Julio Astillero.
El 25 de
noviembre de 2016, el autor de estas líneas astilladas así inició la columna
titulada Un compadre de diván (político): La historia política de Luis Enrique
Miranda Nava, el encumbrado compadre de Enrique Peña Nieto, bien merecería un
diván de siquiatría política (y ciertas indagaciones firmes, de índole
pecuniaria). Próspero a la sombra de Arturo Montiel Rojas y del citado Peña
Nieto en las administraciones priístas del estado de México, saltó al escenario
nacional con el avance de ese equipo hacia Los Pinos y se mostró como un
personaje políticamente sombrío, retorcido, amenazante en varias ocasiones
(https://bit.ly/2XTs8L1).
El compadre
Miranda fue subsecretario de Gobernación con hilo directo a Los Pinos, por
encima del hidalguense Miguel Ángel Osorio Chong y, ya en el último tercio de
su gobierno, Peña Nieto lo designó secretario de Desarrollo Social, en
sustitución de José Antonio Meade Kuribreña que, a su vez, relevó a Luis Videgaray
Caso en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público una semana después de que
éste había sido el principal responsable de una vergonzosa visita a Los Pinos,
casi con alfombra roja, del entonces solamente candidato republicano a presidir
Estados Unidos, Donald Trump.
Ayer, el
hiperactivo director de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público, Santiago Nieto Castillo, hizo saber que su
oficina investiga movimientos bajo sospecha de corrupción del citado Miranda
Nava, actual diputado federal priísta.
Este es el
primer boceto de golpe en serio al equipo de primer nivel de EPN, pues hasta
ahora la tónica ha sido de tolerancia o inacción. Cierto es que está en la
cárcel Rosario Robles Berlanga, ex titular de la misma Sedesol y de la Sedatu,
pero ella ha sostenido filiaciones grupales saltarinas y en particular tiene
deudas políticas fuertes con el obradorismo desde los episodios de los
videoescándalos puestos por ella y su entonces acompañante, el empresario Carlos
Ahumada, en bandeja de plata a Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de
Cevallos para tratar de sepultar políticamente a López Obrador.
Otro peñista
en prisión y en vías de ser extraditado a México es, en realidad, un ex
peñista: Emilio Lozoya sostuvo tan fuerte diferendo con el todopoderoso de
entonces, Luis Videgaray, que hubo de dejar la dirección de Pemex. Su
procesamiento penal se dio en tiempos peñistas pero procurando una sanción
menor, o ninguna, para el cómplice en recaudaciones corruptas para la campaña
electoral de 2012. Otro candidato notabilísimo para un esfuerzo obradorista de
castigar la galopante corrupción del pasado reciente ha muerto días atrás,
Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones y Transportes durante todo
el sexenio priísta tan rapaz, sin ser tocado con el pétalo de una consignación
penal.
El anuncio
de investigación al compadre diputado Miranda se produce en medio de versiones
de que Palacio Nacional estaría impulsando indagaciones al propio Peña y a su
ex esposa, Angélica Rivera, conocida como La Gaviota. Según esa especie, las
complicaciones sanitarias y económicas en curso llevarían al Poder Ejecutivo a
echar mano del recurso distractor de lanzar al foro cabezas políticas de primer
nivel o, en otro canal de especulación, se habla de incentivar a lo que queda
del priísmo a no sumarse a la acometida empresarial y social contra AMLO, que
tiene a Acción Nacional como punta de lanza. Pero, ayer mismo, la UIF de
Santiago Nieto hizo saber, de manera extraoficial, que no hay ninguna
investigación abierta contra Peña ni Rivera.
Un último
apunte escrito en septiembre de 2016 en esta columna, apenas había sido
nombrado Luis Enrique como titular de Sedesol: La riqueza acumulada por el
compadre Miranda, su forma ostentosa de vida y la vocación por la vigilancia
aparatosa a su alrededor le convierten en antítesis militante del perfil
deseable para encabezar el combate a la pobreza y para administrar el tema de
la asistencia social (https://bit.ly/2RKy5G3). ¡Hasta
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