miércoles, 24 de enero de 2018

México fue en 2017 el tercer país más mortífero para defensores de DH en el mundo, dice Informe.


México se colocó en el tercer lugar entre los cuatro países más mortíferos contra defensores de derechos humanos en el mundo durante el año pasado, con 31 homicidios. Se trata de una lista roja que concentra el 80 por ciento del total de los homicidios en el mundo, y que lidera Colombia, con 91 asesinatos; seguida de Filipinas, con 60, y Brasil, con 27 homicidios, consignó el Informe Anual sobre Defensores de Derechos Humanos en Riesgo 2017, realizado por la organización internacional Front Line Defenders.

El Informe, dedicado a los 312 defensores asesinados en 27 países del mundo durante 2017, fue revelado por esta organización –fundada en Dublín, Irlanda, en 2001, con el objetivo específico de proteger a defensores en riesgo y personas que trabajan de forma no violenta por alguno o todos los derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos– apenas días antes de que el 18 de enero pasado, en México, fuera asesinada Guadalupe Campanur Tapia, activista de 32 años, defensora de los bosques y el territorio comunal de Cherán, Michoacán.

El año pasado, plantea, fue testigo del mayor número de asesinatos de defensores/as ambientales y periodistas registrados en México en los últimos años, en medio de una crisis de violencia que se extiende por todo el país, destaca.

“La aprobación en diciembre de una nueva Ley de Seguridad Interior en México que permite la intervención de las fuerzas armadas en asuntos de seguridad pública es particularmente preocupante por la ambigüedad de la redacción, su probable implementación arbitraria y sus posibles efectos negativos en la protesta social”, añade la Organización No Gubernamental (ONG).
Los defensores mexicanos asesinados y que se incluyen en la lista de Front Line Defenders son:

Juan Ontiveros Ramos.
Silvestre de la Toba Camacho.
José Alberto Toledo Villalobos.
Miriam Rodríguez Martínez.
Isidro Baldenegro López.
Benjamín Juárez José.
Marco Antonio Pazuengo Salazar.
Fredy Cruz García.
Alan Geovani Martínez Contreras.
Rafael Hernández Cisneros.
Marciano Martínez Cruz.
Antonio Santiago González.
Humberto Morales Santíz.
Cecilio Pineda Birto.
Hiram Yusset Tejeda Salas.
Ricardo Monlui Cabrera.
Miroslava Breach Velducea.
Juan José Hernández Alchino.
Santiago Crisanto Luna.
Luis Gustavo Hernández Cohenete (menor de edad).
Francisco Jiménez Alejandre.
José Carlos Jiménez Crisóstomo.
Maximino Rodríguez Palacios.
Gerardo Corona Piceno.
Héctor Jonathan Rodríguez Córdova.
Jesús Javier Valdez Cárdenas.
Agustín Vázquez Torres.
Miguel Vázquez Torres.
Rodrigo Guadalupe Huet Gómez.
Meztli Omixochitl Sarabia.
Fernando Tlaxcalteca.

DEFENSORES CRIMINALIZADOS.

Los 312 defensores fueron asesinados en 27 países por su trabajo pacífico, según datos recopilados por la organización. Más de dos tercios, un 67 por ciento del número total de activistas asesinados, defendían derechos sobre la tierra, al medio ambiente y de los pueblos indígenas, casi siempre en el contexto de actividades de industrias extractivas, megaproyectos y grandes empresas.

De entre los casos recopilados, sólo 12% de todos los casos de asesinato dieron como resultado el arresto de sospechosos.

“La impunidad ante actos de violencia y la insuficiencia crónica de protección para defensores/as en riesgo continúa generando el clima de frecuentes asesinatos, dijo la organización. De los casos sobre los cuales se recopilaron datos sobre amenazas previas, el 84 por ciento de las y los defensores habían recibido al menos una amenaza de muerte personal antes de ser asesinados/as”, establece.

La criminalización, dice, siguió siendo la estrategia más común utilizada para obstaculizar y deslegitimar el trabajo de las y los defensores.

“Miles de derechos humanos fueron objeto de detenciones, acusaciones falsas, sometidos/as a procesos legales largos, costosos e injustos y, en algunos casos, condenados/as a largas penas de prisión. La ola de legislaciones restrictivas utilizadas para perseguir a defensores de derechos humanos y medios independientes continuó en 2017 y tanto las tácticas cuasilegales como aquellas más violentas utilizadas por los opresores estuvieron acompañadas de campañas difamatorias profesionales que contaban con amplios recursos”, expone.

“En muchos países, los gobiernos y las fuerzas de seguridad se mostraron, en el mejor de los casos, impasibles ante las amenazas y ataques sufridos por los/as DDH, y, en el peor de los casos, fueron las mismas fuerzas de seguridad del Estado las responsables de los asesinatos.

La mayoría de los inversionistas internacionales y empresas matrices que iniciaron y posibilitaron tales proyectos con sus fondos y apoyo, siguen sin considerar a los líderes de las comunidades locales y a los/as DDH como actores clave a los que deben consultar a la hora de planificar los proyectos”, establece.

Esta falta de consulta, alerta, aumenta el riesgo de una futura confrontación y, al no hacerlo, las compañías no reciben señales de alerta temprana cuando surgen conflictos en áreas locales.

De los casos sobre los cuales Front Line Defenders pudo recopilar datos sobre amenazas previas, el 84 por ciento de las y los defensores asesinados habían recibido al menos una amenaza antes de su muerte. Por tanto, destaca, si la policía hubiese tomado medidas preventivas en una fase temprana, los ataques podrían haberse reducido drásticamente.

Por otro lado, agrega el documento, también aumentó el número y la frecuencia de los ataques contra las defensoras de derechos humanos. Las amenazas y ataques recibidos incluían a menudo elementos relacionados no sólo con su trabajo, sino también con su género.


Front Line Defenders recibió información de este tipo de casos de El Salvador, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, México, Brasil, Colombia, Perú y Honduras. Entre ellos, hay ejemplos de amenazas de violencia y tortura sexual, difamaciones en las redes sociales, así como ataques dirigidos a familiares o parientes cercanos.

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