Tatiana
Clouthier.
Ya en varias
ocasiones he dicho que no tengo palabras para agradecer a Morena por su
generosidad, al permitirme estar y ser parte del grupo parlamentario.
Se requiere
entender que la 4T es un movimiento amplio, plural y de participación activa de
la sociedad. En él caben quienes buscan un país con justicia social, sin
corrupción, con oportunidades para todos (as) y democrático, entre otras cosas.
Ante ello, y
ya pasada la elección presidencial, queda un reto fuerte para el partido en el
momento clave de cambiar sus liderazgos. Sí, el partido con sus miembros deberá
decidir si realmente estarán a la altura de lo demandado a la 4T, o si
simplemente será un grupo más que se dedicará a jugar en las elecciones y
disputarse puestos de poder.
A mí no me
cabe la menor duda de que quienes han luchado por tantos años con el hoy
Presidente de la República son listos y quieren que el proyecto realmente
perdure. Por ello, deben analizar a quién eligen para sacar adelante la
consolidación de por lo que tantos años lucharon. Ya lo decía en días pasados
en una entrevista con Viridiana Ríos: “Para que un partido se considere
consolidado, debe tener por lo menos en tres elecciones intermedias 10 puntos
porcentuales de voto”. El reto no es menor.
Así las
cosas, la tarea grande para Morena será realmente la elección de 2021. Durante
el proceso recientemente vivido, se observó claramente que aunque Morena obtuvo
dos gubernaturas, perdió casi todo en otros estados, como Tamaulipas, Quintana
Roo y Durango, donde no fue capaz de presentar buenos cuadros, se dividió y
repitió situaciones que restan en lugar de multiplicar.
Por esto es
fundamental que los fundadores, acompañantes del movimiento y de AMLO desde
2000 o antes, entiendan la importancia que tiene su próxima dirigencia.
La elección
de 2018 tuvo éxito por muchos motivos, y uno fundamental fue ser capaz de
caminar hacia un centro conciliador de sumas que multiplicaban y no extremos
que restan.
Al día de
hoy, el partido tiene varios jugadores. Uno, repetir con la presidencia actual.
A ella, no podemos olvidar, se le debe mucho y sobre todo se le debe agradecer;
sin embargo, sería de más provecho tener su talento al servicio de México.
Dos, está
Alejandro Rojas, quien tristemente y entendiendo posibles motivos, polarizó demasiado
y dañó los hilos comunicantes que pudieron y se requerían para multiplicar.
Asustó al votante flotante que había atraído Morena y radicalizó posturas
innecesariamente. También está, por otro lado, Bertha Luján. Mujer
comprometida, trabajadora, incansable y capaz. No obstante, Bertha tiene un
problema ajeno a ella: una de sus hijas es secretaria de Estado. Claro, por
méritos propios que están por demás claros. Otra hija acaba de tomar las
riendas en un puesto muy alto dentro de Seguridad, desocupado por Eunice
Rendón.
También está
su esposo, Arturo Alcalde. Abogado connotado, asesor laboral y sindicalista. Lo
anterior podría parecer poca cosa, más con los nuevos cambios a la ley laboral,
donde la democracia sindical y el papel de los sindicatos jugarán un papel muy
importante. Conclusión: demasiado poder concentrado en una sola familia.
Por último
aparece Mario Delgado, quien ha caminado y trabajado, desde por lo menos el
2000, con AMLO. Tiene experiencia en hacer campañas y ganarlas. Ha sido
funcionario público y legislador. Ha sabido construir consensos, sumar y ha
construido puentes. Sin duda, Delgado sería quien puede multiplicar y hacer que
en el 21 se inicie la consolidación de Morena.
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