Alejandro
Calvillo.
Todos los
días recibimos información de más muertes por Covid-19 en México y nos
enteramos que las personas que perdemos presentaban alguna enfermedad previa,
en su gran mayoría relacionada con su mala alimentación: sobrepeso, obesidad,
hipertensión. Los reportes internacionales y nacionales lo advierten: México
tiene un alto riesgo frente al Coronavirus por la epidemia de obesidad y
diabetes que vive.
El dato
de México que más llama la atención en materia de Covid-19 es el promedio de
edad de las personas que están muriendo por esta causa, ya que está entre 7 y 8
años menos que el promedio global. La causa es simple: la porquería que comemos
y bebemos, la chatarra y las bebidas endulzadas, que son la causa principal del
sobrepeso, la obesidad y la diabetes.
Estos
alimentos, como lo expusimos la semana pasada, provocan inflamación en nuestros
organismos, sus ingredientes activan nuestro sistema inmunológico que los
percibe como una agresión. Lo que vemos en la obesidad y la diabetes es un
proceso inflamatorio crónico, permanente, que desgasta al sistema inmunológico
y lo debilita frente a otras amenazas.
Si la
mala alimentación de los mexicanos tiene como efecto la muerte de alrededor de
200 mil personas al año, más de 22 cada hora, sumándose el Covid-19, estas
muertes se dispararán. Desgraciadamente, la tragedia que ya viene ocurriendo en
México desde hace ya un par de decenios, tiene detrás poderosos intereses
económicos que ocultan sus causas: “es la falta de ejercicio”, “es la
responsabilidad de la gente”, “son las garnachas”.
No
importa su publicidad multimillonaria, la omnipresencia de sus productos, la
falta de información con etiquetados engañosos, su presencia en las escuelas,
su diseño hiperpalatable: la responsabilidad de la obesidad y la diabetes es
tuya.
No
importa que tus padres hayan contribuido a volverte adicto a lo dulce, como la
mayoría de los mexicanos, al darte un cereal 40 por ciento azúcar y lo demás
harina refinada, sin saberlo, porque en su caja decía que contenía minerales y
vitaminas adicionadas y ellos pensaron que era muy saludable, y porque tenía un
simpático tigrito dirigido a los niños, lo que lo convertía en un producto muy
tierno. No importa que desde pequeño te dieran la chispa de la vida sin tener
idea de que en un vaso te metían seis cucharadas de azúcar directamente a tu
organismo. Y, menos aún, del daño que te hacía esa cantidad de azúcar a tu
páncreas cada día. Tus padres, nunca tuvieron esa información, pero para las
corporaciones y sus aliados, la culpa fue de tus padres, la culpa ahora es
tuya, aunque los etiquetados que ponen en sus productos sean incomprensibles,
aunque sean mentiras que el niño consumiendo el producto crecerá grande y
fuerte, que tendrá mayores capacidades, que su digestión será mejor, que tendrá
huesos más fuertes, etc, etc.
Sin embargo,
una vez más la realidad llega para revelarnos la verdad de manera muy
trágica. Nuestro consumo de chatarra, el primero en América Latina y entre los
principales del mundo, nos expone débiles ante el coronavirus, con un organismo
permanentemente golpeado por estos productos llenos de azúcares añadidos, de
grasas saturadas, de sodio, de calorías vacías y una gran cantidad de
colorantes, saborizantes, endulzantes y aromatizantes químicos.
Nuestro
organismo, que ha reducido el consumo de verduras, frutas y granos enteros,
para sustituirlo con los ultraprocesados, ya no ingiere los fitoquímicos
presentes en los vegetales, las vitaminas y los minerales presentes en estos
vegetales y en los granos enteros, que son digeribles, que son biodisponibles.
Lo que ahora ingiere a cambio, son grandes cantidades de azúcares, grasas
saturadas, sal, calorías vacías, aditivos sintéticos, un coctel de ingredientes
no saludables.
La falta
de información sobre lo que comemos, sea bueno o malo, sea pro-inflamatorio o
anti-inflamatorio, es absoluta.
El nuevo
etiquetado nos permitirá saber un poco sobre algunos de los ingredientes de
estos productos que dañan nuestra salud, que afectan nuestro sistema
inmunológico. Sin embargo, para las corporaciones no importa la pandemia, no
importa la responsabilidad que tienen sobre las epidemias de obesidad y
diabetes, sobre la vulnerabilidad que han provocado ante el coronavirus, las
grandes corporaciones no quieren que ese mínimo de información llegue a los
consumidores.
Entre las
corporaciones que se están viendo más favorecidas con el coronavirius están las
chatarreras, desde los cereales de caja, hasta las bebidas endulzadas, pasando
por los lácteos azucarados, están incrementando sus ventas.
Se estima
que el sobrepeso y la obesidad aumenten en estos meses, cuando lo que
deberíamos hacer es aumentar el consumo de verduras, frutas, granos enteros,
los productos que son anti-inflamatorios.
Debemos
promover el consumo de alimentos frescos por nuestra salud, por el planeta y
por los agricultores, la gente del campo. De esta manera apoyamos a quienes
trabajan la tierra, a sus familias, fortalecemos nuestra salud, mejoramos
nuestras defensas, reducimos basura, cuidamos el planeta.
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