Julio
Astillero.
La prudencia
es una cosa, pero ya no podemos agachar más la cabeza. Trump está enfermo (...)
México tiene dignidad: ya no debemos agachar la cabeza; ya no, dice con énfasis
el sacerdote católico y defensor de migrantes y derechos humanos Alejandro
Solalinde, luego de declararse absolutamente convencido de que la Guardia
Nacional no podrá frenar el flujo de migrantes que desde el sur mexicano
buscarán alcanzar suelo estadunidense.
Los cárteles
de la trata de personas, entre los que incluye de manera destacada a los
agentes del Instituto Nacional de Migración, simplemente encarecerán el costo
del traslado de extranjeros del sur al norte y habrá más violencia y dolor para
los viajeros, pero no se le podrán entregar buenas cuentas a Washington,
vaticina el cura que el sábado recién pasado pronunció un discurso en Tijuana
ante el presidente López Obrador. A los elementos de la Guardia Nacional,
asegura, los migrantes se les colarán bajo los pies.
Junto con el
doctor Javier Urbano, catedrático de la Universidad Iberoamericana
especializado en asuntos de migrantes, el sacerdote Solalinde criticó a fondo
el funcionamiento de la Secretaría de Gobernación, en especial por cuanto hace
al subsecretario Alejandro Encinas, y del Instituto Nacional de Migración,
dirigido por un académico que ha sido un fracaso como servidor público,
Tonatiuh Guillén. En realidad, señalaron Solalinde y Urbano en un programa de
Radio Centro, a cargo de un tecleador astillado (https://bit.ly/2F4f1Mt), la
carencia de una política migratoria sustentada, democráticamente apoyada y
eficazmente aplicada ha provocado las condiciones que ha aprovechado la
administración Trump para presionar y doblegar a México.
Solalinde
sostiene que, en el fondo, el argumento de los aranceles y lo migratorio es una
treta de Trump para golpear y pretender frenar el proyecto, que el sacerdote
considera revolucionario, de López Obrador. Y, por ello, convoca a un diálogo
abierto y sincero en el que participen todas las organizaciones de la sociedad
civil, activistas y defensores de migrantes con el Presidente de la República,
para impulsar nuevas formas de organización gubernamental sobre el tema, y así
preparar el momento cercano (en menos de 45 días) en que Trump podría reactivar
la amenaza de los aranceles ante los malos resultados del muro militar
pretendido en el sur de México.
El doctor
Urbano consideró que el Presidente mexicano debería hacer cuando menos lo
siguiente: “Primero: una narrativa distinta; no jugar al vínculo con Estados
Unidos; decir ‘reconocemos la dependencia’, pero si nosotros no tenemos una
personalidad propia, seguiremos dependientes. Segundo: juntarse con
Centroamérica, dialogar y establecer mecanismos de cooperación con esta región;
eso nos genera una narrativa regional, no digo que Estados Unidos se vaya a
espantar, pero sí que va a pensarlo, y tercero, que veamos que tenemos también
herramientas, como las instancias internacionales, pero parece que hay miedo a
denunciar en esos foros internacionales lo que está pasando”. En específico,
Solalinde y Urbano estiman indispensable que AMLO vaya a la reunión del G-20.
Los
señalamientos anteriores tienen especial importancia a la luz del tragicómico
enredo que se ha ido produciendo respecto a acuerdos expresos y secretos,
cláusulas supuestamente comprometedoras para México mostradas en un papel (una
suerte de bulo o fake news) por Donald Trump, explicaciones a medias dadas por
Marcelo Ebrard (convertido en virtual jefe del gabinete obradorista, ya
apropiado de funciones estratégicas de la muy doméstica secretaria de
Gobernación Olga Sánchez Cordero) y la tajante realidad de que en 45 días
México deberá entregar a la Casa Blanca resultados de control migratorio que
parecen de difícil consecución ante un presidente de Estados Unidos que está
decidido a blandir una y otra vez la espada artera del amago con aranceles que
podrían desquiciar a la economía mexicana.
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