Por Efrén
Flores.
La
corrupción y las irregularidades tuvieron diversos rostros y caminos durante el
sexenio pasado. Muchos de ellos, de manera directa o indirecta, fuera de manera
local o federal, estuvieron relacionados con el ex Secretario de Hacienda
(2012-2016) y de Relaciones Exteriores (2017-2018) Luis Videgaray Caso, de
acuerdo con diversas investigaciones del Gobierno federal que aún están en
curso.
“Tiene
que ser comprobado jurídicamente pero, Videgaray fue como el cerebro de todas
estas tramas de corrupción que se destaparon en el sexenio de Enrique Peña
Nieto. Cerebro porque es una forma de tomar decisiones de Luis Videgaray, en
donde confunde los intereses privados con la toma de decisiones del Gobierno”, dijo a SinEmbargo el analista
político de la Universidad de Guadalajara (UdeG) Enrique Toussaint.
“Videgaray
como Carlos Salinas son mentes brillantes que, definitivamente, no usaron esa
brillantez y esa inteligencia para construir bien público, sino para
enriquecerse y plantear una agenda transversal a la del Gobierno. Hasta donde
se sabe, Videgaray tenía presencia en todas las secretarías de Estado con fines
fieles a él”, dijo a
este diario digital el doctor Juan Luis
Hernández Avendaño, director de la Facultad de Ciencias Políticas de la
Universidad Iberoamericana de Puebla.
El académico
refirió que los miles de millones de pesos desviados durante el sexenio
pasado “no se pueden entender en espacios autónomos de corrupción de mandos
medios superiores hacia abajo. Los miles de millones de pesos no pudieron
perderse sin el evidente conocimiento de la Secretaría de Hacienda. […]
Videgaray –como muchos otros– por supuesto que lo sabía; pero también sabía
cómo no dejar huellas o cómo, eventualmente, no quedar implicado en los grandes
saqueos”.
Recientemente,
por ejemplo, el abogado del ex director de Petróleos Mexicanos (Pemex),
Emilio Lozoya Austin, pidió que el Gobierno federal investigue a Videgaray y al
ex Presidente Peña por las irregularidades en las compras de las plantas de
fertilizante Agro Nitrogenados y Fertinal, entre los años 2013 y 2015.
La petición
de Javier Coello Trejo tiene que ver con la inhabilitación y orden de
captura en contra de Lozoya, luego de que el Gobierno federal determinara que
hubo malos manejos en la compra de las plantas “chatarra” que, en el último año
de Peña Nieto y según la Auditoría Superior de la Federación (ASF), causaron un
boquete de más de 5.1 mil millones de pesos en obras de rehabilitación,
derivado de “pérdidas por deterioro”, “costos adicionales” injustificados y
adeudos desligados de obras “debidamente concluidas”.
“Es
incomprensible que no hayan citado a quienes aprobaron y autorizaron la
compra”, dijo Coello
en conferencia de prensa este año, advirtiendo que personas como Videgaray, que
formaron parte del Consejo de Administración de Pemex, también tienen responsabilidad
en el asunto.
VIDEGARAY-RELACIONES-EXTERIORES.
Las actas de
Pemex indican que Videgaray fue integrante de dicho Comité durante
2013-2014. Y la Ley de la Empresa Productiva del Estado, en su Artículo 35
establece que, como tal, Videgaray sería “solidariamente responsable” de las
irregularidades y daños que puedan ser probados, toda vez que estuviera
enterado de los hechos, pero sin actuar para evitar el perjuicio y enmendar el
daño.
Para
Toussaint, “Luis Videgaray Caso, Enrique Peña Nieto, Emilio Lozoya Austin…
toda esta plana mayor de funcionarios del peñismo eran operadores de intereses
que buscaban fortalecer la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional
[PRI]”, a través de “redes de sobornos, moches y contrataciones” que
funcionaron durante la primera mitad del sexenio, antes de que las tramas se
vinieran abajo.
La manera
de operar de Videgaray fue, en ese sentido, un reflejo de la forma de actuar
del Gobierno peñanietista que, por medio del dinero de empresas nacionales y
trasnacionales, además del desvío de recursos públicos, financiaban una
estructura al “viejo estilo priista”, comentó el analista político de la UdeG.
“Si
podemos caracterizar al sexenio de Peña Nieto, es el arribo al Gobierno federal
de un grupo político –Atlacomulco– con muchísimos intereses económicos, que
protege y ampara a distintos intereses fácticos de nuestro país. El Grupo
Atlacomulco del Estado de México, el peñismo, es la culminación del contubernio
entre la élite política y la élite económica […] que gobernaban y se protegían
en conjunto”, con una forma de enriquecimiento y obtención de recursos
caracterizada por el desvío de recursos”.
Dentro de
este entramado, “como brazo económico, empresarial y administrativo de Peña
Nieto”, añadió Toussaint, sería “imposible” que Luis Videgaray Caso no
estuviera al tanto de los principales esquemas de licitaciones, concesiones y
acuerdos que devinieron en actos de corrupción.
Sin embargo,
la responsabilidad de Videgaray en las irregularidades de casos como el de
Pemex va más allá de su actuar como funcionario público. Antes de formar parte
del Consejo de Administración de la petrolera, el ex Secretario de Hacienda
laboró (1998-2000) para Evercore (antes Protego). Una compañía que en 2015 fue
contratada por el Gobierno federal, para valuar la compra de las plantas de
Fertinal.
La vida
laboral de Videgaray en Evercore no sólo fue una pieza clave para la compra de
las plantas “chatarra” sino que, asimismo, hizo que Videgaray y Lozoya –quien
entonces trabajaba en OHL– terminaran por conocerse y entablar una gran amistad
y vínculo profesional, según las declaraciones del ex titular de Pemex, en entrevista (2012) con
ADNPolítico.
“Un mes y
medio después de ser nombrado Lozoya Austin como director general de Pemex, tan
sólo un mes y medio después, Pemex adjudicó de manera directa, sin licitación,
la primera fase del gasoducto Los Ramones, un proyecto de mega infraestructura
gasífera con un costo de más de 2 mil millones de dólares. Ese mega proyecto se
le asignó […] a Sempra, ahora IEnova, empresa que dirige en México Carlos Ruiz
Sacristán, compañero del propio Lozoya Austin en OHL. ¿Quiere saber a qué empresa
asignó Pemex para llevar a cabo el armado financiero? A Protego, de Pedro
Aspe”, le dijo a
Videgaray la entonces Diputada Luisa María Alcalde Luján, durante una
comparecencia (2013) en el Congreso de la Unión.
Pero el
nombre del ex Canciller mexicano y su presunta relación con actos de corrupción
aparece no sólo en el sexenio presidencial de Peña Nieto, también en su
campaña.
Luis
Videgaray Caso coordinó en 2012 la campaña política del entonces candidato
presidencial Enrique Peña Nieto. Era febrero, cinco meses antes de las
elecciones y la mano derecha de Peña, Videgaray, ya dejaba huellas en el lodo
con una presunta triangulación de recursos ilícitos provenientes de una cuenta
del Estado de México (Scotiabank no. 03800806935) para favorecer al PRI, de acuerdo
con una denuncia pública del entonces coordinador de campaña de López Obrador,
el Senador Ricardo Monreal Ávila.
Monreal también
aseguró que Videgaray estaba registrado (cliente no. 123941072) como uno de los
administradores de la cuenta bancaria del Gobierno mexiquense que, de febrero a
junio de 2018, tuvo ingresos “inusuales” de más de 8.6 mil millones de pesos
mientras que, desde 2011, dicha cuenta tuvo movimientos mensuales promedio de
153 mil pesos. Sin embargo, el rastro de los “ríos de dinero” denunciados por
Monreal fue incierto pues, tan pronto como inundaban la cuenta, fluían “para
tratar de comprar la Presidencia de la República”.
VIDEGARAY-SCOTIABANK.
Como
director de campaña, Luis Videgaray estuvo metido en las decisiones
financieras de Peña Nieto. De acuerdo con Enrique Toussaint, “cuando se acercan
inversionistas –como Odebrecht, OHL, entre otros– lo normal es que el director
de campaña sepa los números, los compromisos y el costo que tiene recibir ese
tipo de inversión de empresas trasnacionales”.
Las
irregularidades durante la campaña política de 2012 –que surgieron a la par que
el caso Monex– no pararon con la afluencia de dinero. Monreal acusó que
Videgaray manejaba recursos del Estado de México a pesar de que, a partir de
2009, dejó de ser funcionario público en la entidad federativa. De ahí en
adelante, hubo incongruencias administrativas que acompañaron a Videgaray en
sus años de gestión como funcionario del Gobierno federal.
GRUPO HIGA
Luis
Videgaray cumplía dos años como Secretario de Hacienda y Crédito Público
cuando el Wall Street Journal reveló que poseía una casa de 7.5 millones de
pesos (constantes a 2014) en Malinalco, Estado de México. Una propiedad
adquirida por Videgaray a través de Juan Armando Hinojosa Cantú, fundador de
uno de los principales contratistas gubernamentales durante el sexenio
peñanietista, la constructora Grupo Higa.
Al igual
que la llamada “casa blanca”, el inmueble de Malinalco salió a la luz pública
en un momento en que Grupo Higa y el Gobierno de Peña Nieto eran acusados de
hacer negocios con tráfico de influencias y conflictos de interés.
Aunque
Videgaray se defendió diciendo que la casa fue comprada dos meses antes de que
Peña Nieto asumiera la Presidencia de la República, en un momento en que no
tenía un cargo público, existieron contradicciones que el Secretario de
Estado no pudo esclarecer del todo, como lo fueron la hipoteca de 532 mil
dólares con Grupo Higa –en lugar de una institución financiera– y con una tasa
de interés (5.31 por ciento anual) inferior a la del promedio de los bancos (12
por ciento anual en 2012); o el cobro del pago en cheque de Videgaray por parte
de la empresa, un año después de la entrega del mismo.
Hasta ese
año, la empresa de Hinojosa Cantú tenía amarrado un contrato de 3.4 mil
millones de dólares para construir el acueducto más extenso de América Latina,
conocido como Monterrey VI, así como en un proyecto de 460 millones para un
nuevo museo en la ciudad colonial de Puebla. Sin embargo, Videgaray e Hinojosa
ya llevaban una década como “amigos”, según las declaraciones de ese año del
Secretario de Hacienda. Esto es, desde que Videgaray estuvo en las filas de la
consultoría Protego, la cual se encargó de renegociar la deuda (30 mil mdp) del
Estado de México durante la administración de Arturo Montiel Rojas (1999-2005).
El
escándalo de la “casa blanca” y de Malinalco no sólo destapó “graves conflictos
de interés entre las empresas concesionarias de infraestructura federal, con el
Presidente y su Secretario de Hacienda”, como señaló (2015) el centro de
análisis e investigación Fundar. A finales de 2014, los vínculos de Videgaray
con Grupo Higa coincidieron con un escándalo a nivel internacional, ligado a la
cancelación del Tren de Alta Velocidad México-Querétaro.
La
construcción del Tren de Alta Velocidad fue anunciada en diciembre de 2012.
Casi dos años más tarde, el 3 de noviembre de 2014, el Gobierno federal informó
que la compañías chinas Railway Construction Corporation y CSR Corporation
Limited, así como la francesa Systra y las mexicanas GHP Infraestructura, GIA,
Prodemex y Teya (subsidiaria de Grupo Higa) habían obtenido la licitación
pública internacional de 40.7 mil millones de pesos para su puesta en marcha.
Empero, tres días más tarde, el Ejecutivo Federal anunció que el fallo de la
licitación quedaba sin efecto.
La
cancelación se debió, en parte, a la participación de la constructora Treya que
se llevaría 8.9 mil millones de pesos con la obra de infraestructura pública.
El 6 de noviembre de 2014, el entonces Secretario de Comunicaciones y
Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, señaló que el Presidente Peña Nieto aprobó
la revocación del fallo para evitar que un proyecto tan importante fuera
cuestionado por el escrutinio público, en el marco de los escándalos de la
“casa blanca” y el inmueble de Malinalco.
LA ESTAFA
MAESTRA.
Entre 2013 y
2014, 11 dependencias del Gobierno federal utilizaron un esquema de
triangulación de recursos públicos, a través de 186 empresas, además de
universidades estatales, para desviar más de 7.6 mil millones de pesos, de
acuerdo con una investigación de Animal Político y Mexicanos contra la
Corrupción e Impunidad (MCCI).
El
“posible delito de Estado”, de acuerdo con las declaraciones (2019) del Fiscal
General de México Alejandro Gertz Manero, habría sido encubierto por diversas
instancias públicas, entre las que se encuentran las secretarías de Hacienda y
de la Función Pública.
En los años
en que ocurrió la llamada “Estafa Maestra”, Luis Videgaray tuvo a su cargo a
un Servicio de Administración Tributaria (SAT) incapaz de detectar a las
empresas que simularon domicilios fiscales y emitieron facturas apócrifas.
También tuvo a su cargo a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) que
no detectó las cuentas de banco que fueron abiertas con documentos falsos, así
como a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) que fue incapaz de prevenir
el desfalco y el lavado de dinero público.
Incluso, este
año la Secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, refirió que
también “en Relaciones Exteriores estuvo la ‘Estafa Maestra’. Se hizo un
convenio de colaboración con una institución de educación superior pública
menor para que se le diera un entregable, un manual de operación” para la
aplicación de un reglamento.
Pese a
que Videgaray aún no estaba al frente de la Cancillería de México, este tipo de
irregularidades continuaron bajo su administración. En la primera entrega de la
Cuenta Pública de 2018, la ASF reconoció que la Secretaría de Relaciones
Exteriores (SRE) no reguló, coordinó ni registró los donativos internacionales
para la reconstrucción posterior a los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017.
“Se
desconocen los montos totales, modalidades y uso de las donaciones en especie,
de apoyo técnico y en dinero, en incumplimiento de la Ley de Cooperación
Internacional para el Desarrollo”, observó el órgano fiscalizador en una revisión de desempeño
dictaminado el 6 de junio pasado.
Al igual que
Gertz Manero y Eréndira Sandoval han denunciado las deficiencias de la SHCP, la
ASF determinó que “las deficiencias e insuficiencias detectadas denotan que la
SRE no contribuyó a contar con un mecanismo ágil, transparente y efectivo de
control y coordinación para que los recursos donados sean administrados y
entregados en beneficio de la población”.
En ese
sentido, la Ley General de Responsabilidades Administrativas indica en su
Artículo 6 que “todos los entes públicos están obligados a crear y mantener
condiciones estructurales y normativas que permitan el adecuado funcionamiento
del Estado en su conjunto, y la actuación ética y responsable de cada servidor
público”.
Asimismo, el
Artículo 62 establece que “será responsable de encubrimiento el servidor
público que cuando en el ejercicio de sus funciones llegare a advertir actos u
omisiones que pudieren constituir Faltas administrativas, realice
deliberadamente alguna conducta para su ocultamiento”.
VIDEGARAY,
BELTRONES Y DUARTE.
Así como en
febrero de 2012 –a cinco meses de la elección presidencial de ese año– Luis
Videgaray Caso fue acusado de un desvió millonario de recursos del Estado de
México a favor del PRI, en 2016 habría orquestado, junto con el entonces presidente
del partido Tricolor, Manlio Fabio Beltrones Rivera, y el otrora Gobernador de
Chihuahua, César Duarte Jáquez, el desvío de 250 millones de pesos de las arcas
estatales a los bolsillos del PRI, para los comicios federales del 1 de julio
de 2018.
El
escándalo de corrupción electoral surgió a raíz de una investigación de la
Fiscalía General del Estado (FGE) de Chihuahua. En el entramado de malversación
de fondos públicos también habrían estado involucradas las administraciones de
Durango, Puebla, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Veracruz, cuyas secretarías de
Hacienda y Educación Pública participaron como excipiente de transferencia de
recursos estatales al PRI.
De acuerdo
con la información pública divulgada al respecto, la llamada “Operación
Safiro” habría funcionado de la siguiente forma: Los 250 millones de pesos
habrían sido desviados desde la Secretaría de Hacienda –encabezada por
Videgaray– a entidades con gobiernos priistas (Chihuahua, Tamaulipas y
Veracruz). Despúes, los recursos entregados a los gobernadores –César Duarte
Jáquez, Egidio Torre Cantú y Javier Duarte de Ochoa– fueron enviados, en
coordinación con Beltrones, a entidades federativas en donde el PRI era
oposición, para reforzar el aparato político-electoral del partido, rumbo a los
comicios de 2018.
En la
trama de corrupción también habría operado el Ministro de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación (SCJN) Eduardo Medina Mora, quien por años amparó una
resolución de Controversia Constitucional para evitar que hubieran
investigaciones relacionadas con la “Operación Safiro”, como en el caso del impedimento
legal para que la FGE de Chihuahua indagara (y que aún está en proceso de ser
revocado por la Consejería Jurídica estatal).
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