Arnoldo
Cuellar.
Casi con seguridad, el equipo de
comunicación del Gobernador Diego Sinhue Rodríguez, donde se forman asesores,
directores de canales oficiales, una secretaria particular, amigos periodistas,
voceros de seguridad, todos menos la encargada formal del área, quería de ocho
columnas en los medios la nota del “avión que se fabrica en Guanajuato”.
No fue así, a la pequeña aeronave de
tres plazas llamada pomposamente “Halcón 1”, cuando más bien parece un colibrí,
la relegaron a un sitio secundario las noticias sobre la inseguridad: una
veintena de muertos el primer martes de diciembre y las denuncias del alza de
los delitos patrimoniales contra familias y empresas, se llevaron los titulares
de la mayor parte de los medios.
Y es que, por más que lo quiera la legión
comunicadora de Sinhue, gran responsable de mantener al gobernador enconchado
tras una cortina de silencio y solemnidad que poco abonan a construir una
imagen confiable para los ciudadanos, la realidad no se inventa.
Es cierto, puede ser una noticia de mediana relevancia
que en San miguel de Allende se construyan avioncitos de pequeña envergadura
que vuelan de León a Vallarta con una carga de 600 pesos de gasolina, pero eso
sin duda no va a revolucionar la industria aeronáutica, como lo quisieran los
provincianos panegiristas del dieguismo, cada vez más forzados a inflar
noticias ante la carencia de logros puntuales del nuevo gobierno.
Lo que no debería estar ocurriendo es
que una entidad que quiere forzar su ingreso al primermundismo a fuerza de
discurso gubernamental, tenga lacras como la de la violencia rampante y la
inseguridad atronadora que nos afecta.
Tampoco puede entenderse que una
sociedad que fabrica aviones se tenga que depender de funcionarios inamovibles
que se quedan donde están no por sus resultados, sino por los oscuros secretos
que conocen de la clase política local.
En una
sociedad de primer mundo que quiere incursionar en industria de punta como la
aeroespacial, sería una noticia de ocho
columnas que el futuro secretario de gobierno le venda su fábrica a un
empresario que departe cada semana con los encargados de la seguridad en antros
y palcos futboleros.
Se trata de una operación nada
transparente que mezcla negocios y política, justo lo que prohibía la vieja
ética panista, esa que ya no se puede encontrar ni en algún museo ante la
debacle moral de ese partido.
Mientras Diego Sinhue siga convencido
de que puede gobernar a punta de boletines de prensa “amables” y sus conejeros
sigan creyendo que la realidad se inventa con estrategias mediáticas, este
gobierno continuará dando tumbos, para felicidad del verdadero ganador en este
río revuelto: el exgobernador Miguel Márquez, quien aún se da el lujo de
tuitear fotos de sus eventos como mandatario con ex colaboradores a la zaga,
como Ricardo Narváez, el flamante secretario del Congreso que no atiende a 36
jefes actuales, sino a uno solo nada pretérito.
Urge que Diego Sinhue se baje del
avión en el que lo han colocado un grupo de consejeros inoperantes y frívolos;
urge que empiece a gobernar y se desprenda de la pesada placenta que le heredó
Miguel Márquez; urge que se dé cuenta de lo que realmente necesita Guanajuato y
requieren sus habitantes.
No se puede intentar gobernar “a
golpe de buenas noticias”, mientras la realidad impone las malas que solo lo
son para los gobernados y no para un aparato de gobierno encumbrado,
privilegiado y aislado.
Urge que el gobernador abandone las
lujosas oficinas del G100, por cierto, aún no sabemos en calidad de qué utiliza
ese espacio privado, si paga renta o se lo ceden, para caminar más por
Guanajuato y no solo donde haya obras por inaugurar, repletas de público
“transportado” como escenografía.
¿En serio, una avioneta de tres
plazas nos coloca en la vanguardia tecnológica del mundo? No inventen, no
enseñen el cobre con tanta facilidad.
No somos ni
seremos Singapur y hay quienes deben de estar agradecidos por eso, sobre todo
los funcionarios que trafican con influencias y que se aprovechan de sus
posiciones para lucrar. En Singapur estarían en la cárcel, mutilados y quizá
enfrentando una pena de muerte. ¿Verdad que no es para tanto?
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