Alejandro Páez Varela.
Está polarizado el país, sí. Se va a polarizar más, sí. La
pregunta doble es si es posible revertirlo y a quién le corresponde hacerlo, si
es que (y quizás sea una tercera pregunta) conviene hacerlo. No todas esas
respuestas están aquí.
La polarización no
nació hoy. Empresarios y políticos han pagado cientos o quizás miles de
millones de pesos en campañas contra Andrés Manuel López Obrador. Y el mismo
Presidente está dispuesto a enfrentar el statu quo, o a una parte del estado de
las cosas, porque de otra manera no le salen las cuentas para lo que ofreció:
un cambio de régimen. Entonces la polarización se va a acentuar porque AMLO
toca algunos intereses (no todos: ya es aliado de las televisoras, por ejemplo)
y esos intereses no son menores.
¿Viene más polarización?
Como digo, sí. Sí, en el corto y mediano plazos. López Obrador tiene que domar
al tigre que se sacó en la rifa, y sólo entienden (tigre y domador), me parece,
de una manera: a ramalazos. Mientras AMLO tenga apoyo de la gente, como dicen
las encuestas, no se verá en la necesidad de negociar. Se sentará en sus
exigencias y no sólo es por su ya famosa terquedad: es porque no hay de otra.
Prometió bajar salarios de la alta burguesía: va con todo por ello. Quiere un
tren, quiere refinerías y no quiere ese nuevo aeropuerto y otras cosas. No
importa el costo. Va porque va. Y pues, imagínense: unirá a muchos en su contra
mientras otros se radicalizan para darle soporte. No necesita a la oposición,
al menos no la partidista: quedó demolida el 1 de diciembre. La arrastra el
desprestigio de Vicente Fox y Felipe Calderón (PAN), de Enrique Peña Nieto
(PRI) y de Miguel Ángel Mancera, Jesús Ortega y Jesús Zambrano (PRD). AMLO sabe
de ese desprestigio, y lo aprovecha. Y las posiciones se radicalizarán aún más.
La oposición podría ser
sabia. Lo dudo, pero podría. No es una duda per se: es porque
se trata de una masa sin forma y, lo peor, sin horma. Pero creo que podría
considerar que AMLO tiene batallas ganadas de antemano, aún frente a la
eventualidad de que las pierda. En un país donde el salario mínimo se congeló
para que los trabajadores pagaran con su sudor las metas de inflación, es una
mentada que un Ministro gane 600 mil pesos. El Presidente ya ganó esa batalla
aunque la pierda. Que en Texas se construya la más grande refinería del mundo
para venderle gasolina a México, “país petrolero”, es una mentada. Aunque no
termine las que planea en el sexenio, AMLO ya ganó esa batalla. Por eso digo
que la oposición no puede tomar todos los rifles de la feria y disparar a todos
esos gansos. No les van a atinar. Se va a cansar, la oposición, antes que
cualquiera de los gansos: están sentados. En cambio puede seleccionar uno, y
dispararle hasta que caiga. Quizás ese triunfo simbólico aliente su causa. De
otra manera será oposición polarizadora, ciega, rabiosa. Y nada más.
Durante muchos años he
escuchado entre los escritores una queja –y la uso para ejemplificar–: que hay
quienes cobran becas bianuales o anuales o semestrales (sepan cuántos) por
escribir un libro que, además, se les paga aparte; ese libro se compone a veces
de retazos de textos ya publicados (y pagados) en revistas y periódicos. Libros
que se pagan cuatro, cinco veces, pues; sin contar otros gastos que se hacen en
ellos desde el sector público y (a veces desde) el privado: presentaciones,
viajes, estancias, etcétera. ¿Eran obras necesarias? No lo sé. No lo discuto ni
me interesa. Pero de que cuestan un motón a los contribuyentes, cuestan.
Repito: es una queja que lleva años en el gremio. Y la llegada de Taibo II al
Fondo de Cultura Económica le va a significar, a esos escritores, el despojo de
su modo de vida y una fuente constante de reconocimiento público. Esos
escritores no son mudos, tienen foros; se van a quejar de Taibo II (sin citar
su propio ejemplo, claro) una y otra vez y claro, Paco tampoco es mudo y
también tiene su foro (que, si me disculpan, podría ser incluso mayor que el de
la mayoría). Polarización cantada.
Hace unos cinco años, un
Senador de oposición me contó que Emilio Gamboa Patrón repartía enormes
cantidades de dinero entre los legisladores. Dinero “legal” que se podía o se
puede repartir en el Senado de la República. “Si quieres parte de ese dinero, y
tener asistentes y ayudantía, él está para eso. Y luego te cobra el favor”, me
dijo. Me contó muchísimo más: cómo, por ejemplo, la gran mayoría de los
senadores del PAN y del PRD (y no se diga de los partido-rémora como el PVEM)
se habían dejado comprar por las caricias de Gamboa. No creo que Ricardo
Monreal sea un santo; cada vez que hay un escándalo que lo relaciona, sale a
relucir dinero, maletas, presuntos pagos para comprar voluntades. Digo lo que
leo. Pues bien, digamos que ese reparto discrecional se acabó y Monreal, quien
ocupa el lugar de Gamboa (líder de la mayoría), no lo hará. Pues van a saltar
chispas… para atizar el fuego de la polarización. Dinero es dinero: llorarán,
llorarán por su capricho. Y polarizarán.
La periodista Guadalupe Fuentes documentó que Kimberly-Clark de México era una de las principales
proveedoras del Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto: 2 mil 360 contratos
por adjudicación directa, por un monto de 296 millones 115 mil 818 pesos. ¿Se
imaginan a Claudio X. González en paz cuando le cancelen todos los contratos o
cuando lo pongan a competir por uno de ellos? Pues no: va a darle con todo a
Andrés Manuel. Está acostumbrado a ganar sin mover un dedo (o sin competir,
pues). Polarización, polarización.
Son, como digo, muchos
intereses los que se tocan y la de chispas que están por saltar. En fin. No me
extiendo. Concluyo.
Está polarizado el
país, sí. Y se va a polarizar más, sí.
La pregunta doble es si se quiere revertir la polarización y a quién le
corresponde hacerlo. Pero definitivamente hay una tercera pregunta: ¿Conviene
suavizar la polarización? Y no tengo una respuesta.
La oposición, herida
gravemente el 1 de julio, ha decido jugar al voy-derecho-y-no-me-quito para ver
si recupera algo de lo perdido. Y Andrés Manuel puede intentar, en una sala de
Palacio Nacional, tranquilizar las aguas. Pero en la otra sala tiene una mesa,
y en esa mesa un proyecto, y en ese proyecto le salen bien las cuentas para
cumplir con lo que ofreció: un cambio de régimen. Se cansa ganso. Aunque
también contribuya a polarizar.
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