Javier Risco.
La denuncia ante la Procuraduría
General de la República interpuesta por el panista Ernesto Cordero al candidato
panista a la Presidencia de la República, acusándolo de presunto lavado de
dinero y tráfico de influencias, me ha hecho pensar que en nuestra política la
única tradición ideológica que siguen es la de sus intereses.
Ayer
platicaba con el columnista Salvador García Soto de cómo este último par de
años nos ha demostrado que en México llegar al límite de la corrupción, el
cinismo y la desconfianza ha trastocado el panorama político, es cuestión de
que demos unos pasos para atrás y revisar figura por figura para darnos cuenta
que cada uno ha desconocido, traicionado o de plano se ha olvidado de lo que
fue, de los que lo rodearon, apoyaron y juraron fidelidad política.
La lista es
interminable, de pronto Ricardo Anaya no
soporta a la mitad de su partido, al imponer su fuerza y al hacer de su palabra
la ley se llevó a Margarita Zavala, Javier Lozano, Roberto Gil Zuarth, Jorge
Luis Lavalle, Ernesto Cordero, Felipe Calderón, y decenas más que hoy son
cadáveres políticos –tal vez el 2 de julio sea de resurrección, aún no lo
sabemos. De ahí, cada uno de los mencionados tiene su historia: Zavala
desconoció su partido porque pudo más su ambición política; Lozano es vocero de
Meade –creo que no hay nada más que agregar; Gil Zuarth también le dio la
espalda a Acción Nacional; Cordero acaba de denunciar ante la PGR al que fue
presidente de su partido y al que va por la silla presidencial…
¡Ah claro! Olvidaba a Jorge
Castañeda, quien hoy les llama traidores a todos aquellos que le escupen a
Ricardo Anaya, y de Vicente Fox no alcanzan los caracteres para hablar de su
incongruencia: tal vez el caso más desesperado de personalidad múltiple en
nuestra política nacional. Hasta ahí los panistas destacados.
En el caso de Morena, como partido
nuevo no se puede hablar de una incongruencia ideológica histórica, pero sí de
una apertura total de puertas y ventanas a cualquiera que se rinda ante el
mandato de su líder: Germán Martínez, Manuel Espino y Gabriela Cuevas tal vez
sean los ejemplos más icónicos de esta conversión casi milagrosa. Sin embargo,
López Obrador no se queda atrás en el desprecio a algunos perredistas que
alguna vez le levantaron la mano y viceversa, del PRD cada vez se habla menos,
hoy ese partido está derrumbado, anexado y sin voz, con zopilotes políticos que
aprovechan lo último que queda.
Miguel Ángel Mancera ha viajado con
la bandera de la orfandad política y ha vestido con orgullo camisas amarillas,
naranjas y las últimas semanas azules... por lo pronto se ha quedado con el
poder de un PRD en terapia intensiva.
Del PRI, aunque son los más
disciplinados, lo que más les ha dolido es la decisión presidencial de poner a
un candidato que detesta al PRI pero que los representa, esto también entra en
la canasta de la incongruencia. Manlio Fabio Beltrones, Miguel Ángel Osorio
Chong y Emilio Gamboa apoyando a un país donde 8 de cada 10 los quiere fuera de
Los Pinos, no les quedó de otra.
En fin, el recuento es para tratar de tener una
mirada a futuro, ¿cuántos sobrevivirán con estas convicciones de 2018? ¿Cuántos
que hoy defienden a López Obrador lo abandonarán en un par de años? ¿Cuántos
que hoy le juran fidelidad le darán la espalda a Anaya? ¿Cuándo pasará de moda
Meade y cómo lo recordarán, si es que lo recuerdan? ¿Quién se acordará del
Bronco sin citar que fue el que algún día quiso mocharle las manos a los
corruptos?
Tengo
curiosidad por este nuevo acomodo político. Hoy amanecemos con una elección
casi definida, ya no queda tiempo para más. Algunos desde hoy empezarán a
cambiar de máscara, otra vez se dibuja un nuevo panorama, ¿cuánto durará? Cada
vez menos.
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