El gobierno del presidente Enrique
Peña Nieto rechaza que la violencia, acoso y asesinatos de periodistas tengan
un móvil político, y defiende la Ley de Seguridad Interior promulgada el año
pasado.
“Si bien se
reconoce que existen desafíos muy importantes en materia de violencia, muy
respetuosamente no se considera que
necesariamente la violencia contra el gremio periodístico tenga un propósito
político”, afirma en un documento
que presentará en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en respuesta al
informe de los relatores especiales sobre libertad de expresión de la ONU y la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), David Kaye y Edison Lanza,
respectivamente.
Ambos relatores visitaron México del
27 de noviembre al 4 de diciembre de 2017 y elaboraron un informe que harán
público el próximo martes 19. Sin embargo, el gobierno de México se adelantó y
filtró su respuesta antes de que el informe de la ONU/CIDH se dé a conocer.
El documento del gobierno de México
–que será presentado en el Consejo de Derechos Humanos el lunes 18– ofrece
respuesta a 31 recomendaciones específicas, orientadas a fortalecer las
acciones del Estado en materia de protección a periodistas y personas
defensoras de derechos humanos.
Sostiene que los factores y motivos
detrás de las acciones violentas contra reporteros “pueden ser y son diversos”.
“Por
supuesto, el gobierno es consciente de la gravedad que los ataques contra
periodistas representan para el gremio, y de ahí que esté implementando y
fortaleciendo las acciones tendientes a proteger la integridad y la vida de las
personas defensoras de derechos humanos y periodistas. Se reconoce, por
supuesto, el valor de su papel para la vida democrática del país, y se rechaza
categóricamente cualquier acto que atente en contra de sus derechos humanos y
libertades”, puntualiza el texto que el gobierno de Enrique peña Nieto enviará
a la ONU.
Al respecto, los relatores subrayaron
en su informe que “el crimen organizado se ha infiltrado profundamente en la
vida pública del país, especialmente a nivel de los estados y municipios, como
escuchamos de docenas de funcionarios gubernamentales, periodistas y
organizaciones no gubernamentales. Además del uso de violencia en todas sus
formas, los actores criminales y autoridades públicas intentan cooptar a los
periodistas para sus fines e imponer información favorable para los cárteles o
en contra de sus enemigos.
“El crimen organizado ha generado
maneras híbridas de interferir con el periodismo, generando división y
desconfianza entre los periodistas y entre periodistas y funcionarios locales”,
recalcaron los expertos.
En su
respuesta, el gobierno mexicano no
profundiza en las razones y propósitos por los cuales los periodistas han sido
asesinados, desestimando la importancia de este tema y limitándose a negar
móviles de tipo político.
Por otra
parte, según lo observado por los
relatores, el gobierno no ha podido asignar los recursos necesarios y demostrar
voluntad política sobre los mecanismos de protección para periodistas.
“Reconocemos el progreso en la
protección de periodistas a nivel federal, pero incluso la coordinación de esa
protección en los estados no es suficiente. Los mecanismos de protección
tienen, de forma sorprendente, recursos limitados considerando el contexto de
una crisis nacional. Los mecanismos especializados de rendición de cuentas, a
nivel federal y estatal, no han entregado resultados, lo que lleva aún aumento
en la frustración”,
valoraron los expertos de la ONU/CIDH
“De hecho, la impunidad para estos delitos
es la regla general en casos reportados de asesinatos y desapariciones de
periodistas”.
A su vez, el
gobierno de Peña indica que, de acuerdo con estadísticas, las técnicas de
investigación realizadas con control judicial aumentaron de cero en 2016 a 24
un año después y 17 en lo que va de 2018. Las audiencias ante autoridades
judiciales, abundó se incrementaron de cero en 2016 a 20 en 2017 y 33 en lo que
va de este año.
De igual
manera, destaca que en 2016 se giraron cuatro órdenes de aprehensión, 29 el año
pasado y 11 en lo que va de 2018. En cuanto al ejercicio de la acción penal, en
2016 se ejerció en 15 ocasiones, 19 en 2017 y en 15 ocasiones este año.
Respecto de
los 84 homicidios sobre los cuales se inició una investigación, sostiene que en
37 casos (44.05%) no encontraron relación alguna con el ejercicio a la libertad
de expresión, por lo que se determinó la incompetencia. De los 47 registros de
homicidios de periodistas derivados de su actividad periodista, actualmente
existen 28 en trámite, y de los 19 restantes, en 16 se determinó el no
ejercicio de la acción penal, reserva o acumulación, y en tres se ejerció la
acción penal.
Además,
afirma que el Mecanismo Nacional de Protección de Personas Defensoras de
Derechos Humanos y Periodistas actualmente brinda protección a 660, de las
cuales 370 son personas defensoras y 290 son periodistas. Desde su creación, en
2012, el Mecanismo ha atendido a 890 personas beneficiarias, a fin de
garantizar el libre desarrollo de sus actividades, abunda.
Pero, de acuerdo con los relatores,
el mecanismo es insuficiente, sin recursos y no ofrece las garantías de
seguridad que requieren los comunicadores para ejercer su profesión en plena
libertad y sin miedo.
En lo que
concierne a la inexistencia de datos sobre ataques a periodistas, el gobierno
mexicano subraya que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)
no es la institución responsable de recopilar los datos sobre tales ataques;
asimismo, los criterios y la metodología para obtener dichos datos difieren
entre las instituciones federales y estatales.
Si bien
argumenta que es competencia de las Procuradurías o Fiscalías de Justicia
–federal y estatales–, no aclara por qué no hay un registro exacto sobre los
ataques a periodistas en el país.
En cuanto a las preocupaciones
expresadas por los relatores respecto del derecho a la privacidad en la era
digital y la investigación sobre el caso Pegasus, el Estado mexicano informa
que, derivado de los hechos relativos a las supuestas tareas de espionaje realizadas
a través del software Pegasus, la Fiscalía Especial Para la Atención de Delitos
Cometidos Contra la Libertad de Expresión (FEADLE), de la Procuraduría General
de la República (PGR), desarrolló un plan de investigación ministerial.
Y hace
hincapié en que, a fin de garantizar la independencia e imparcialidad de las
investigaciones sobre el caso, se ha organizado un grupo de apoyo técnico
conformado por representantes de la Unión Internacional de Telecomunicaciones
de la ONU (UIT), la Asociación Mundial de Operadores Móviles (GSMA), Héctor
Osuna, expresidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, y Citizen Lab
de Toronto, entre otros.
“Todas las
medidas cautelares solicitadas a la PGR, por parte de la Comisión Nacional de
los Derechos Humanos, han sido cumplidas desde el 24 de junio, y se continuará
trabajando estrechamente con la CNDH”, apunta.
Y enfatiza que los denunciantes han
tenido y tendrán acceso permanente a la carpeta de investigación. “En ese
sentido, han propuesto diligencias y se han atendido la mayor parte de sus
peticiones”, señala. Incluso defiende la autonomía y absoluta imparcialidad de
la FEADLE.
Finalmente, en cuanto a las preocupaciones de los
relatores por la Ley de Seguridad Interior y el riesgo que conlleva para el
pleno disfrute de la libertad de expresión, el gobierno la defiende reiterando
que su papel no es el de regular la actuación de las fuerzas federales.
“El Estado
mexicano reitera que el objetivo de la ley no es regular la actuación de las
Fuerzas Federales en tareas de seguridad pública, sino establecer normas claras
para que éstas contrarresten las amenazas a la seguridad interior, de manera
coordinada, previsible y transparente, cuando la magnitud de dichas amenazas
supere las capacidades efectivas de las autoridades responsables, a fin de
contar con límites claros a las facultades de las fuerzas del orden en todos
los niveles”, cita el texto.
Agrega:
“Cabe reiterar que la Ley de Seguridad Interior no busca la militarización de
la seguridad pública, sino dotar de certeza jurídica y definir el marco, los
criterios y la temporalidad del actuar de las fuerzas de seguridad, de acuerdo con
las misiones establecidas, conforme a la organización, adiestramiento, equipo y
poder de fuerza con el que cuentan, teniendo como eje el respeto irrestricto a
los derechos humanos, al ser un mandato constitucional”.
El gobierno
pide a los relatores abstenerse de recomendar la abrogación de la polémica ley.
Y considera que dicha recomendación “no resultaría conducente y podría afectar
la autonomía e independencia del control judicial señalado”.
Concluye:
“En efecto, se considera que, de acuerdo con los principios constitucionales
fundamentales, la vía idónea de atención a las preocupaciones expresadas por
distintos sectores respecto de la Ley de Seguridad Interior se encuentra siendo
desahogada cabalmente”.
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