Enrique
Quintana.
Estamos
viendo algo que nadie había visto en nuestra generación y la de nuestros
padres.
La economía
mundial caerá 3 por ciento este año y la de México en 6.6 por ciento, si se
hacen efectivos los pronósticos que ayer reveló el Fondo Monetario
Internacional (FMI).
Para la
economía mundial no hay datos de referencia, pero es muy probable que la caída
de este año apenas pueda ser equiparable a la que ocurrió en 1932 en tiempos de
paz, o al desastre que se produjo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando no
había mediciones como las que hoy hace el Fondo.
La caída de
3 por ciento en el PIB mundial es equivalente a 2 billones 597 mil millones de
dólares. Solo como un referente, esa caída es equiparable al doble de la
economía mexicana el año pasado.
O, si lo
quiere ver de otra forma, es equivalente a que perdieran su ingreso anual
completito 400 millones de personas, considerando el salario promedio de los
trabajadores formales en México.
De ese
tamaño es el impacto, y los precedentes hay que buscarlos 90 años atrás.
En el caso
de México, si el pronóstico del FMI es correcto, la caída de 6.6 por ciento
será superior a la de 2009, que fue de 5.3 por ciento e incluso a la de 1995,
que fue de 6.3 por ciento.
Para
encontrar una caída mayor, hay que remontarnos hasta el año 1932, cuando, de
acuerdo con las estadísticas históricas del Inegi, hubo una caída del PIB de
14.8 por ciento, como resultado de la Gran Depresión que afectó a casi todo el
mundo.
Y eso que
México no será el país más afectado.
Para Europa,
el efecto será terrible. Se anticipa que el PIB de Italia caiga en 9.1 por
ciento y el de España en 8 por ciento.
El comercio
mundial se derrumbará cayendo en 11 por ciento, un porcentaje superior a su
caída en 2009.
Lo que todos
estos números nos están diciendo es que la recesión económica que estamos
viviendo no es una más. No se irá a la colección de los periodos en los cuales
los ciclos económicos simplemente reportan bajas. Se trata de un trastorno
mayor del aparato productivo en el mundo entero.
Eso sin
tomar en cuenta la grave crisis de salud que está rondando ya los dos millones
de contagiados y los 126 mil muertos.
Los
pronósticos del FMI suponen que el proceso de regreso a la normalidad ocurrirá
en los siguientes meses, pero si las cosas se complicaran o hubiera nuevos
brotes en el futuro inmediato antes de que se desarrollara una vacuna, el FMI
considera escenarios alternos que implicarían que la recesión mundial siguiera
hasta 2024 aunque con caídas más suaves.
Es decir, el
principal organismo financiero internacional no descarta las posibilidades de
una crisis prolongada si hay rebrotes sin haber vacuna.
Cuando a una
persona le ocurre una desgracia, hay un momento en el que piensa: “no me puede
estar pasando esto a mí”.
Como
colectivos también tenemos esa tendencia. Pensamos: “esto que está ocurriendo
es algo irreal. Es como una pesadilla que en un par de meses se va a ir”.
Todos
teníamos nuestros planes, seguíamos con nuestras vidas, y pensábamos que la
pandemia podría ser un paréntesis que iba a marcar un mal momento en este 2020,
pero que la 'normalidad' iba a regresar pronto.
Es posible
que así sea. Hay esfuerzos creativos y financieros de gran escala para
convertir esa aspiración en realidad.
Pero el FMI,
con sus escenarios extremos, ya nos dijo que no debemos descartar que la
realidad pueda ser otra y que esta sea “la gran guerra” que va a pelear nuestra
generación, esta vez no entre países –por ahora– sino contra un virus, contra
un insignificante paquete de proteína envuelto en grasa que apenas podemos
imaginar.
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