Alfredo
Jalife-Rahme.
Conforme se
acercan el lanzamiento de la vacuna china (https://washex.am/2ytPSL0)–susceptible
de trastocar la geoestrategia– y la competida elección presidencial de Estados
Unidos (https://bit.ly/34VcDUj), la guerra pandémica del coronavirus entre EU y
China alcanzará alturas insospechadas cuando ambas superpotencias se acusan,
sin evidencias contrastables (al menos, para el público), del origen del
Covid-19.
El muy
tóxico ex embajador de EU en Rusia, Michael McFaul, en la fase de hostigamiento
de Obama, comentó el inicio de “un enfrentamiento bastante serio con China y
creo que EU no se beneficiará de ello (https://bit.ly/3bE94V7)”.
A Trump le
conviene una confrontación de corte retórico con China debido a las
transacciones mafiosas del hijo del candidato Joe Biden en China
(https://nyti.ms/3eCT5Z3).
Sea lo que
fuere, el antidemocrático Partido Demócrata y el supremacista Partido
Republicano convergen en el electoral Chinagate.
Foreign
Affairs apuesta a la caída de China (https://fam.ag/2wXSCzR), mientras la
revista globalista The Economist –portavoz de los banqueros esclavistas
Rothschild– pregunta si “está ganando China (https://econ.st/2VM7TMp)”, y
vaticina las consecuencias geopolíticas (sic) del Covid-19 que serán sutiles
(sic), pero desafortunadas.
Comenta que
el brote viral en Wuhan no fue el Chernobil de China que precipitó el colapso
de la URSS. Todo lo contrario: las medidas tomadas por el Partido Comunista
Chino fueron efectivas y ahora sus fábricas están reabriendo.
Exhibe que
la propaganda oficial de China y su partido único se jacta de su triunfo frente
a los países occidentales y sus democracias, mientras concede su benevolencia
al abastecer al mundo con su panoplia médica.
Cita que
algunos, incluyendo observadores nerviosos (sic) de la política exterior en
Occidente, han concluido que China será el vencedor de la catástrofe del
Covid-19, la cual constituirá un punto de inflexión geopolítico lejos de EU.
China tiene
una oportunidad de mejorar su influencia, mientras Trump parece no tener
interés alguno en encabezar la respuesta global al virus, mucho más después de
desfondar a la OMS, de la aportación anual de EU por 400 millones de dólares.
La revista
globalista, nostálgica del imperio colonial británico, se molesta de la
propaganda china estúpida (sic) y desagradable y arremete contra los portavoces
de China que se regodean de la disfunción de EU o promueven salvajes teorías de
la conspiración de que el virus es un arma biológica de EU.
La revista
globalista, que no se muerde la lengua al perorar sobre la propaganda ajena,
cita los vaticinios de la OMC de una contracción de 13 a 32 por ciento del
comercio en el corto plazo, que si persiste en el largo plazo significaría una
retirada de la globalización que dañará a China como a cualquier otro.
A la
defensiva, la revista neoliberal globalista pone en relieve la postura de la
danesa Margrethe Vestager, comisaria europea de Competencia, que urge a los
gobiernos (¡sic!) a comprar acciones en las firmas estratégicas para frenar a
China de tomar ventaja de comprarlas muy baratas. The Economist está a un punto
de exigir el boicot a los bienes y servicios de China: desde los ventiladores
hasta las redes 5G.
La revista
neoliberal globalista asevera que “China no intenta ahora reproducir las
fortalezas de EU: una amplia red de alianzas y legiones (sic) de actores
privados con ‘poder blando’ global, desde Google y Netflix hasta Harvard y la
Fundación Gates”.
A su juicio,
la clave de las ambiciones de China radica en su conducta en la carrera para
producir la tan cantada vacuna, amén de su disposición a financiar a los países
necesitados: su objetivo final es acabar con la hegemonía del dólar como
reserva de divisas (https://bit.ly/2VPpJ0S).
Conjetura
que la conducta de China como superpotencia carente de magnanimidad (sic) de
largo alcance no sería un triunfo, sino una tragedia.
Mata de risa
que The Economist perore sobre magnanimidad de largo alcance después de tres
siglos de caníbal hegemonía anglosajona.
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