Araceli
Damián.
El desastre económico que se vive en
el país pudo ser evitado, pero los gobiernos priistas y panistas decidieron
favorecer, sobre todo, los intereses del capital financiero, realizando
diversas reformas estructurales con las que se vendieron nuestros recursos al
peor postor, se ofreció una mano de obra desvalorizada a las empresas
trasnacionales y se permitió que capitales golondrinos obtuvieran ganancias
extraordinarias, provocando crisis económicas de las cuales no nos hemos recuperado. Nuestra historia pudo ser distinta.
Lo sabemos porque otros países latinoamericanos, algunos otros más como China o
India, lograron tener en lo que va del siglo tasas de crecimiento elevadas que
sacaron de la pobreza a importantes contingentes de sus naciones.
Si bien se
puede argumentar que los casos de China e India no pueden compararse con el de
México, lo cierto es que lo ocurrido en diversos países de América Latina pone
de relieve que sí había ventanas de oportunidad para un mejor crecimiento
económico, una disminución de la desigualdad y, por ende, una elevación de la
calidad de vida para la mayoría de los mexicanos. Pero no fue así.
Lo anterior
se demuestra en el reciente Panorama Social de América Latina publicado por la
CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), en el que se aborda la desigualdad laboral
y la problemática de las pensiones en la región y en el que, sistemáticamente,
aparece México dentro de los últimos lugares en desempeño económico y social.
El tema de las pensiones es uno de los más complejos en la coyuntura actual, ya
que la región enfrenta un proceso de envejecimiento y una imparable
robotización de los procesos productivos, lo cual dificulta la posibilidad de
fortalecer los sistemas pensionarios tradicionales.
En lo que
respecta a la desigualdad en América Latina, la CEPAL plantea que durante el
presente siglo ésta se redujo de manera importante, pero en los últimos años la
tendencia se ha desacelerado notablemente. Ello no sorprende si consideramos que
ha habido un retorno de la derecha a gobiernos en países como Brasil, Argentina
y, recientemente, Chile.
Se
identifican dos periodos: el de baja acelerada de la desigualdad (2002 a 2012)
y el de escasa disminución (2012-2016). En ambos México tienen un desempeño
bastante desalentador y es de los países que tienen una concentración más
elevada del ingreso. En 2016, el quintil (20% de la población) más rico
concentraba en promedio en la región latinoamericana 45% del ingreso total de
los hogares y en México concentraba 48%.
Además, entre 2002 y 2012 fue el único país en el que se observa que el primer
quintil de la población, el de los más pobre, reduce su participación en el
ingreso total.
Según la
CEPAL la región observó una reducción de la pobreza, de 45.9% a 28.5% entre
2002 y 2012, desde entonces se observa un ligero crecimiento y, en 2017 se
estima que ésta se ubicó en 30.7%. CEPAL estimó que la reducción de la pobreza
en entre 2002 y 2012 se debió al rápido crecimiento del ingreso laboral de los
hogares pobres. México ocupa uno de los
últimos lugares en la materia, ya que este ingreso creció sólo 0.8%, mientras
que en Argentina creció 11.4%, en Bolivia 6.4% y en Brasil 4.4%. Para el
periodo 2008-2016 México es el país que, junto con Honduras, presenta un
retroceso en el ingreso por ocupado, pero mientras que en Honduras disminuye
0.9%, en nuestro país la caída fue de 2.1%.
La situación
que guarda México en materia de pensiones en el contexto latinoamericano es también desastrosa. En 2014 presentaba el 2º monto
promedio más bajo mensual de las pensiones (232 dólares de poder adquisitivo,
PPA, de 2010) y uno de los únicos tres países en los que dicho monto se redujo
con respecto a 2002. La pensión de nuestros jubilados es sólo superior a la
de los bolivianos (214 dólares), sin embargo, mientras que en Bolivia la
situación de los pensionados mejoró con respecto a 2002, ya que tenían un pago
mensual de 169 dólares en 2002, en México el monto era de 423 dólares. Más
triste aún es constatar que mientras en 2002 las pensiones en México tenían un
monto similar a las de Argentina (443 dólares), en 2014 en este último país los
pensionados recibían 1,488 dólares al mes.
Varios funcionarios del gobierno
mexicano han insistido en que es inevitable una reforma al sistema de pensiones
debido al elevado grado de envejecimiento que presenta nuestro país. Sin
embargo, México es uno de los países con población más joven en la región
latinoamericana. El índice de envejecimiento promedio de América Latina es 47
personas de 60 años y más por cada 100 personas menores de 15 años; en México
el índice fue de 38 personas de 60 años y más, mientras que en Argentina 62,
Uruguay 93 y Costa Rica 63. A pesar de ello, todos estos países tienen mejores
sistemas de pensiones que México.
Uno de los aspectos más preocupantes
en materia de pensiones en toda América Latina es que la mayoría de quienes
tienen 60 años y más son mujeres, las cuales tienen una incorporación baja al
mercado laboral, poca densidad de cotizaciones y salarios más bajos, por lo que difícilmente tienen
acceso a una pensión, y cuando así sucede, los montos son muy bajos. México no es ajeno a esta problemática. No
obstante, lo más grave en nuestro país es la baja densidad de cobertura de los
sistemas pensionarios. Mientras que América Latina tiene en promedio 50% de
cobertura, en México sólo un tercio de los ocupados tiene cobertura de
seguridad social. Compárese este dato con más de 75% de cobertura en países
como Argentina, Chile o Costa Rica.
Existen
todavía posibilidades para mejorar los sistemas pensionarios si se aprovecha el
bono demográfico (relación favorable entre la población en edad de trabajar, de
15 a 60 años, y la que es dependiente, menores de 15 y mayores de 60 años). En
América Latina dicho bono estará vigente hasta el 2040 y en México hasta 2050. Pero en el caso de nuestro país dicho
aprovechamiento no podrá ser posible si se continúa con la misma política seguida por los gobiernos del PRI y del
PAN, que favorece sólo a unos cuantos. Se necesitan medidas que permitan la
formalización del trabajo. El Estado puede contribuir con ello, contratando
obra pública y comprando bienes y servicios de empresas que cumplan con sus
obligaciones patronales en materia de seguridad social y que paguen salarios
dignos, algo que en el priismo y panismo es imposible, porque siempre buscan
favorecer a empresas de “amigos” o familiares, sin importarles que violen
sistemáticamente derechos laborales.
La
desigualdad se redujo en menor medida a lo que estima la CEPAL, ya que sus estimaciones
no consideran la concentración del ingreso en el 1% más rico de la
distribución, ya que este grupo poblacional normalmente no se incluye en las
encuestas de hogares, base para el cálculo de la desigualdad de la CEPAL.
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