Arnoldo
Cuellar.
El
Gobernador de Guanajuato, en conjunto con sus similares de Querétaro y Jalisco,
con quienes conforma una alianza de entidades del centro del país que buscan
equilibrar al gobierno federal morenista, ha decidido reciclar uno de los
proyectos más viejos del panismo gobernante: el tren ligero de Guanajuato.
Esa obra,
que había pasado a la historia como el “tren llamado deseo”, según la
afortunada frase de un diputado priista opositor al gobierno foxista, el
penjamense Rubén García Farías, ha sufrido varias resurrecciones todas a costa
del dinero de los guanajuatenses y todas fallidas.
El primer
fracaso para esta idea de movilidad que parecía revolucionaria en los años 90,
se lo propinó una enredada historia donde se involucraban financieros chinos y
jeques árabes, importados a Guanajuato por Carlos Abugaber amigo cercano del
Gobernador Carlos Medina Plascencia, que acudirían a soportar económicamente el
proyecto, en una aventura que solo fue un espejismo que le hizo perder a
Guanajuato cuatro años de planeación y gestiones.
Ya sin
posibilidades de iniciar los trabajos físicamente, Medina dejó creada en 1995
la Sociedad Operadora del Tren Rápido Interurbano de Guanajuato (SOTRIG), donde
una empresa canadiense, GMAT Capital, disponía del 70 por ciento de las acciones,
el gobierno estatal un 20 por ciento, una empresa local el 5 por ciento,
TRIGTO, S. A. de C. V.; y 5 por ciento eran valores en la tesorería de la
sociedad.
El
proyecto fue puesto en la mesa de nuevo por Vicente Fox Quesada, quien
replanteó el proyecto de la mano de su planeador oficial, Eduardo Sojo,
determinando que el tren iría de San Francisco del Rincón a Celaya, con 170
kilómetros de largo y 17 estaciones. Ahí surgió la propuesta de tecnología
canadiense e inversionistas norteamericanos que financiarían el proyecto a
cambio de una concesión por 30 años.
Lo que no
dieron fueron los flujos. Además de que la crisis derivada del “error de diciembre” de 1994,
complicó las cosas. Para hacer viable el retorno de la inversión eran
necesarios 140 mil pasajeros al día. El proyecto no funcionaba para abonar a la
candidatura presidencial de Vicente, podía ser un hoyo negro y se dejó por la
paz.
Pero en
Guanajuato la idea siguió viva. Juan Carlos Romero la retomó desde su primer
informe de gobierno. La alineación de un Presidente de la República
guanajuatense y un Gobernador impulsado por él, parecía el momento ideal para
conseguir lo que no pudo alcanzar el propio Fox como Gobernador.
La
situación no prosperó, pese a que Fox le consiguió a Romero 90 millones de
dólares de un banco alemán para iniciar la compra de derechos de vía. Plagado
de complicaciones para formar un gobierno ejecutivo, lastrado por visiones
demasiado “académicas” que obligaron al relevo de puestos clave del gabinete a
la mitad de su mandato, Romero no pudo cuajar el proyecto pese al apoyo del
gobierno federal.
Fue Juan
Manuel Oliva, con una administración que gozó de un desmedido bono
presupuestal gracias a los excedentes petroleros, quien concretó la compra de
180 hectáreas en un corredor alargado por el centro del estado de Guanajuato,
en un expediente no exento de acusaciones de corrupción y pagos a sobreprecio,
del que estuvo responsabilizado el actual alcalde de León, Héctor López
Santillana.
En 2009, a
mitad del sexenio de Oliva, López Santillana anunció la liberación del 95 por
ciento del derecho de vía. Se definió entonces que se trataba de 154
kilómetros, con 17 estaciones, según recuerda el consultor Fermín Salcedo,
quien trabajó para la empresa canadiense GMAT.
Empoderado
por ese logro, Oliva respaldó a López Santillana para desplazar a Normand
Nadeau, presidente de GMAT Capital, e iniciar otro capítulo fallido de la
historia, en el año 2008, con una empresa india, Indian Transport &
Logistic, al frente de SOTRIG. El trato al consultor canadiense pareció
sumamente injusto después de más de 10 años de sostener el proyecto y buscar
alternativas.
Sin embargo,
el desplazamiento, calificado por testigos como el propio Salcedo de
“arbitrario y chicanero”, no redundó en una mejor suerte para el tren. La
empresa india no pudo avanzar al no concretarse la liberación del 100 por
ciento del derecho de vía, pues, aunque López Santillana aseguraba tener ya un
75 por ciento, al llegar Miguel Márquez al poder en 2012 se rectificó esta
cifra solo a un 83 por ciento.
Además, en
la segunda parte de su gobierno (2009 – 2012) Juan Manuel Oliva ya se había
enredado en varios escándalos de corrupción, varios de los cuales involucraban
directamente a López Santillana: la compra de los terrenos para la refinería de
Salamanca y la propia adquisición de los derechos de vía del tren.
En el
inicio del gobierno de Miguel Márquez, el proyecto estaba envuelto en amenazas
de litigio con GMAT, trabado por la no liberación del 100 por ciento del tramo
de terreno necesario y afectado incluso por conflictos personales entre el
nuevo Gobernador y su secretario de desarrollo económico quien fue mandatario
interino por unos meses y, como se dice coloquialmente “se la creyó”, todo lo cual hizo que las cosas
cambiaran radicalmente.
Aunque
Márquez le entregó una propuesta sobre el tren a Enrique Peña Nieto,
aprovechando el envión del inicio de sexenio donde se presentaron planes para
los trenes México – Toluca y México Querétaro, en realidad el Gobernador ya
estaba pensando en otra cosa derivado de un viaje a Colombia durante su campaña
y de compromisos con la empresa de transporte Flecha Amarilla.
El
sistema de movilidad interurbano conocido como Unebus fue la alternativa y se
echó a andar en el último año de gobierno de Márquez, con lo que parecía que el
tren quedaba enterrado.
Ahora el
proyecto regresa, por enésima ocasión, de la mano del Gobernador Diego Sinhue
Rodríguez Vallejo y de Eduardo Sojo, titular del Iplaneg y uno de sus
originales impulsores, aprovechando la euforia de Andrés Manuel López Obrador
con la rehabilitación de los ferrocarriles como alternativa de transporte.
Para que
esta vez no quede, como las anteriores, en un simple tiradero de recursos que
consolide la fama de pozo sin fondo del “tren llamado deseo”, la nueva
administración panista tiene que asegurarse de contar con el 100 por ciento del
derecho de vía despejado, sabiendo que incluso parte de aquellos terrenos
comprados por López Santillana y su equipo, algunos a precios estratosféricos,
ya están invadidos o se han vuelto inviables.
Parece
una apuesta muy arriesgada para un proyecto tan manoseado y con tantos fracasos
a cuestas y para una administración que hasta el día de hoy no acaba de verse
cien por ciento funcional.
Aunque, desde
luego, por sueños no paramos, habrá que ver si allí donde han navegado jeques
árabes, financieros chinos, ingenieros canadienses, inversionistas alemanes y
constructoras indias, logran triunfar un tabasqueño y un guanajuatense a los
que parece unir sobre todo la afición al béisbol.
Veremos
si después del rosario de errores viene, aunque sea, una rolita productora.
P.S. Esta
columna no hubiera sido posible sin la abundante información contenida en el
blog Un Punto de Vista, de Fermín Salcedo Courtade, protagonista de buena parte
de esta historia.
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