Javier Risco.
Gina
Jaramillo es una joven y entusiasta divulgadora de la cultura. Desde hace
varios años la conozco porque colabora en el programa matutino de W Radio, Así
las cosas. Su pasión por los libros, los ilustradores, la moda y las historias
infantiles la llevaron a abrir, en la colonia Roma, una tienda de libros, ropa
y juguetes para niños. Amante de la imaginación y la creatividad, el juego
favorito con sus dos hijos es la manufactura de disfraces en todas las épocas
del año, a Perseo y Javiera los viste de astronautas, futbolistas, superhéroes
y criaturas aún desconocidas.
No se está
en paz, una tarde organiza un festival de lectura, a la mañana siguiente
coordina contenidos en Ibero 90.9, más tarde entrevista a tres escritores y
cierra el día como espectadora de una obra de teatro. A Gina Jaramillo lo único
que le quedaba era escribir un libro infantil, y lo hizo.
Gina
escribió El sueño de Andrés, un libro para lectores de primera infancia con
ilustraciones increíbles de José Fragoso, y con una historia simple que habla
de los sueños de un niño que le gusta jugar al beisbol y que imagina ser
campeón con sus amigos… nada más.
Es una
maravillosa lectura de viaje o un cuento de buenas noches. La reflexión es muy
clara, la pregunta que la autora le hace a todos los padres y a todos los niños
que tienen este libro en sus manos es: “Dentro de ti existe la felicidad. Tus
pensamientos y tus sueños se vuelven realidad gracias a las personas con las
que conectas. ¿Y tú qué sueñas cuando estás despierto?” No puedo imaginar el
potencial de esta pregunta en un niño de 5 años, las historias que se desdoblan
y convierten este libro en uno de miles de páginas, en fin, es un texto que
pone a la escritora en la mira de una carrera que apenas comienza.
Sin embargo,
lo que más me ha llamado la atención es la manera en la que en las redes
sociales, algunos tuiteros, han tomado el libro infantil como un llamado al
adoctrinamiento de masas de edades tempranas a la cuarta transformación (entran
risas aquí) sin siquiera abrir el libro, porque si lo hubieran hecho sabrían
que sus afirmaciones rayan en lo ridículo; se han encargado de atacar a la
autora y a la periodista Gabriela Warkentin porque tuvo la dicha de presentarlo
en la más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Los
comentarios son absolutamente increíbles, les escribe Karla: “Yo creo que la
crítica se tiene que aguantar cuando eres periodista y haces propaganda
política, eso sí, no los insultos”. Por otro lado, Pablo comenta: “NO es labor
de un periodista presentar ‘preciosas’ hagiografías ¡PARA NIÑOS! sobre el
hombre más poderoso del país junto a una de sus principales publirrelacionistas.
Y MENOS si contribuyen a la construcción de un mito público que abona a su
poder. Eso es PROPAGANDA”. Agrega Juan: “@warkentin Por positivo que sea el
contenido del libro (cosa que dudo), no puedo dejar de cuestionarme qué hubiera
pasado si cualquiera de ustedes hubiera presentado algo similar para Peña o
Calderón”.
Sólo tres
ejemplos que exhiben los tiempos en los que vivimos. Warkentin a todos les
contestó con la misma pregunta: “¿Ya abriste el libro?” Nadie le respondió,
todos insistían en una tesis construida con telarañas mentales, hablando desde
la esquina del desconocimiento, buscando en la rendija de la indignación algo
que no existe. No se dan cuenta que han metido a Calderón, Peña y al “hombre
más poderoso del país” en una historia de un niño que batea al viento, que ama
ver de cerca las hormigas, que se acuesta en la hierba y que imagina un guante
en el tamaño de una nube.
Espejo de
miles de discusiones diarias, nos hemos convertido en arrebatos de nuestras
pasiones mentales. Después de un año de politización llevada al extremo es
normal que veamos neoliberales, populistas, encuestas y oposiciones en las
historias más alejadas, pero no porque sea normal signifique que esté bien.
Bajemos el
volumen, volteemos a ver otras ventanas, descubramos historias maravillosas en
cuentos infantiles, no nos convirtamos en esos que ven en el menor amague una
provocación inexistente.
Que vengan
más historias como las de Gina, que vengan más sueños de cualquier niño, aunque
se llame Andrés –¿qué culpa tiene? –, y que Gabi presente 500 libros más hasta
que lo haya leído todo, que lo hagan y que lo disfruten, que lo disfrutemos
todos, al menos ese es mi sueño.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.