Jorge Zepeda Patterson.
Los memes no se hicieron esperar. Un avión estacionado afuera
de una unidad del Infonavit; un hombre acosado por el insomnio imaginándose
jugar arrancones en Eje Central cuando gane la rifa; otro que se pregunta qué
video de aeromoza utilizará para las instrucciones una vez que lo obtenga, se
decide por Toxic de Britney Spears; un gordo en calzones en el interior de la
nave contemplado su nueva adquisición. El anuncio por parte de López Obrador
de las opciones para enajenar el avión presidencial tuvo más kilometraje en la
blogosfera que los recorridos que llegó a hacer Enrique Peña Nieto en este
Boing 747, un verdadero “palacio en los cielos”, como lo describió el actual
presidente.
Pero no todo fue chunga en redes sociales. Muchos otros
aprovecharon el asunto para lanzar iracundos mensajes en contra de AMLO con
duros epítetos entre los cuales “payaso” fue uno de los más amables.
En el balance final de toda esta oleada de intercambios, yo
me quedo con uno que rezaba “está cagado que les parezca que rifar el avión presidencial
es una ocurrencia, pero que haberlo comprado por 218.7 millones de dólares en
un país con 52.4 millones de pobres, fuera de lo más normal”.
En efecto, los métodos de este Presidente para deshacerse de
un avión absurdo pueden ser anecdóticos, pero llama la atención el encono
con el que se le crucifica, considerando el desinterés que mereció en su
momento esta infame compra.
Hasta la fecha se han pagado 1,833 millones de pesos y
faltarían por liquidar 2,724 millones de aquí al 2027, nos guste o no. En total
un costo superior a 4,500 millones de pesos, que habrán de salir de los
bolsillos de todos por una decisión de Felipe Calderón tomada en los últimos
meses de su sexenio, con el propósito de que su sucesor no se molestara en
pisar los pasillos de un aeropuerto cuando viajase al extranjero.
En aquella ocasión algunos nos preguntamos si esa generosidad
del panista para con el priista fue una forma de comprar beneplácitos e
impunidades. ¿De qué otra manera se entendería pagar por un lujo de esa magnitud
sabiendo que no habrá de recibirse sino hasta después de entregar el poder a su
sucesor?
Hoy que el avión se vende prácticamente nuevo, pero a mitad
de precio no se encuentran compradores; y no se les encuentra porque, en
efecto, se trata de una aeronave absurda.
Ningún jeque despilfarrador corrió a aprovechar la ganga;
ningún soberano de país rico se interesó por el tema. El avión en realidad
es incosteable para trayectos menores a cinco horas de vuelo, lo cual significa
que estaba destinado a viajes trasatlánticos, algo que un presidente realiza en
promedio dos o tres veces al año. Hasta el momento nadie en el mundo ha
encontrado sentido en adquirirlo; no obstante, por misteriosas razones,
Calderón consideró impostergable hacerlo a costa incluso de endeudar al erario.
Puedo entender que López Obrador, con su política de
austeridad, encuentre doloroso el pago de 2,700 millones pesos restantes
existiendo tantas asignaturas pendientes. Tras un año de frustrante búsqueda de
comprador, parece estar decidido a forzar las circunstancias para que el propio
avión pague la deuda pendiente. Cualquier cosa antes que seguir abonando
intereses a un monumento a la frivolidad y la corrupción política.
Supongo que algunos que ridiculizan a López Obrador son los
mismos que consideraban que el avión presidencial de lujo era una cuestión de
imagen para engrandecer el nombre de México. También los mismos, supongo, que
asumían como un motivo de orgullo para los mexicanos tener al hombre más rico
del mundo, en los años en que Slim encabezaba la lista. No parecen darse cuenta
de que tener a un millonario por encima de cualquier potentado alemán o
francés, o un avión presidencial más lujoso que el equivalente de Japón o de
Canadá no hace sino confirmar por qué seguimos siendo subdesarrollados. A los
ojos del mundo, que no ignora nuestros terribles niveles de desigualdad o
pobreza, tener el avión que ellos no tienen simplemente da cuenta del
despilfarro y la corrupción que explican el abandono a la mitad de la población
y los privilegios con los que opera la élite empresarial.
De las cinco opciones que el Presidente dio a conocer (venta
a un solo comprador, intercambio por equipos y medicinas, venta a doce
compradores, renta por horas y sorteo) la última, la rifa entre seis millones,
parecería la más compleja de instrumentar. Y sin embargo, creo que es la que
más le gustaría al propio López Obrador.
Un fuente ovejuna de seis millones de mexicanos estaría
subsanando y resolviendo un símbolo de la corrupción del pasado. Y no, no es un
Fobaproa, porque no se trata del rescate de un grupo de empresarios cuando se
convirtió en deuda pública la deuda privada de los bancos. Acá se trata de un
esfuerzo colectivo para neutralizar la infamia absurda de presidentes que
operaron a espaldas de ese colectivo y convirtieron en deuda pública un
capricho absurdo.
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