La Procuraduría General de la
República (PGR), a cargo de Raúl Cervantes, es la autoridad que debe investigar
el desvío de 7 mil 670 millones de pesos que hicieron 11 dependencias del
gobierno federal y ocho universidades públicas del país entre 2013 y 2014. Se
trata, coinciden especialistas, de un posible caso de peculado y lavado de
dinero.
Aunque la
Auditoría Superior de la Federación (ASF) interpuso
seis denuncias de hechos por la comisión de presuntos delitos cometidos por
funcionarios públicos en el ejercicio fiscal de 2013, a través de este esquema
de desvío, hasta el momento no hay ningún sentenciado.
Animal
Político y Mexicanos contra la Corrupción documentaron en La estafa maestra que
las dependencias y universidades firmaron convenios para hacer supuestos
servicios, pero las instituciones educativas subcontrataron a 186 empresas; de
ellas, 128 son ilegales y aun así recibieron 3 mil 433 millones de pesos de
recursos federales.
Luis Manuel
Pérez de Acha, experto en Derecho
Constitucional, Fiscal y Administrativo, aseguró que este esquema es un desvío
de recursos públicos con la presunción de dos delitos: peculado y uso indebido
de atribuciones y facultades. Por tanto, la PGR es la responsable de investigar
el caso.
Incluso, el tema va más allá: “los
recursos obtenidos por funcionarios públicos y particulares relacionados con ellos
son resultado de actividades ilícitas y se actualiza un delito adicional:
lavado de dinero, cuya investigación compete a la Unidad de Inteligencia
Financiera de la Secretaría de Hacienda”, dependencia a cargo de José Antonio Meade.
Pérez de
Acha también integrante del Comité de Participación Ciudadana del Sistema
Nacional Anticorrupción– asegura que con
el desvío de recursos públicos cometido por las dependencias del gobierno
federal y universidades públicas “se está en el supuesto de delincuencia
organizada”, cuya responsabilidad de investigación recae en la Subprocuraduría
Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), a cargo
de Alonso Lira Salas.
La investigación periodística
concluyó que 3 mil 433 millones de pesos están desparecidos, toda vez que las
empresas que recibieron los recursos no existen. José López Presa, ex comisionado
del IFAI y consultor externo de la Organización para la Cooperación y
Desarrollo Económico (OCDE) en materia de conflicto de interés, sostiene que ahora corresponde a la PGR con
ayuda del Servicio de Administración Tributaria, la Comisión Nacional Bancaria
y de Valores y la Unidad de Inteligencia Financiera seguir la pista del dinero
y conocer el destino final de esos recursos públicos, toda vez que tienen la
facultad y los instrumentos para lograrlo.
“Y no debe haber excusa de secreto
fiscal pues se trata del uso indebido, desvío y peculado de recursos públicos
federales”, asegura
López Presa, también integrante del Comité de Participación Ciudadana del Sistema
Nacional Anticorrupción.
Las
denuncias y los involucrados.
La ASF
denunció penalmente ante la PGR a la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol),
la Universidad Autónoma del Estado de México y de Morelos por este esquema de
desvió ocurrido en la Cuenta Pública 2013.
Las
denuncias involucran a servidores públicos y personas morales que realizaron
acciones u omisiones, que provocaron que la Sedesol “realizara el pago de
servicios respecto de trabajos convenidos que no fueron realizados o
entregados”.
Aunque la exsecretaria de Sedesol,
Rosario Robles, ha insistido que no firmó ninguno de los convenios con las
universidades, y, por tanto, no es responsable del desvío, el auditor Juan
Manuel Portal advierte que los titulares de las dependencias conocen de la
estafa.
“Quizá falte en el código penal un
delito que pueda ser por omisión. Porque los titulares nunca firman nada, pero
son los responsables de los recursos públicos que se les confió”, dijo.
Portal sostiene que la PGR podría
alcanzar a los titulares de las instancias aplicando el criterio del caso
contra el exgobernador Javier Duarte y el desfalco del presupuesto en Veracruz.
“Él no firmó nada, pero ¿dónde está todo el dinero que falta? Él es el
responsable de los recursos públicos que se le confiaron, para eso fue elegido
y no cumplió”.
Una buena
medida, insiste, es que cuando ocurran este tipo de convenios entre entidades
de gobierno, los titulares de las dependencias deben firmarlos para que se
responsabilicen porque “ahora es muy fácil: en los convenios con universidades,
el secretario le instruye al oficial mayor, y éste le dice a un director
general, y éste a un director de área, y luego a un subdirector, y así va
bajando en el escalafón. Entonces, tal
vez metan a alguien en la cárcel por estos convenios, pero no al que era el
responsable inicial. Por eso, es necesario que quien firme se responsabilice, y
para ello también se requieren sanciones”.
De la Sedesol salieron 2 mil 224
millones de pesos bajo este esquema, mientras Emilio Zebadúa era el Oficial
mayor –el encargado de administrar los recursos de la dependencia–. Ahora también tiene ese cargo en la Secretaría de Desarrollo Urbano, que
dirige Rosario Robles, y que también hizo convenios con la Universidad
Politécnica Francisco I. Madero de Hidalgo para hacer supuestos servicios.
Los
convenios, efectivamente son firmados por funcionarios menores de la
dependencia, como el director general de Atención a Grupos Prioritarios o el
director general adjunto de Operación de Programas de Atención a Grupos
Vulnerables de la Sedesol.
En el Banco
Nacional de Obras y Servicios Públicos, por ejemplo, firmaron el subdirector de
Recursos Materiales; subdirector de Tecnologías de la Información; gerente de
servicios de Tecnologías de Información y el gerente de Adquisiciones por
convenios que sumaron 491 millones de pesos.
Sin embargo,
el titular del organismo era Alfredo del
Mazo, gobernador electo del Estado de México, y su secretario de Finanzas era
Rodrigo Jarque. Trabajan juntos desde 2011, cuando Del Mazo fue presidente
municipal de Huixquilucan y Jarque era el tesorero.
Otros
implicados que siguen trabajando juntos son el exdirector del Registro Agrario
Nacional, Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez y su encargado de finanzas era Luis
Alejandro Peralta Glaxiola. Ahora, el primero es presidente municipal de
Hermosillo y el segundo es su Oficial mayor.
José Reyes
Baeza dirigía el FOVISSSTE cuando hubo cinco convenios con la Universidad
Autónoma del Estado de México (UAEM) por 249 millones de pesos. De ello, la
mitad no se ha comprobado en qué gastaron el dinero ante la Auditoría. Reyes Baeza fue ascendido y ahora encabeza
el ISSSTE.
El esquema de desvío ha ocurrido de
manera sistemática. Sólo entre 2012 y 2016, la administración federal ha
firmado más de mil convenios con universidades públicas estatales que
involucran más de 30 mil millones de pesos.
Los únicos detenidos por usar este
esquema de desvío son: Hugo Manuel del Pozzo Rodríguez y Enrique Fichtl
Becerra, exdirector de Recursos Financieros y exdirector de Desarrollo
Tecnológico de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM),
respectivamente.
Fueron detenidos en febrero pasado
por el delito de peculado debido al incumplimiento de un contrato firmado en
2011 con el gobierno de Oaxaca, a nombre de la UAEM.
El entonces
rector de la UAEM, Javier Olvera, denunció el caso y la PGR continuó la
investigación.
Del Pozzo Rodríguez también firmó
convenios con Sedesol en 2012; incluso, el ex rector Olvera siguió repitiendo
este esquema de contratación, pues entre 2013 y 2014, la Universidad firmó con
la Sedesol, FOVISSSTE, INEA y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes por
mil 449 millones de pesos. Todos los convenios fueron investigados por la ASF y
analizados por los periodistas que participaron en el reportaje La estafa
maestra.
Actualmente,
Javier Olvera es presidente de la
Comisión de Derechos Humanos del Estado de México. En tanto, Erick Herzaín
Torres Mulhia, continúa como director del Fondo de Fomento y Desarrollo de la
Investigación Científica y Tecnológica (FONDICT-UAEM) pese a los convenios
irregulares que hizo con Banobras, Senasica y el Registro Agrario Nacional por
mil 429 millones de pesos.
Para José
López Presa existe una ausencia de la Secretaría de la Función Pública porque
debería “asumir el liderazgo y formar un grupo en el que participen la
Auditoría, la PGR, el SAT, la Comisión Nacional Bancaria y la Unidad de
Inteligencia Financiera”.
Además, el Servicio de Administración Tributaria
tuvo conocimiento de las empresas que recibieron recursos públicos desde 2013 y
2014. Un caso que llama la atención es la empresa ESGER, Servicios y
Construcciones S. A. de C. V., que recibió 683 millones de pesos después de que
una docena de empresas le transfirieron recursos provenientes de la
Sedesol. Hasta el momento no ha sido
investigada por el SAT, a cargo de Osvaldo Santín.
En la visita
a la sede, después de tres años de haber participado en el fraude, se comprobó
que la “empresa” seguía en un despacho en la colonia Nápoles de la Ciudad de
México, de cinco metros cuadrados, que no tiene personal ni infraestructura.
Además, de acuerdo a su declaración anual, no declararon todos los ingresos que
entraron a su cuenta bancaria entre 2013 y 2014.
Pérez de
Acha concluye que la investigación de este caso no está condicionado al
nombramiento del Fiscal anticorrupción que permitiría la entrada en vigor del
nuevo Sistema Nacional Anticorrupción, toda vez que los delitos supuestamente
cometidos están tipificados y las atribuciones de las autoridades encargadas de
investigar también están claras con la actual legislación.
“A partir
del nombramiento del Fiscal se incluirán algunos delitos que también serán catalogados
como corrupción. Sin embargo, en lo que hace al desvío de recursos públicos, en
lo estructural, los delitos seguirán siendo los mismos”.

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