. En parte,
porque sabe que todo lo que sea anti-Peña, reditúa simpatías, dado el enorme
desprestigio con el que EPN deja su gobierno. Y en gran parte, porque no le
queda de otra: a estas alturas, ya es a matar o morir.
Si Ricardo
Anaya gana la próxima elección presidencial – que ante los números y tendencias
confiables y serias ya se antoja improbable -, que Peña Nieto, Videgaray, Meade
y compañía comiencen a preocuparse porque el Caso Odebrecht podría llevarlos a
prisión con Anaya en Los Pinos. Allí queda la advertencia.
Pero si Anaya pierde la elección,
entonces sí el queretano deberá andarse con mucho cuidado porque los priistas
mexiquenses, aun con 5 meses en el poder, le revivirán el asunto de las naves
comerciales que enriquecieron a Anaya, y entonces el panista vivirá los peores
días de su vida. Y nadie metería las manos por él. En Los Pinos ya decidieron
esperar a que pase el vendaval de la elección presidencial y, ya concluida,
entonces sí cobrarle la factura a Anaya por andar amenazando a Peña Nieto con
meterlo a la cárcel.
Lo dicho: Anaya, a matar o morir.
Ya veremos
muy pronto si Anaya fue joven maravilla o, como lo motejan algunos, quedará
simplemente como un cerillo.
Un cerillo
apagado y desgastado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.