Salvador
Camarena.
Fui al
futuro. Les traigo noticias del 4 de junio. Y no, esas noticias no son que el
Partido Revolucionario Institucional triunfó en los comicios en el Estado de
México y en Coahuila. Son peores.
En ese
futuro la nota importante no era la victoria, 'haiga sido como haiga sido', del
PRI en la tierra del presidente Peña Nieto. Ni que Acción Nacional fue incapaz
de convencer a los coahuilenses de que el tiempo de la alternancia había
llegado. La noticia era la consolidación
de un modelo electoral feudal.
Porque los resultados de la elección
dieron como ganadores a grupos de poder que se definen por un mero dominio
local antes que por claves partidistas o ideológicas, poderosos señores que es
más fácil que respondan a intereses de apellidos que a lógicas nacionales.
Así, en Coahuila ganaron los Moreira. Ganó el
Moreira III, como le dicen sus detractores al candidato Miguel Ángel Riquelme,
'delfín' del gobernador Rubén Moreira; y Humberto Moreira ganó fuero en el
Congreso estatal.
En ese escenario el resultado
electoral en Coahuila, una vez más, no implicará renovación de cuadros ni
revisión del pasado. Quedará cancelada la posibilidad de una rendición de
cuentas de los sexenios de los Moreira, e incluso se acota la posibilidad de
incorporar visiones distintas. Y el futuro pasará por el juego de fuerzas que establezcan
el Ejecutivo Riquelme y un Legislativo en el que gravitará el exgobernador
Moreira. Por cierto, ¿en tiempos
recientes cuántos exgobernadores regresaron a un Congreso estatal? El feudo es
de quien lo trabaja.
Otro escenario de dominio territorial/familiar
que se apuntaló en los comicios resultó ser Veracruz. Los Yunes ganaron el
puerto y retuvieron los suficientes ayuntamientos como para consolidar la idea
de que podrán repetir en la gubernatura en 2018. El Partido Acción Nacional,
aquel que durante décadas deploró el caudillismo priista, no tuvo rubor en
prestarse a la agenda de un apellido que, encima, no nació blanquiazul. Acción Nacional patrocina el germen
de un maximato. En su tumba, Cárdenas sonríe.
Alguien
podría decir que un grupo de poder con intereses endogámicos es la norma, más
que la novedad, en el Estado de México. Sin embargo, el triunfo delmacista no
minimiza la disparidad del trueque: cambio proyecto de nación (incluye
gabinete) por estado con campos de golf y vistas al siglo XX.
El perenne
atraso de los mexiquenses como esperanza de futuro de una clase política que no
tiene vigencia, incluso habiendo obtenido Los Pinos, sino amurallada en la
falta de alternancia estatal.
Así, al menos tres de cuatro
elecciones de este año darían el poder a grupos que pretenden trascender
(acción que incluye resistir o desdeñar) los necesarios equilibrios nacionales.
El sueño tropical de Roberto Madrazo en versión recargada.
Por
supuesto, este escenario de los resultados del 4 de junio no tiene nada de
futurista.
Qué si no eso es lo que ha venido
ocurriendo en Puebla, donde Moreno Valle mueve las fichas no sólo del actual
gobierno sino de la venidera elección.
Qué si no
eso ocurre ya, en menor medida territorial pero similar pornografía, en delegaciones capitalinas como Coyoacán,
donde el delegado no es el delegado o en Álvaro Obregón, donde la delegada no
es la delegada. Jefes delegacionales que calientan el asiento a la espera de
las órdenes que les llegan de los diputados (es un decir) Mauricio Toledo y
Leonel Luna, respectivamente.
Fui al
futuro y me topé con una pesadilla hecha realidad: Gonzalo N. Santos
reivindicado por cacicazgos multicolores surgidos cien años después de la
revolución. Tanto para llegar a esto.
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