Adela
Navarro Bello.
El gobierno de Enrique Peña Nieto a
través de la Procuraduría General de la República, tanto cuando la encabezaba
Arely Gómez, hoy Secretaria de la Función Pública, como después de tomar
posesión Raúl Cervantes, hizo ver a los mexicanos, a partir de información
proporcionada oficialmente o filtrada a determinados medios, que el epicentro
del fraude al estado de Veracruz que llevó a aquel gobierno a la ruina al ser
desfalcado de múltiples formas, estaba en el hoy detenido y ex Gobernador,
Javier Duarte de Ochoa, en su esposa Karime Macías Tubilla, y en los familiares
de ésta, por lo menos su madre, su padre y su hermana.
Empezando
con el cerebro criminal, oficialmente Duarte fue expuesto como un ladrón de
altísimos vuelos con propiedades en México, Estados Unidos y Europa, por un
valor de casi tres mil millones de pesos, además de cuentas bancarias, ranchos,
dinero en efectivo, y otros bienes valiosos en términos económicos.
La familia de la ex primera dama, y
ella misma, fue implicada cuando las investigaciones se determinó que muchas de
esas propiedades están a nombre de ellos, y se supone por la información de la
PGR, que estos no tenían los recursos lícitos para adquirirlas. Amén de los despilfarros en los que
cayó Karime Macías, al comprar artículos de lujo para su persona en exclusivas
tiendas de los Estados Unidos y México, que fueron mostrados a los mexicanos en
notas de prensa que reportaron el gasto de millones de pesos desde el primer
año de gobierno de Duarte; y más tarde se harían públicos los contenidos de
unas libretas donde supuestamente la ex primera dama anotaría transacciones
financieras, nombres de socios, direcciones de domicilios, planes oficiales, y
las ya célebres planas de “sí merezco abundancia”, cuadernos encontrados por el
Gobierno de Veracruz, en una “bodega de los tesoros” perteneciente a los
Duarte.
Los delitos en los que habrían
participado los Macías junto a Duarte, se comentó desde octubre de 2016 a los
pocos días que el ex Gobernador huyera del país junto a su esposa, eran
delincuencia organizada y lavado de dinero, como mínimo.
Sin embargo,
una vez detenido Javier Duarte por la Interpol con base en Guatemala, su mujer quedó en libertad. De hecho fue
deslindada de la investigación por el Subprocurador Jurídico y de Asuntos
Internacionales de la PGR, Alberto Elías Beltrán, quien declaró a medios de
comunicación: “Karime (así, sin prefijo ni apellidos) no tiene ninguna
solicitud de detención provisional dentro del proceso de extradición que se
está llevando a cabo, por lo que ellos (otros familiares) están libres, no
tienen ninguna situación de enfrentar a la justicia mexicana”.
Y efectivamente, a cuatro días de
haber sido detenido Javier Duarte de Ochoa en Guatemala, de Karime Macias nada
se sabe, lo cual es un insulto –de plano una mentada- hacia todos los
mexicanos, a quienes el propio Gobierno de Enrique Peña Nieto, vendió la idea
político-criminal, de que la mujer de Duarte estaba implicada en los daños
financieros al Estado de Veracruz.
En el mismo
2016, el diario Reforma de la Ciudad de
México publicó información que, según sus periodistas explicaron, obtuvieron de
la Procuraduría General de la República, en el sentido que en efecto, Karime
Macías, su padre, su madre y su hermana, estaban siendo investigados por esa
fiscalía, por los delitos de lavado de dinero y delincuencia organizada.
Incluso el periódico hizo público el número de averiguación previa:
FED/SEIDF/UEIDFF/0016531/2016.
Por eso resulta extraño que ahora,
luego de la captura y de tener a la familia Duarte y a la familia Macías
cautivos, decidan no investigarlos. Omisión que también
se presenta –hasta el momento- en el estado de Veracruz, donde Javier
Duarte tiene investigaciones abiertas y de hecho órdenes de aprehensión, pues
el Gobernador Miguel Ángel Yúnez ha
concentrado sus esfuerzos en llevar ante la justicia al ex mandatario estatal y
a sus más de 50 prestanombres, entre quienes poseen las 25 residencias en
varios países, y donde, de acuerdo a investigaciones ministeriales, aparecerían
como propietarios la esposa de Duarte y su familia.
El hecho que ni la PGR ni la Fiscalía
de Veracruz hayan solicitado una orden de aprehensión contra la señora Macías
Tubilla, a pesar de la información pública que han presentado para que los
mexicanos enterados asuman que se trata de una pareja criminal, o de un ex
gobernador y su esposa que abusaron del erario derrochando lo que no era suyo,
es el motivo de la sospecha de la que todos hablan: que la detención de Duarte
fue pactada a cambio de no investigar a su esposa, lo cual francamente parece
pueril aunque no imposible.
Y resulta un insulto hacia a los
mexicanos, a quienes es evidente, están mirándoles la cara de ingenuos por
decir lo menos, al primero crear el contexto de crimen alrededor de la mujer, y
luego no aprehenderla. Este hecho le abona a la
impunidad política y no a la procuración de justicia. Especialmente cuando
se informó que los Duarte-Macías utilizaron el dinero público para sus compras
privadas.
Primero el
Presidente Felipe Calderón Hinojosa, y después en 2013 el Presidente Enrique
Peña Nieto, intentaron a través de iniciativas para consolidar el combate al
lavado de dinero y al terrorismo, adicionar a la respectiva Ley un delito. El
delito de testaferrato, cuando una persona sirve de testaferro a otra, es decir
que permite que un bien adquirido de manera ilícita, con recursos ilícitos, sea
puesto a su nombre. Sin embargo ambos
mandatarios encontraron la negativa en la Cámara de Diputados.
Los dos
intentos presidenciales por reformar la Ley se dieron para cumplir con el GAFI
(Grupo de Acción Financiera Internacionales), y lograron que por lo menos, se aprobaran modificaciones a la Ley para
intensificar el combate al lavado de dinero y al terrorismo, que permitan, de
acuerdo a interpretaciones y trabajo de la Procuraduría General de la
República, probar que personas como Karime Macías participan en el lavado de
dinero al adquirir a su nombre propiedades y artículos de lujo con dinero
extraído del erario veracruzano, o de procedencia ilícita; un abogado
consultado refirió que aunque los diputados no aprobaron el testaferrato, sí hicieron agregados para que esa conducta
fuese tipificada como lavado de dinero.
Ahora los
senadores de la república del Partido de la Revolución Democrática, del Partido
Acción Nacional (por supuesto los del PRI se quedan callados), están
solicitando a la PGR que investigue a Karime Macías y a su familia, para que no
suceda lo acontecido con Javier Duarte en octubre de 2016, cuando se fugó.
Y esa es una petición que harían
propia muchos mexicanos hartos de ver en la corrupción y la impunidad una burla
de parte de sus gobernantes que confunden su posición con un lucrativo negocio
y que el dinero público se lo llevan a los bolsillos sin un dejo de vergüenza,
como si padecieran ya una locura moral visible al menos en la mirada de Javier
Duarte de Ochoa y de su esposa Karime, que ahora en vez de abundancia, merece
otra cosa.
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