La postulación de José Antonio Meade
Kuribreña está marcada por una alineación de intereses manifiestos desde que
Claudio X González Laporte –uno de los hombres más influyentes dentro del
poderoso Consejo Mexicano de Negocios (CMN)— lo “destapó” en octubre, como
parte de dos apariciones públicas, en las que se dijo halagado de que lo
compararan con el extinto Fidel Velázquez, coincidentemente, el protagonista
histórico del ritual sucesorio.
Una de esas
apariciones fue en el Foro de Negocios 2017, realizado en San Luis Potosí y
otra, en una entrevista concedida a la revista Forbes. En el centro de las
expresiones de Claudio X estaba el apoyo a Meade y la crítica a Andrés Manuel
López Obrador, contra quien dijo, tanto él como las empresas en cuyos consejos
de administración participa, estaban dispuestos a actuar.
Claudio X es cabeza emérita de
Kimberly Clark México, además de miembro de los consejos de administración de
Grupo Carso, el consorcio de Carlos Slim; de Grupo Alfa, de la familia
Garza-Sada y, de Grupo México, de Germán Larrea. Es decir, cuatro de las más
grandes fortunas mexicanas con membresía en el CMN.
Los hombres del CMN, la llamada
“cúpula de cúpulas”, con unos 50 miembros, representan alrededor del 30% del
Producto Interno Bruto del país; 15 de ellos forman parte de las listas de
millonarios del mundo. Si un día los miembros del CMN decidieran sacar sus
capitales de México provocarían una profunda crisis… quizás lo han hecho.
Definitivamente, no son las mejores personas del país y un
recuento elemental de agravios a la nación lo demuestra.
Ellos crecieron sus negocios con
concesiones, contratos y políticas públicas; saludaron las represiones brutales
como la de 1968; participaron activamente en los ataques a la libertad, como el
boicot publicitario al Excélsior de Julio Scherer.
Se beneficiaron de los bancos, las
minas y la industria paraestatal durante las privatizaciones salinistas, y
cuando no pudieron desarrollarlas, los rescató el gobierno con cargo al
bolsillo del pueblo con el Fobaproa, una operación que recayó en parte en
Dionisio Meade, padre del candidato y cuya implementación fue de los primeros empleos que
tuvieron los hermanos José Antonio y Lorenzo, en el IPAB.
Por sus malos negocios, la banca se
vendió a extranjeros, lo mismo que las siderúrgicas y grandes empresas otrora
propiedad de la nación.
Durante medio siglo han financiado
las campañas de los presidentes. Lo hicieron en los regímenes priistas y luego
facilitaron “la alternancia” con los panistas al aportar al fondo “Amigos de
Fox”; patrocinaron
la campaña del “peligro para México” en 2006 contra López Obrador, quien por cierto, desde octubre de 2016,
acusó a Claudio X de ser el anfitrión de otros magnates como Roberto Hernández,
para confabular en su contra atrayendo a derechistas venezolanos, un asunto en
el que el tabasqueño insistió a mediados de 2017 y que hoy parece relacionarse
con la presencia del estratega, experto en campaña negra, Juan José “J.J.”
Rendón.
La
alineación de intereses en torno a Meade es
notable también en la inclusión de políticos relacionados con los intereses de
esos magnates, como Javier Lozano Alarcón, el pendenciero político saltimbanqui, protector de Grupo México, durante
su estancia en la secretaría del Trabajo calderonista, responsable de dejar en la impunidad la muerte de 65 trabajadores en la
mina Pasta de Conchos, ocurrido en 2006.
Cierto es
que hay muchos aspectos cuestionables en López Obrador. Sin embargo, por
escapar a la naturaleza del debate democrático, es necesario advertir que, en este su tercer intento, tal parece
enfrentará, una vez más, la intromisión anómala, insana y tenebrosa, del gran
capital.
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