A través de una misiva, el cardenal
Norberto Rivera Carrera, a quien el Papa Francisco le acaba de aceptar su
renuncia como arzobispo primado de México, se despidió de su feligresía
pidiendo perdón por sus “debilidades y omisiones”, así como por las ofensas que
hizo a lo largo de los 22 años en que desempeñó ese cargo.
“Pido perdón
por mis debilidades y omisiones. Al final de mis días espero encontrarme con mi
Salvador, rico en misericordia”, señaló el cardenal en su carta de despedida.
Y agregó:
“Me llevo la satisfacción de no haber
permanecido mudo ante la violación de los derechos humanos y divinos de mi madre la Iglesia. Lamento si, por mi posición firme, alguien
se sintió ofendido y lastimado, y una vez más pido humildemente perdón a quien,
aun sin querer, haya ofendido”.
Indicó que,
como arzobispo de México, “conté con el apoyo de excelentes obispos auxiliares,
un gran presbiterio con diversidad de dones y carismas, y un numeroso grupo de
diáconos que sirven día a día con generosidad”.
Dijo también
en su misiva:
“La labor
tan diversificada de mis hermanos de vida consagrada en favor del Evangelio
también es muy reconocida, y es patente el crecimiento y la preparación de los
laicos para ocupar el lugar que les corresponde en nuestra Iglesia”.
Asimismo, agradeció al Papa Francisco
por tener “la bondad de aceptar mi renuncia como pastor de esta arquidiócesis
primada de México”.
También le
agradeció al pontífice el haber nombrado al cardenal Carlos Aguiar Retes, quien
venía desempeñándose como arzobispo de Tlalnepantla, como nuevo arzobispo
primado de México.
Y, por
último, Rivera Carrera le dio la bienvenida a Aguiar Retes:
“Doy la
bienvenida a mi hermano, el señor cardenal don Carlos Aguiar Retes a esta
arquidiócesis de México. Le deseo de corazón todo bien en el Señor, y que su
ministerio episcopal sea fructífero para mayor gloria de Dios Nuestro Señor”.
Considerado por los especialistas
eclesiásticos como el máximo representante de la llamada “opción preferencial
por los ricos” –por sus fuertes ligas con la clase empresarial y política del
país–, el cardenal Rivera también se caracterizó por hacer negocios con el
culto guadalupano y por proteger a curas pederastas de su arquidiócesis, al
grado de que actualmente enfrenta una denuncia penal por estos delitos de encubrimiento.
Rivera llegó
al arzobispado de México en junio de 1995. Inmediatamente
se dio a la tarea de obtener el control de las arcas de la Basílica de
Guadalupe, el santuario más rico del país y entonces a cargo del abad Guillermo
Schulenburg, a quien Norberto logró desplazar en 1996.
Ya con el
control total del santuario mariano más importante del mundo, Rivera Carrera empezó a lucrar con el culto
guadalupano. Por ejemplo, vendió en 12.5 millones de dólares el copyright de la
imagen guadalupana a la empresa estadunidense Viotran, mediante un contrato
suscrito en marzo de 2002.
Otro gran negocio de Norberto fue la
Plaza Mariana, un mall religioso-comercial que edificó en el atrio de la
Basílica de Guadalupe, en colaboración con el magnate Carlos Slim. Actualmente,
Rivera Carrera enfrenta un litigio legal por diversas irregularidades y actos
de corrupción que se dieron en torno a la Plaza Mariana, la cual tiene como
consumidores cautivos a alrededor de 20 millones de peregrinos y turistas que
anualmente visitan el santuario.
En su paso por la arquidiócesis,
también se centró en cultivar relaciones con altos empresarios y políticos. En las páginas de la prensa de
sociales fue común verlo fotografiado en sus ceremonias y convivios.
Por ejemplo,
cuando murió el político y empresario
Carlos Hank González, en agosto de 2001, Norberto ofició su misa de cuerpo
presente en el pueblo mexiquense de Santiago Tianguistenco, y ahí alabó a Hank
como un modelo a seguir. También celebró
la misa de bautizo de una hija del priista Humberto Moreira, exgobernador de
Coahuila.
Íntimo amigo del empresario Olegario
Vázquez Raña, dueño de los hospitales Ángeles y del diario Excélsior, el
cardenal llegó a viajar al pueblo natal del magnate, Avión, España, para allá
oficiarle una misa en agosto de 2013, a la que también
asistieron Carlos Slim y otros destacados empresarios mexicanos y españoles.
Para entonces, Norberto ya se había consolidado como el “capellán de los
ricos”.
Como ningún
otro prelado mexicano, Rivera Carrera
también protagonizó los más sonados escándalos de protección a sacerdotes
pederastas, entre ellos Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y
a quien Norberto siempre defendió.
En 2006, el cardenal fue demandado ante la Corte de
Los Ángeles, California, por encubrir al sacerdote pederasta Nicolás Aguilar.
Entonces se le sometió a largos interrogatorios. Pero la demanda contra él no
prosperó porque dicha Corte determinó no tener jurisdicción en el caso, ya que
los abusos denunciados se cometieron en México.
Norberto también está implicado en el
caso del sacerdote Carlos López Valdés, quien en su arquidiócesis estuvo
abusando del niño Jesús Romero Colín, entre 1994 y 1999. Este proceso aún
continúa.
Y apenas el
pasado 2 de junio, una nueva denuncia
penal se interpuso contra el cardenal ante la Procuraduría General de la
República –con el expediente DF/05541/2017–. Esta vez se le denunció por
encubrir a 15 sacerdotes pederastas de su arquidiócesis. La denuncia la
interpuso Alberto Athié Gallo, quien fue sacerdote del propio Norberto.
Ahora, en su
carta de despedida como arzobispo, Rivera Carrera pide perdón por sus ofensas,
debilidades y omisiones, esperando así obtener la misericordia divina.
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