martes, 27 de noviembre de 2018

Otro ex cómplice incrimina a El Chapo en actividades de narcotráfico y sobornos a policías.

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Por Jesús Esquivel.

Miguel Ángel Martínez Martínez, El Tololoche o El Gordo, ex subalterno de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, reapareció en Nueva York para incriminar a su exjefe en delitos de tráfico de drogas a gran escala, lavado de dinero y sobornos a policías.

Durante la sexta audiencia del juicio contra Guzmán Loera, que se realiza en la Corte Federal del Distrito Este, en el barrio de Brooklyn, Nueva York, el gobierno de Estados Unidos presentó a El Tololoche como otro de sus testigos estelares para denunciar al acusado.

“Trabajé para el señor Guzmán en el narcotráfico de 1986 a 1998”, dijo Martínez Martínez al ser cuestionado por Michael Robbotti, uno de los siete fiscales del Departamento de Justicia estadunidense encargados de acusar a El Chapo.

La presencia de El Tololoche en el juicio estaba rodeada de misterio, ya que antes de que se sentara a declarar, en la sala del juez Brian Cogan, el magistrado determinó varios lineamientos de seguridad respecto del testigo del gobierno de Donald Trump.

Dirigiéndose a las cuatro dibujantes que en las audiencias realizan ilustraciones de lo que ocurre en la Corte, donde está prohibido tomar fotografías y videos del juicio, Cogan les pidió que para resguardar la identidad (apariencia física) de El Tololoche, hicieran un dibujo genérico de su rostro.

“Antes de que se retiren le deben mostrar al gobierno sus dibujos”, declaró el juez federal.

Martínez Martínez entró a la sala vestido de traje. Guzmán Loera, quien se encontraba sentado junto a su abogado Eduardo Balarezo, no le quitó la vista de encima. Y el líder de una de las fracciones del Cártel de Sinaloa se mostraba muy tranquilo en apariencia.

El Gordo, octavo testigo de la fiscalía que acusa a El Chapo de 11 delitos relacionados con narcotráfico y lavado de dinero, habló de los primeros años de la carrera delictiva de aquel, antes de que se formara la organización que hoy se conoce como Cártel de Sinaloa.

Bajo la tutela del cuestionamiento de Robbotti, El Tololoche reveló al jurado que es originario de Celaya, Guanajuato, que obtuvo licencia de piloto en Brownsville, Texas, y que fue una especie de “gerente” en las operaciones del trasiego de drogas de Guzmán Loera.

–¿Para quién trabajaba? –preguntó el fiscal.

–Única y exclusivamente para el señor Joaquín Guzmán Loera –respondió Martínez.

Por orden del juez a los dibujantes y por el secreto que la fiscalía y la defensa mantuvieron sobre la identidad del octavo testigo, antes de que fuera llevado a la sala. Se asume que Martínez Martínez en algún momento se entregó a las autoridades estadunidenses y que logró un acuerdo para traicionar a sus excolegas en el narco, a cambio de que se le permitiera vivir en Estados Unidos bajo el programa de protección de testigos con una nueva identidad.

Para asentar la relación entre El Tololoche y El Chapo, la fiscalía presentó ante el jurado una fotografía tomada –según el testigo– a principios de los años noventa del siglo pasado, donde está sentado al lado derecho del acusado, en una fiesta o reunión celebrada en un restaurante o una casa particular.

“Para el señor Guzmán cargué drogas, cocaína, mariguana y heroína, sobre todo cocaína colombiana… muchas toneladas que enviaba a Los Angeles, California… el 100% de la cocaína llegó a Estados Unidos, 55% era de cárteles de Colombia y el 45% del señor Guzmán”, aseguró El Gordo ante el jurado.

Guiado por Robbotti, el testigo hizo un recuento del tipo de relaciones que El Chapo tenía con narcotraficantes colombianos de los cárteles de Cali y de Medellín, y sobre los métodos que usaban para hacer llegar a México los cargamentos de cocaína que posteriormente enviaban a Estados Unidos.

Describió una sofisticada red de transporte aéreo –con pistas clandestinas– y marítimo, a través de barcos mercantiles y de pesca.

Relató al jurado la relación de Guzmán Loera con los hermanos Arturo y Héctor Beltrán Leyva, Amado Carrillo Fuentes y Miguel Ángel Félix Gallardo, entre otros capos mexicanos.

Además, El Tololoche se encargó de mencionar por primera vez en el juicio el nombre del abogado Huberto Loya Castro, operador de El Chapo Guzmán con los colombianos y a quien el gobierno de Estados Unidos califica como representante legal del Cártel de Sinaloa.

La misma Administración Federal Antidrogas (DEA) ha hecho acuerdos con Loya Castro para concretar traiciones entre los líderes de la organización criminal dedicada al trasiego de narcóticos.

Al hablar de corrupción por narcotráfico en México, en sus años como gerente del negocio de drogas de El Chapo, El Gordo narró la relación de su jefe con Guillermo González Calderoni.

“El señor Guzmán tuvo una relación desde siempre con González Calderoni, desde 1987, cuanto empecé a trabajar con él, hasta que el otro se fue de la policía a principios de 1991 o 1992, era su amigo. Decía (El Chapo) que era un policía muy inteligente”, comentó Martínez.

González Calderoni, excomandante de la Policía Judicial Federal, asesinado el 6 de febrero de 2003 en McAllen, Texas, huyó de México en 1993 tras ser acusado por el gobierno federal de enriquecimiento ilícito y delitos contra la salud (narcotráfico).

De acuerdo con la versión de El Tololoche, en 1987 en Reynosa, Tamaulipas, “en los jets del señor Guzmán dos o tres veces” le llevaron a González Calderoni 10 millones de dólares, como pago para que permitiera y garantizara las transacciones de trasiego de drogas del hoy acusado y procesado en la Corte Federal en Brooklyn.

La sexta audiencia del juicio que se sigue contra Guzmán Loera se destacó por algunas sorpresas: primero, el hecho de que Jeffrey Litchman, otro de los tres abogados del acusado, abandonara la sala casi al inicio de la sesión. En segundo lugar, destacó el misterio en torno a la identidad y seguridad del octavo testigo.

Y, por último, el hecho de que el juez obligara a Emma Coronel, la esposa de El Chapo, a que se sometiera al escrutinio de pasar por el detector de metales colocado a la entrada de su sala en la Corte, se quitara los zapatos y sacara todas sus pertenencias, como hacen con los periodistas y público que asiste al juicio.

El juez dijo que la medida se debía acotar, luego de que por medio de un video los alguaciles federales descubrieron que la señora Coronel usó un teléfono celular dentro de la Corte, lo cual está estrictamente prohibido.

“La agarraron con el celular”, le comentó el corresponsal de Proceso a la esposa de El Chapo durante el receso del almuerzo.

–No era ni mío –respondió.

–Para colmo.

–Sí.

La cónyuge de Guzmán Loera llegó a la audiencia vestida con un pantalón de mezclilla negro, blusa azul claro y saco azul rey, y botines de gamuza con plataforma. Su marido apareció de traje negro, camisa malva, corbata azul y zapatos cafés.

Desde el arranque de la audiencia, El Chapo se notaba incómodo con la vestimenta formal, porque no dejó de ajustarse el nudo de la corbata. Cuando los dos alguaciles que lo vigilan lo sacaron de la sala por el receso de la mañana, y tras reiniciarse la audiencia 15 minutos después, Guzmán reapareció sin corbata, justo para enfrentar con la mirada a El Tololoche, su exempleado y ahora traidor a su causa.

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