Javier Risco.
La Constitución dice que México es un
Estado laico, un lugar donde el culto religioso no está mezclado con el
ejercicio del poder público. Pero como mucho en nuestra Carta Magna, es letra
muerta, inexistente en la práctica.
Hace menos
de una semana el polémico arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera,
quien por más de 20 años ocupó un puesto clave en la Iglesia mexicana, dejó el
cargo y dio paso a su sucesor: Carlos Aguiar Retes. Durante dos décadas, Rivera
representó lo opuesto a lo que ocurría en la Ciudad de México: mientras los
derechos humanos se ampliaban, mientras la capital le daba la bienvenida a la
despenalización del aborto o el matrimonio igualitario, un jerarca de la
Iglesia endurecía su discurso respecto a esos temas.
Ahora hay un nuevo rostro, pero ¿hay
una nueva postura eclesiástica? Hace unos días tuve la oportunidad de entrevistar a Bernardo
Barranco, sociólogo y experto en temas de religiosidad y cultura, coautor del
libro El pastor del poder, y haciendo un contraste en este relevo religioso en
la CDMX, donde según el Inegi ocho de cada 10 chilangos son católicos, mencionaba dos puntos en común: Aguiar
Retes también es un cura conservador y es un hombre tan cercano al poder como
lo era Rivera Carrera.
“Carlos Aguiar Retes no es un
progresista ni tampoco es un pastor que huela a oveja, no hubo clonación en el
nombramiento del Papa para el nombramiento para la Ciudad de México, más bien
Carlos Aguiar Retes es un hombre de aparato, es un hombre de estructura
religiosa.
“Una de las
grandes virtudes que tiene es que es gran amigo del Papa, son muy cercanos
sobre todo a partir de 2007. Fueron juntos a una comisión de redacción, un
documento de aparecida, una importante reunión a nivel continental y de ahí se
hicieron frételos, amigos, cuates. Es
importante y no es banal este dato porque Francisco enfrenta una rebelión de
los grupos ultraconservadores, muy poderosos, al grado que hay una carta, de
hace dos meses, en la que lo declaran un Papa hereje… Norberto Rivera forma
parte de ese grupo… el Papa necesitaba un hombre de confianza en la Iglesia
mexicana”, refiere Barranco.
Pero la cercanía de Aguiar Retes no
es sólo con el poder de la Iglesia que representa, sino con el poder público,
que lo convierte en un vehículo peligroso de transmisión de un mensaje claro y
dirigido.
Un hombre descrito por Barranco como
menos confrontativo que Rivera, pero igual de conservador. Y basta ver las declaraciones que hizo en su primera conferencia de
prensa, en la que culpó a la pornografía del embarazo de las adolescentes, para
medir el discurso que mantendrá y que revela la continuidad de un líder que
topa una confrontación cultural con algo que ha caracterizado a la capital del
país: la apertura en temas que la Iglesia condena una y otra vez y que van en
retroceso del reconocimiento de los derechos humanos.
Y sí, dirán que es lógica su postura porque
concuerda con la que tradicionalmente mantiene la Iglesia católica en estos
temas, pero cuando a eso se le suma su cercanía con el poder, se convierte en
un foco rojo del tipo de líder y de las convicciones sociales que mantienen
quienes sí toman decisiones públicas que nos afectan a todos los ciudadanos.
Y si no, revisemos la reforma al artículo 24
constitucional aprobada en el Congreso, en 2013, en la que se amplía la
libertad de culto, creencia y religión, y que fue operada por Aguiar Retes de
la mano del ya presidente Peña Nieto.
Basta decir que fue precisamente este
sacerdote quien organizó aquella visita de Enrique Peña Nieto al Vaticano, para
que el priista le presentara a su entonces novia, Angélica Rivera, al papa
Benedicto. O que fue el nuevo arzobispo quien hace cinco meses ofició la misa
en la que se casó el exgobernador Eruviel Ávila, o saber de su cercanía con el
actual gobernador Alfredo del Mazo, para saber que en México sí hay forma de
ejercer poder desde el púlpito de una Iglesia.
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