La reforma tributaria que se discute
en Estados Unidos y que bajaría el impuesto a las empresas desde el actual 35
por ciento hasta un 20 por ciento es un mayor riesgo para la economía mexicana
que la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)
y que las elecciones presidenciales de 2018, dejando a México con poco margen
de maniobra para reaccionar ante la nueva estrategia fiscal que hará la
economía estadounidense más competitiva, estimó Banco Base.
Dependiendo de qué tan bajo quede el
impuesto corporativo en Estados Unidos, México podría experimentar una salida
de capitales de entre 9 mil y 11 mil millones de pesos y una caída en el
crecimiento del PIB hasta el 1.9 por ciento, aunque el mayor golpe para México
se daría en el largo plazo, por una caída importante de la Inversión Extranjera
Directa, dijo
Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco Base.
México actualmente cobra un impuesto
corporativo (el Impuesto Sobre la Renta o ISR) del 30 por ciento, que ya está
por encima del promedio de los países de la OCDE, del 24 por ciento.
La reforma tributaria también
incluiría elevar la tasa de repatriación de capitales en Estados Unidos hasta
el 18 por ciento, de manera que devolver a suelo estadounidense ingresos
provenientes de inversiones en el extranjero costaría considerablemente menos.
Por último, se plantea un nuevo
impuesto del 20 por ciento a los envíos de dinero que las empresas
estadounidenses realicen a sus subsidiarias en otros países. Lo anterior
“terminaría de matar al modelo exportador mexicano”, dijo Siller.
Ante este escenario, México tiene
poco o nada con qué maniobrar debido a los tiempos en los que ocurre la reforma
estadounidense, en plena carrera por la presidencia de este lado de la frontera.
“Es difícil hacer una reforma fiscal en el último año de un presidente saliente
y en el primer año de uno nuevo (…) la reacción de México, si la hubiera, la
veríamos hasta 2020”,
dijo Siller.
En todo
caso, añadió la economista, México
debería hacer una reforma transversal y no sólo centrarse en una baja de
impuestos a las empresas para no arriesgar a la economía.
Ante el
avance de la reforma en el Senado estadounidense, el empresariado mexicano se pronunció a favor de una reforma fiscal
“espejo” en México que también baje los impuestos para permitir que las empresas
puedan competir con sus contrapartes estadounidenses.
Esta
propuesta “no se puede hacer tal cual”
dijo Siller, “sin afectar a las finanzas públicas y por ende poner en riesgo la
calificación crediticia de México”.
EN MANOS DEL
NUEVO PRESIDENTE DE MÉXICO.
Para Siller actualmente no hay un mecanismo que ayude a
paliar la pérdida de competitividad que sufrirán las empresas mexicanas ante la
nueva legislación estadounidense, pero desde Banco Base consideran que el
próximo presidente de México tendrá la tarea de hacer esa reforma transversal
que seguramente tendrá que incluir un adelgazamiento del gobierno (un recorte
al gasto gubernamental) y un reordenamiento de los impuestos que priorice mejor
quienes pagan y cuánto.
“No se puede bajar impuestos a todo
el mundo”, anotó la experta. Lo bueno, concluyó, es que lo más probable es que
la Reforma Fiscal de Trump entre en vigor hasta 2019.

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