Salvador
Camarena.
Uno de los
errores más cuestionables de Andrés Manuel López Obrador como gobernante
capitalino se dio en 2004, en ocasión de una crisis por inseguridad.
La Ciudad de
México y estados vecinos vivían –de nueva cuenta– bajo el azote de bandas de
secuestradores. El plagio y asesinato de dos hermanos dedicados al comercio
provocó que el hartazgo de la clase media hiciera que ésta saliera a la calle a
protestar.
López
Obrador, ya se sabe, no sólo minimizó el reclamo ciudadano, sino que lo
descalificó al tachar de “pirruris” a esos miles que sólo demandaban lo
elemental: que la autoridad pusiera freno a los secuestros, que el gobierno
hiciera su chamba.
Quedó claro
desde entonces que para AMLO no valen los reclamos de ciudadanos no
clientelares o gremiales. Su desdén le costaría caro, sobre todo si se recuerda
que en 2006 la cifra oficial de votos por los que entonces perdió la
Presidencia fue de sólo .56 por ciento, o 243 mil votos.
En el
gabinete de aquel gobierno, que presumía que diario revisaba la marcha de la
capital, había una cercanísima colaboradora del tabasqueño: Claudia Sheinbaum.
La lógica
diría que si estuviste hombro con hombro con El Peje, y quince años después te
toca gobernar la capital, existe la esperanza de que hayas experimentado en
cabeza ajena que los secuestros que acaban en asesinato exasperan a los
chilangos como pocas cosas. Por lo visto en las últimas horas, la lógica no
aplica en el caso de Claudia Sheinbaum.
El día de
ayer se supo muy temprano la infausta noticia del asesinato de Norberto
Ronquillo, joven estudiante que tras ser raptado el 4 de junio apareció muerto
en un baldío.
La
información del terrible desenlace enrareció el ambiente durante horas antes de
que la jefa de Gobierno pusiera un tuit lamentando los hechos con estas
palabras: “Lamento profundamente lo ocurrido con el joven Norberto Ronquillo.
Nuestro compromiso con la familia y con la sociedad es hacer todo lo que esté
en nuestras manos para que haya justicia. Ese es mi compromiso. En unos minutos
la @PGJDF_CDMX dará más información”.
Pero la
fiscal no dio más información. Esa funcionaria dijo que van “a tratar que no
haya impunidad”, dio a conocer una línea de tiempo irrelevante y párenle de
contar. La jefa de Gobierno, por su parte, sólo agregaría, hasta la entrega de
esta columna, una declaración banquetera igual de esquemática.
Sheinbaum no
ha dimensionado el caso. Ni siquiera porque no era necesario irse 15 años atrás
para entender que la capital reacciona muy mal ante la díada
secuestro-asesinato de jóvenes.
En el
sexenio de Marcelo Ebrard también se vivió una crisis luego de varios
secuestros que terminaron trágicamente, como los de los jóvenes Silvia Vargas y
Fernando Martí.
Insisto: si
eres Claudia Sheinbaum, y ya viste cómo a dos de tus antecesores les estallaron
crisis por casos así, por qué reaccionas de manera lerda y con aparente
indolencia ante la información de que un joven nacido en 1997 acabó su vida
maniatado en un baldío.
El actuar de
la jefa de Gobierno es un misterio preocupante. Más si el día de su toma de
gobierno, hace seis meses y cinco días, deploró que en la capital “en los
últimos años vivimos el abandono del servicio público y la democracia (…) y
regresó la corrupción, que provocó el abandono de los servicios públicos y el
regreso de la inseguridad. Se traicionó el camino de la democracia y se olvidó
el sentimiento de los ciudadanos”.
Hoy el
sentimiento de los ciudadanos es, como en tiempos de Mancera, de abandono.
Porque a pesar de que Sheinbaum dijo el 5 de diciembre que la seguridad es el
tema “que más preocupación genera en los habitantes”, no se ve por parte de la
jefa de Gobierno ni la estrategia de seguridad, ni ganas de mostrar empatía
frente a una ciudadanía golpeada por la noticia de que, como hace quince u once
años, otro joven perdió la vida tras ser raptado.
Claro que lo
de menos es la torpeza de la naciente administración para el manejo de crisis.
La verdadera
desazón es lo palmaria que resulta la certeza de vivir inermes en medio de 80
mil policías y de una autoridad que se suponía que venía a subsanar el abandono
de todo un sexenio. La verdadera tragedia es ver que el gobierno considera que
lo apropiado es abordar el asesinato de un joven como si fuera un tema que se
puede enfrentar con solo un tuit, con un mensaje cualquiera.
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