martes, 28 de abril de 2020

Eso sí (le) calienta.


Salvador Camarena.

Aunque hizo un batidillo de conceptos y supuestos equivocados en torno al anuncio del BID Invest y el Consejo Mexicano de Negocios de préstamos hasta por 12 mil millones de dólares, la respuesta de ayer del presidente Andrés Manuel López Obrador a ese tema refuerza la noción de que no le disgusta que le critiquen o ataquen, pero que lo que le saca de quicio es que lo dejen fuera de la fiesta.

No es la primera vez que López Obrador reacciona mal frente algo que no le alude en la forma que él tiene previsto. Lo vimos, no hace mucho, pero por desgracia muy reveladoramente, con las protestas de las mujeres de 2019 y 2020.

Como el reclamo no venía de un grupo de poder específico que AMLO reconozca y pueda descalificar fácilmente, y al mismo tiempo como las mujeres no demandaban una mesa de diálogo, presupuesto, una cita, una negociación, etcétera, sino ser visibilizadas en la agenda –lo que le restaría a él el supremo derecho a decir qué es tema y qué no– y justicia real y pronta frente a la violencia, los asesinatos y la discriminación –la agenda de género, que nunca ha sido prioritaria para Andrés Manuel–, el asunto le hizo crisis durante varias semanas. Y quizás ahí seguiríamos de no ser por la pandemia.

Si hubiera taurinos todavía en este mundo, podríamos decir que en el tema de las protestas de las mujeres se hizo lo que dictan las añejas, y hoy mal vistas, leyes de la tauromaquia: sacaron a AMLO de sus terrenos, y ahí, donde no domina la plaza, siempre es más sencillo verlo en su real dimensión.

Lo mismo ha ocurrido con el anuncio del domingo. Qué más da que el Presidente haya confundido préstamos entre privados con algo que debe avalar, e incluso fondear, su gobierno. Lo revelador es que le caló “el modito”.

Su respuesta fue a trompicones. Iba y venía en la descalificación: “no me gusta mucho el modito de que se pongan de acuerdo y quieran imponernos sus planes. Si ya no es como antes, antes el poder económico y el poder político eran lo mismo, se alimentaban, se nutrían mutuamente; ahora ya no, ahora el gobierno representa a todos, hay una separación entre poder económico y poder político. Entonces, ¿cómo que se hace un acuerdo y que ahora Hacienda lo avale? ¿Y qué, nosotros estamos aquí de floreros, de adorno?”.

Y de ahí el Presidente se fue a su cantaleta del Fobaproa, de Zedillo, de que sólo quieren que él apruebe, de que ya tenían cocinado quién sabe qué acuerdo, blablabla...

AMLO se fue de bruces en su respuesta de este lunes no porque desconociera que BID Invest es un brazo del BID que presta en otros países y en México, donde ya tuvo antes una ronda de créditos, a particulares. Y que sus iniciativas de préstamos tienen el componente financiero, sin duda, pero también un mandato de que esos proyectos terminen por generar desarrollo, misión que es congruente con el eje rector de su matriz, el Banco Interamericano de Desarrollo. Pero lo que haga BID Invest no depende del gobierno del país donde se ponen a financiar. Y cosa parecida hace el Banco Mundial. O sea, todo es bastante más rutinario de lo que parece.

Donde en realidad se atoró el Presidente es al ver que el comunicado de este domingo no lo hacía a él el niño del bautizo. Eso sí calienta a un priista. Que se mueva la hoja del árbol sin su visto bueno, así sea para anunciarlo él, le puede. Y mucho.

Seguro en su equipo ya tuvieron tiempo para explicarle que, en lo técnico, ni al caso su reclamo. Pero en lo político hay otra arista interesante. El vicepresidente, perdón, el supersecretario, oooh, el coordinador de la pandemia, Marcelo Ebrard, y la secretaria de Economía, Graciela Márquez, saludaron el anuncio de los préstamos. Ni modo que ahora borren sus tuits. Y sobre todo que ni modo que no intenten explicar en el extranjero que lo de ayer de AMLO fue sólo “un pronto”, que no hay en su reacción una pelea de fondo con los empresarios con iniciativas reales para la crisis y menos con apoyos de instituciones multilaterales en las que México participa.

Qué bueno que Ebrard tiene aspiraciones presidenciales, porque así, con un futuro qué jugarse, tendrá que cuidar quedar bien con su jefe y con sectores, nacionales y extranjeros, que necesitarán en el futuro ver que es un tipo confiable, y no un mero instrumento de YSQ.

En resumen: el desplante de López Obrador confirma que él sólo tiene un guion. Y que otros escriban fuera de ese libreto puede enriquecer la trama, así enerve al señor del Palacio.

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