Por Noé
Zavaleta.
En el
entramado de sobornos de la empresa Odebrecht en México, el gobierno de
Veracruz jugó un papel clave.
Según
exdirectivos de la empresa brasileña, durante su campaña electoral Javier
Duarte recibió 500 mil dólares; a cambio el priista concesionó a la
constructora de Marcelo Odebrecht el cobro del agua de los veracruzanos por un
periodo de 30 años.
Así, la
entidad se convirtió en uno de los centros financieros y trampolín de la firma
brasileña para canalizar hasta 13 millones 912 mil dólares a otros países
mediante empresas fantasma, como Blunderbuss de México, según documentos de la
Unidad de Inteligencia Financiera, además del negocio del cobro del agua cuyas
tarifas, según denuncias de los usuarios, se ha incrementado entre 30% y 50%.
En 2016,
cuando compareció ante la procuraduría de Brasil, Meneses Weyll, quien fue
representante de Odebrecht en México, admitió los sobornos a Duarte. Hasta el
momento la Fiscalía General de la República no se ha referido a este tema, aun
cuando los tentáculos de la empresa brasileña se iniciaron en Veracruz, donde
Braskem –su filial– fincó su coto del polietileno por medio de Etileno XXI.
Documentos
consultados por Proceso indican que, en sociedad con Aguas de Barcelona
(Agbar), la empresa de Marcelo Odebrecht tiene la concesión para el cobro del
agua en tres de los principales municipios de Veracruz: Medellín, Puerto de
Veracruz y Boca del Río.
Duarte, preso en el Reclusorio Norte por el
delito de asociación delictuosa y lavado de dinero, asumió el gobierno en
diciembre de 2010. Casi un lustro después, el 1 de julio de 2015, instruyó
al Congreso local a declarar la quiebra técnica del organismo público
descentralizado Sistema de Agua y Saneamiento (SAS), para que el título de
concesión quedara en manos de Odebrecht y Agbar, que mediante un fideicomiso
administran el cobro del líquido.
El título
de concesión sólo está firmado por los ayuntamientos de Veracruz y Medellín. En
el caso de Boca del Río, el entonces alcalde Miguel Ángel Yunes Márquez no
cedió; aun así, el ayuntamiento compra el agua a Odebrecht “en bloque”.
En la página
siete del título de concesión se establece que el 9 de junio de 2015, luego
de que el SAS decidiera que el ganador de la licitación era Odebrecht Ambiental
e Interagbar de México (filial de Aguas de Barcelona), ambas integraron la empresa
Grupo Ambiental ProVeracruz, S.A.P.I. de C.V., que a su vez formó el Grupo
Metropolitano de Agua y Saneamiento (MAS) con el SAS de Veracruz, Boca de Río y
Medellín.
El 18 de
febrero de 2015 Duarte también ordenó licitar la privatización del agua; el
8 de julio de ese año el entonces mandatario decidió liquidar el SAS por
“insolvencia financiera agravada… lo que motiva su extinción”. Una semana
después los trabajadores del organismo fueron notificados y se les prohibió la
entrada a las instalaciones.
Odebrecht
obtuvo todas las facilidades en el título de concesión. Así, por ejemplo, si
durante 10 días no trabaja a causa de un ciclón, ese tiempo no se computa para
los 30 años de vigencia; se le autoriza a subir las tarifas del agua para que
la empresa nunca pierda; si en esos 30 años crece la demanda, la ampliación de
infraestructura será pagada por los tres ayuntamientos; la constructora
brasileña tampoco es responsable de los pasivos ambientales que se generen.
EL GIGANTE
CONSENTIDO.
“Trátenme
bien a Odebrecht, traen (sic) una inversión millonaria”, expresó el entonces
gobernador Duarte a una treintena de columnistas, directores y dueños de medios
con los que solía reunirse con frecuencia.
En el
encuentro del 3 de enero de 2016 Odebrecht, que pretendía adjudicarse la
construcción de la primera presa de Veracruz, en la cual pretendía invertir 5
mil 400 millones, mientras que el gobierno estatal aportaría 356 millones de
pesos más, mediante la Secretaría de Finanzas y Planeación, tuvo su primer
descalabro.
Angélica
Navarrete Mendoza, líder del Sindicato de Trabajadores Teniente José Azueta,
increpó al entonces alcalde del Puerto de Veracruz, el priista Ramón Poo Gil:
“¿Por qué tanta insistencia, señor alcalde? ¿Quiere privatizar? ¡Hágalo!… pero
por qué no buscar una empresa que no esté salpicada de corrupción a nivel
mundial, cómo lo está Odebrecht”.
Poo respondió
tajante a Navarrete y a los sindicalistas que la acompañaban: Odebrecht va con
Aguas de Barcelona y se buscará –dijo– que cientos de empleados sean
reacomodados en el nuevo organismo administrador del agua.
Poo no
cumplió. Además, según Navarrete, dos años antes de la extinción del SAS él
facturó entre 700 mil y 1 millón de pesos mensuales al organismo paramunicipal
en compras de insumos electrónicos y papelería a Tiendas Contino, que
pertenecía a la familia del entonces alcalde.
Tres días
después, durante la celebración de la promulgación de la Ley Agraria en el
World Trade Center (WTC), en Boca del Río, Duarte recibió al entonces
presidente Enrique Peña Nieto como en los tiempos de gloria del PRI, con más de
10 mil campesinos.
Cientos
de empleados del disuelto SAS organizaron una manifestación para informar a
Peña Nieto sobre la pérdida de 2 mil empleos: “Ese día –cuenta Navarrete–
íbamos marchando hacía el evento de Peña Nieto, pero a la altura del casino
Caliente (300 metros antes de llegar al WTC), nos pararon navales y policías en
la avenida Adolfo Ruiz Cortines. Entre gritos y desconcierto, un teniente de la
Marina se nos acerca y nos suelta sin más:
“‘El
problema del agua no es del alcalde (sic) ni del gobernador (sic), es orden
federal, es orden presidencial. ¡Retírense!’… Nos retiramos para evitar un enfrentamiento
o evitar una desaparición forzada (sic), como se acostumbraba en aquel
entonces.”
El
sindicato José Azueta sigue en pie de lucha con marchas y promoviendo amparos.
En julio pasado se cumplieron cuatro años de la disolución del SAS. Desde entonces,
nueve obreros, entre operadores de pipa, operadores de pozos y plantas, así
como auxiliares administrativos, han fallecido sin que sus familias sean
indemnizadas.
Fernando
Yunes Márquez, quien sucedió a Poo en la alcaldía de Veracruz, comenta a Proceso
que es “muy complejo” extinguir el título de concesión a Odebrecht. Si el
Congreso local decide hacerlo, los ayuntamientos y el estado tendrían que pagar
el finiquito a 2 mil empleados del extinto SAS y a 400 que actualmente opera el
Grupo MAS, estimado en mil 500 millones de pesos.
“Es
inviable financieramente extinguirlo. Hemos venido haciendo lo que se puede:
meter orden, exigiendo mejoras al servicio. En cambio, hay que decirlo, el SAS
era insostenible, se utilizó durante el sexenio de Duarte y el anterior, de
Fidel Herrera, como agencia de colocación. Toda persona que pedía empleo iba al
SAS, sus pérdidas eran subsidiadas por el gobierno”, comenta el alcalde.
Admite
que “probablemente” Odebrecht no era la empresa más adecuada para hacerse
cargo del agua; advierte que la concesión de 30 años tiene cláusulas muy
definidas, como indemnización millonaria, no liquidación de la actual plantilla
laboral, además de tener la carga del extinto sindicato José Azueta.
“En términos
coloquiales –dice–, Grupo MAS funciona mejor de lo que parece; la operación no
es el problema más grave. Es un tema financiero: lo que quebró al SAS fue que
durante 10 años no subieron tarifas, por el sindicato, por las componendas
políticas, era una vil agencia de colocaciones. Hoy, con Grupo MAS, estamos
exigiendo mejoras al servicio. Y ahí vamos.”
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