La desaparición de dos agentes
antisecuestro, el pasado enero, ha crispado el ambiente en la unidad de la
SEIDO encargada de combatir ese delito, pues el jefe de los desaparecidos,
Gualberto Ramírez Gutiérrez, se ha dedicado desde entonces a criminalizar a las
víctimas y buscar culpables entre sus compañeros de trabajo. Él mismo, sin
embargo, está bajo sospecha de actuar en contubernio con el crimen organizado.
Agentes de la Unidad Especializada en
Investigación de Delitos en Materia de Secuestro (UEIDMS) laboran bajo
“hostigamiento”, a partir de la desaparición de dos de sus colegas en los
límites entre Morelos y la Ciudad de México, en enero pasado.
En una
denuncia –de la cual Proceso tiene copia–, presentada en marzo ante la
Visitaduría General de la Procuraduría General de la República (PGR), los agentes ministeriales acusan del acoso
a Gualberto Ramírez Gutiérrez, jefe de la UEIDMS.
Los
problemas se originaron el pasado 24 de enero, cuando desaparecieron los
agentes Víctor Andrés Vilchis Retana y Miguel Ángel Rodríguez Cuéllar,
adscritos a la UEIDMS, que depende de la Subprocuraduría Especializada en
Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO).
Los denunciantes –quienes hablaron
con este semanario a condición del anonimato– señalan que ese día, apenas
transcurridas un par de horas desde que las esposas de los desaparecidos
notificaron del hecho a la PGR, la institución intentó precipitadamente eludir
su responsabilidad y aseguró que los agentes estaban fuera de su horario
laboral, pese a que muchas veces se les envía en comisión sin que un oficio
ampare su trabajo.
Pero después
de los hechos, la Comisión Nacional de
Seguridad (CNS) reveló que ambos agentes de la UEIDMS –que realizaban una
investigación en la demarcación Tlalpan, en los límites entre Morelos y la
Ciudad de México–, estaban acompañados por Marco Antonio Álvarez Gómez,
suboficial de la Policía Federal quien también desapareció.
Pese a lo
revelado por la CNS, la PGR se limitó a
señalar que “al parecer” los agentes desaparecidos indagaban a miembros del
Cártel del Golfo que operan en la capital y en el estado de Morelos.
Requerimientos
ilegales.
Los denunciantes señalan que el jefe
de la UEIDMS reunió a los agentes a su cargo para obligarlos a declarar sobre
la desaparición de sus compañeros y además intentó despojarlos “ilegalmente” de
sus celulares para descargar su contenido. A todos los trató como sospechosos.
Sólo algunos accedieron a las peticiones de Ramírez Gutiérrez.
En la denuncia,
que también turnaron a la Presidencia de la República y a la Secretaría de
Gobernación, señalan sobre sus compañeros:
“Vilchis Retana se encontraba
apoyando a víctimas de secuestro en la zona noreste del país (…); tenía fama de
honrado y responsable entre compañeros y víctimas. Rodríguez Cuéllar ayudó a
capturar a los secuestradores de una maestra en el estado de Hidalgo.
“A pesar de ello, el trato de la
institución hacia los familiares ha consistido en una indignante respuesta como
es una atención indiferente, e insinuaciones de que los compañeros pudieron
haber desaparecido por andar inmiscuidos en cuestiones ilegales, situación que
no debe de pensarse puesto que en primer lugar, ellos son víctimas de
desaparición y no delincuentes.
“En la UEIDMS deberían darles trato
de víctimas en lugar de establecer juicios a priori. Sin embargo, les dan trato
de imputados, ya que, en lugar de realizar una búsqueda constante de su
paradero, Gualberto Ramírez Gutiérrez le dio vista a la Visitaduría de la PGR
(la cual investiga delitos cometidos por los servidores públicos). Tenía un
marcado interés por ver primero si cometieron algún delito, en lugar de dar con
su paradero”,
revelan.
Aclaran: “Esta no es una apreciación subjetiva, se
desprendió del extraño comportamiento del titular de la Unidad, cuando se
precipitó a señalar que, al momento de la desaparición, Vilchis Retana y
Ramírez Cuéllar ya no estaban laborando. Para él eso fue lo más importante, a
pesar de que exista una investigación no debe de limitar el inicio de la
indagatoria para localizarlos”.
Señalan que
el 7 de marzo, la periodista Denise
Maerker dio a conocer que personal de la PGR le hizo saber que antes de la
desaparición de los agentes había una investigación en su contra por supuestas
actividades ilícitas y que incluso la Procuraduría aún no define la naturaleza
de la desaparición: no sabe si se trata de un delito en materia de
delincuencia organizada en su modalidad de secuestro, o bien delitos cometidos
por servidores públicos.
“Tal situación es digna de análisis,
ya que, si previo a su desaparición estaban siendo investigados, la PGR debe
aclarar si se trataba de una queja por alguna inconformidad de una víctima o
negligencias en el actuar, pero no precisamente por actos de corrupción”, dicen a Proceso los denunciantes.
“Tenemos el temor fundado de que a
Víctor Andrés Vilchis Retana y a Miguel Ángel Rodríguez Cuéllar les hayan
inventado una supuesta investigación por corrupción para darles trato de
inculpados con el fin de desviar la atención de otra posible línea de
investigación que involucre al mismo jefe de la unidad”, señalan.
Temen una
cacería. Afirman que Ramírez Gutiérrez
pretende enfocar las líneas de investigación contra los compañeros de la
Unidad, ya que ha buscado responsables entre muchos agentes del Ministerio
Público.
“En marzo, el licenciado Jorge García
Valentín, quien funge como uno de los coordinadores de la UEIDMS, convocó a
varios compañeros a su oficina, a la cual acudieron los licenciados Eder Reyes
García, Juan Francisco Quezada López, Jorge Enrique Aldana Cervantes, Ana
Gabriela Rocío Rosas Sandoval, con excepción de la encargada de la
investigación (a pesar de que era amiga de uno de los desaparecidos).
“El coordinador asumió un trato
amable y político –sin embargo, eso no le quita lo ilegal a la reunión–,
solicitó que, en aras de la investigación de Vilchis y Rodríguez, le
proporcionáramos nuestros aparatos telefónicos particulares. Luego llegó
Gualberto Gutiérrez Ramírez y asumiendo una posición más autoritaria y
prepotente (…) nos amenazó diciendo que si no lo hacíamos nos aventaría a la
‘visita’ (la Visitaduría General de la PGR).”
Lo
cuestionaron: “El simple hecho de que
fuéramos sus compañeros no nos convierte en sospechosos. Mencionaron que
supuestamente a todos los de la Unidad se les haría lo mismo. Varios de
nosotros no les creímos. Nos indicaron que nos pasarían con nuestros propios
compañeros Ministerios Públicos para que nos entrevistaran (declararan)”.
Prosigue uno
de los agentes que accedió a ser entrevistado: “Nos preguntaron si era nuestra voluntad proporcionar nuestro aparato
telefónico para que le extrajeran la información contenida; ante esta
situación, algunos accedimos, presionados y por temor a las represalias”.
Otros se negaron tanto a la
entrevista como a entregar sus celulares, por considerarlo ilegal. Además,
pensaron que el contenido de sus teléfonos no era relevante en la investigación
sobre la desaparición de sus compañeros. Afirman que las entrevistas obran en la carpeta de
investigación de los dos desaparecidos.
Dicen en la
denuncia: “Reflexionando, los agentes
convocados a dicha reunión casualmente son personas que se percatan de
actividades irregulares que se realizan al interior de la Unidad, por lo que
definitivamente esto permite pensar que dicha información no le serviría al
titular para generar alguna línea de investigación interesante en la búsqueda
de los compañeros, sino para tener acceso a la información de la gente no grata
para él. Por eso, hay temor de que diera la orden de que las entrevistas que no
le eran convenientes no fueran anexadas al expediente”.
De acuerdo con la denuncia, una
muestra de la represión y hostigamiento se registró en la tercera semana de
marzo, cuando el agente Juan Manuel Grimaldo Cruz, pese a que explicó las
razones de su renuencia, fue amenazado por personal del órgano revisor por
negarse a proporcionar su celular. Durante la visita del personal del órgano
revisor, René de los Santos Torres, su jefe inmediato, fue quien
“indebidamente” condujo la visita técnica.
Grimaldo presentó una denuncia ante
la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), por los abusos e
irregularidades registrados.
“Varios agentes ministeriales
consideramos que estas situaciones en contra del personal de la Unidad sólo son
cortinas de humo que se utilizan para desviar la atención de la opinión
pública, para hacer creer que ellos estaban siendo investigados por realizar
actividades ilícitas; por eso tenemos el temor de que les hayan fabricado
alguna investigación”, agregan.
Y se
preguntan: “¿Por qué desviar la
atención? Porque una línea de investigación podría ser que el titular de la
UEIDMS sea quien los haya mandado investigar de manera extraoficial. Tenemos
conocimiento de que un elemento de policía (distinto al desaparecido de la
Policía Federal) le reportó a Miguel Ángel Rodríguez Cuéllar la existencia de
un narco-laboratorio por el rumbo en que desaparecieron los compañeros y que él
lo reportó directamente al titular de la Unidad”.
En
entrevista, los agentes ministeriales confirman lo señalado en su denuncia: “Extraoficialmente, tienen conocimiento de
que los cuerpos de sus compañeros ya fueron encontrados. También, que los dos
salieron a trabajar en una investigación oficial, como lo demuestra el que el
policía federal que los acompañaba sí contaba con oficio de comisión”.
Desconocen
por qué a los agentes de la PGR se les mandó sin oficio: “En muchas ocasiones se manda a los ministerios públicos a trabajar
fuera de su lugar de base sin oficio de comisión; así, en una situación como
ésta, que se sale de control, las autoridades asumen una posición cómoda e
intentan deslindarse”.
Negro
historial.
En su denuncia señalan que las
irregularidades cometidas por Ramírez Gutiérrez en la investigación de la
desaparición no son las únicas: “En internet hay una nota periodística titulada
‘Denuncian robo masivo de animales en rancho, en Iguala’, en la que se señalan
actos delictivos cometidos por Francisco Mauriño Cubas y Francisco Ornelas
Delgado, dos agentes de confianza del jefe de la Unidad.
Se refieren a una nota publicada el
11 de noviembre de 2014 en Diario 21, de Iguala, en la cual una mujer presentó
una queja ante la CNDH por el hostigamiento a que la sometieron Francisco
Cuauhtémoc Murillo (sic) Cubas, Ernesto Ornelas Salgado y un grupo de policías
presuntamente de la SEIDO, quienes sin órdenes de cateo entraron a sus
propiedades.
“No encontraron nada ilícito, pero sí
nos robaron diversos bienes y todo el ganado. Los animales los vendieron sin
papeles en la misma ciudad”, publicó el periódico igualteco.
“De esta
situación tuvo conocimiento Gualberto Ramírez Gutiérrez; sin embargo, dio la
orden de que se desaparecieran indicios con tal de quedarse dinero y bienes de
lujo que fueron encontrados”, afirman los agentes en la denuncia.
Señalan otro
caso: la detención del presunto
narcotraficante Alberto Martínez Gutiérrez, El Güero Cleofas: “Es un caso
conocido al interior de la Unidad, el cual fue asignado por Ramírez Gutiérrez a
un agente del Ministerio Público quien a su vez era supervisado por un elemento
de su entera confianza. Al momento de consignar, de manera casual e inocente se
les olvido anexar los acuerdos de retención y duplicidad de la misma, lo que
significó su libertad”.
En el
documento mencionan que otro caso emblemático en que el titular de la UEIDMS “cometió irregularidades” es el de
Ayotzinapa: “En un documento fechado el pasado 18 de agosto, la Dirección
General de Asuntos Internos de la Visitaduría General de la PGR señala que
Gualberto Ramírez Gutiérrez incurrió en irregularidades dentro de la
investigación para dar con el paradero de los 43 normalistas desaparecidos el
26 de septiembre de 2014”.
Según el
expediente DGAI/510/CDMX/2016, de la investigación realizada por el entonces
visitador general de la PGR, César Alejandro Chávez, Ramírez Gutiérrez es probable responsable de entregar un imputado al
extitular de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón, sin orden o
mandamiento judicial que justificara dicha acción.
“Cabe destacar que el mismo Ramírez
Gutiérrez ha dirigido todas y cada una de las diligencias que obran en la
investigación; no ha pasado una sola que no lleve su visto bueno, e incluso es
sabido en toda la PGR que ha creado pruebas en tal investigación, tan es así
que el ex visitador instruyó que se iniciara una indagatoria en su contra…”, apunta el documento.
El fin de presentar la denuncia es
que la autoridad conozca el “temor” e “incertidumbre” con que laboran los
agentes ministeriales de la SEIDO, sobre todo, desde la desaparición de Vilchis
Retana y Rodríguez Cuéllar.
Revelan en
su denuncia: “Se respira temor por la
manera en la que desaparecen los compañeros y por la falta de claridad en la
investigación. Se ha llegado a pensar que existe un alto funcionario al
interior de la SIEDO (sic), que como se dice coloquialmente ‘haya puesto’ a
Vilchis Retana y a Rodríguez Cuéllar, a un grupo de la delincuencia
organizada”.
Concluyen: “Esta situación impactó en el ánimo de
nuestra actividad. No sabemos si la comisión a donde se nos mande, estemos
yendo al matadero”.
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