Diego
Petersen Farah.
Medio en
broma, medio en serio, el pastor de una iglesia evangélica dijo que para
entender a López Obrador y su movimiento era mejor estudiarlo como religión que
como partido político. Hay que tomarlo por supuesto con humor, pero las
categorías de mito, rito y fe si ayudan a entender al Presidente y sus
decisiones.
La redención
de Manuel Velasco es uno de los pasajes menos comprensibles y más siniestros
del poder redentor del Presidente. Si alguien representa el estilo corrupto del
régimen priista -aunque él siempre ha sido electo por el Verde- es este ex
Gobernador de Chiapas que emuló a Peña Nieto no sólo en la invención de su propia
telenovela sino incluso en el peinado. Uno de los capítulos más vergonzosos de
la historia moderna de México la protagonizó él cuando se hizo cargar por
indígenas de la comunidad de Oxchuc, una práctica desterrada muchos años atrás,
una instantánea que le dio la vuelta al mundo como imagen del despotismo del
siglo XXI.
Resulta que
el poder redentor del todo poderoso logró que le borran de un plumazo al ex
Gobernador de Chiapas observaciones por 685 millones de pesos de programas para
la mujer y que fueron desviados, de la manera más burda, a través de empresas
fantasmas y comprobaciones falsas. Los cargos, claramente establecidos por la
Auditoría Superior de la Federación en las épocas de Juan Manuel Portal y
documentadas por Animal Político, desaparecieron como por arte de magia con la
llegada de David Rogelio Colmenares a la Auditoria. No sólo eso, sino que
cuando se quiso hacer la revisión en el Senado el grupo parlamentario Morena y
del Partido Encuentro Social (PES), cuya lideresa es nada menos que la ex
titular de la secretaría donde se dieron los desvíos, Sasil de León Villard, lo
impidieron. Los pecados de ambos senadores, Velazco y De León fueron borrados
de una plumazo por la gracia transformadora del nuevo régimen.
Hoy el
partido Verde es uno de los satélites de Morena en las cámaras y el auditor
perdió toda independencia y credibilidad. El mecanismo usado por Manuel Velasco
es exactamente el mismo de Javier Duarte ¿por qué uno es condenado a los
infiernos y otro llamado a la derecha del gran líder? Porque el Tlatoani
castiga, pero también perdona; porque de los arrepentidos es el reino de López
Obrador. Pero también porque cuando se trata de hacer mayorías en las cámaras
todos los políticos son iguales, panistas, priistas, perredistas, verdes, emecistas
o morenistas; porque el poder es el poder y todos comen del mismo plato, la
misma materia.
Por supuesto
que hay muchas cosas diferentes entre el Gobierno de López Obrador y los
anteriores, principalmente el mito fundante de que la corrupción de acabó, el
rito religioso de las siete de la mañana, pero sobre todo la fe de muchos
mexicanos que creen en la gran transformación y en el poder redentor del
Presidente.
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