Salvador Camarena.
Brasil cuida
los intereses de los brasileños. ¿México cuida los intereses de los mexicanos?
El 29 de mayo la justicia brasileña
dio a conocer que entregaría a otros países la información relativa a los
sobornos internacionales aceptados por la empresa Odebrecht, a condición de que
los funcionarios de esa compañía queden a salvo de juicios y de que se evite la
exhibición pública de las pruebas.
Como se sabe, esa empresa es acusada
de montar una maquinaria de corrupción que operó en una docena de países, en
los que repartió en mordidas al menos 439 millones de dólares, de ellos 10.5
millones en operaciones realizadas en México entre 2010 y 2014.
(http://bit.ly/2s7pth9).
En lo que
Brasil ha pedido hay elementos jurídicos irreprochables (no se debe juzgar a
una persona dos veces por el mismo delito, por ejemplo). Sin embargo, es evidente el sentido proteccionista que, como es
clásico en ellos, los brasileños imprimen al sentido de esas condiciones.
Evidente y
hasta lógico: cuidan los intereses de
sus conciudadanos, incluidos funcionarios investigados y sancionados por
corrupción de una enorme empresa brasileña que sigue en activo.
La noticia de las condiciones
brasileñas ha sido recibida con desencanto por quienes consideran que con ello
se posterga y/o dificulta la justicia.
Por ejemplo, en Panamá (donde
Odebrecht también corrompió), la Fundación para el Desarrollo de la Libertad
Ciudadana, que es el capítulo de Transparencia Internacional en ese país,
emitió el 1 de junio un boletín donde señala que “compartimos la decepción y frustración
de la sociedad panameña de llegar a hoy, primero de junio, con las
declaraciones de la procuradora, Kenia Porcell, del día de ayer, en que
confirmó que la falta de un acuerdo entre Brasil y Panamá ha evitado que las
confesiones de André Rabello, ex directivo de Odebrecht Panamá, estén
disponibles para revelar los nombres de los funcionarios que aceptaron
sobornos, blanquearon capitales o fueron cómplices en esta maraña delictiva”.
(http://bit.ly/2qObpoQ)
En México, el caso Odebrecht como tal
no existe. Hay
algunas pesquisas derivadas del caso Odebrecht internacional, pero una
investigación robusta, ejemplar del combate a delitos de corrupción, por parte
de la Procuraduría General de la República y/o la Secretaría de la Función
Pública, no se ha visto por ningún lado en estos cinco meses, periodo
transcurrido desde que en diciembre se supo que en una Corte de Estados Unidos
había una confesión de ejecutivos de esa constructora aceptando que
corrompieron en México.
Cómo se puede hablar de una pesquisa
real si –para empezar– hasta la semana pasada en círculos cercanos a Emilio
Lozoya se aseguraba que el exdirector de Petróleos Mexicanos no había sido
llamado a declarar. Ese interrogatorio parece indispensable si se toma en
cuenta: a) que buena parte, y sobre todo los más sustanciales en cuanto a
volumen, de los contratos de Odebrecht son con Pemex, y b) que en Brasil hay
imputaciones contra Lozoya por este caso.
EL FINANCIERO informó en abril que
Odebrecht negocia un pago como reparación del daño. La primera oferta de
Odebrecht fue que pagaría 20 millones de dólares (el doble de lo erogado en
sobornos).
(http://bit.ly/2oB84ZF)
¿De cuánto
debería ser el castigo económico a Odebrecht? Antes que aceptar el doble o el triple de lo que dio en mordidas, ese
cálculo debería hacerse con respecto a sus ganancias al corromper y al tamaño
de la maquinación, de la intención de violar la ley, pues, y no con respecto a
lo pagado en corrupción.
Pero para ello debería haber una
genuina investigación, una que desvelara la maraña delictiva, dicen en Panamá,
entre corruptores y corrompidos.
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