Javier Risco.
Dice el dicho que ‘hechos son
amores’. Alguien debería recordarle esa frase al presidente Enrique Peña Nieto,
quien, a estas alturas, con uno de los índices de aprobación más bajos en el
último año de un mandatario mexicano, piensa que de verdad hay quien cree que,
si dice que no tiene las manos metidas en la elección, es suficiente con su
palabra.
Y es que
ante el cuestionamiento de la sociedad civil y de figuras públicas, políticas e
intelectuales sobre la intervención evidente de la PGR en la contienda electoral,
el aún habitante de Los Pinos cree que con decir que ‘son normales’ los dimes y
diretes y que ‘no fijará postura’, basta para no exigir que las instituciones
de justicia actúen con independencia y autonomía.
Ayer, en una entrevista después de un
evento y tras la ‘advertencia’ de Ricardo Anaya, de que se encargará de que se
investiguen los actos de corrupción en su administración, se le preguntó a Peña
Nieto su opinión al respecto, dado que el mensaje del aspirante frentista fue
con nombre y apellido. La respuesta del mandatario parece un ingenuo intento
por hacerle creer a sus gobernados que aquello que se hace en las dependencias
a su cargo, como la Procuraduría, y que las declaraciones de sus fieles
colaboradores, como Aurelio Nuño y Enrique Ochoa, o lo que diga su abanderado
presidenciable, José Antonio Meade, no tiene ni su visto bueno ni esconde per
se un mensaje de parte de la administración que representa.
Aquí la
respuesta textual del mandatario: “Lo
único que tengo que responder, no respondo a nadie ni me voy a meter en este
proceso electoral, la única participación que yo tendré en este proceso será el
1 de julio cuando vaya a ejercer mi derecho a votar”.
Reportera: “Pero dicen que está usando a la
Procuraduría…”
Peña Nieto: “A ver, no se enganchen tampoco los medios.
Lo que vamos a ver en este proceso electoral, propio de toda democracia, son
los dimes y diretes de cada uno de los participantes y es normal, es propio de
todo proceso electoral lo que se diga, lo que se señale, lo que se posicione de
cada uno de los candidatos. Lo que sí tendrán muy claro es que el presidente ni
fijará posición ni va a tener un posicionamiento para cada uno de los
candidatos o lo que vayan diciendo en esta carrera política, en esta carrera
democrática”, respondió en un inusual gesto de colaboración con la prensa.
Sí. Viven
ustedes en un país donde el presidente
es incapaz de dar respuesta pronta y expedita en casos como los sobornos de
Odebrecht, como la corrupción en el caso del socavón del Paso Exprés, como los
conflictos de interés con su ‘casa blanca’, pero que cree que es ‘normal’ que
previo al inicio de una campaña electoral uno de los candidatos sea señalado y
exhibido por la PGR como presunto participe en lavado de dinero a través del
esquema de las empresas fantasma.
¿De verdad, presidente? ¿Es propio de
la democracia que se usen a modo las instituciones que deberían garantizarnos
respuestas y justicia?
Qué terrible es una respuesta dicha
desde la ocurrencia cuando la preocupación encarna los temores de una
maquinaria electoral echada desde Los Pinos, una maquinaria conocida, que actuó
con un desfile de secretarios en la campaña del Estado de México el año pasado
y que tiene bajo la lupa en Chihuahua el desvío de 256 millones de pesos para
la campaña priista en el estado.
La exigencia
de los intelectuales y sociedad civil es clara: “Si hay pruebas contundentes sobre la responsabilidad legal de Ricardo
Anaya exhortamos a que la autoridad ministerial proceda en consecuencia. De lo
contrario, el uso de la Procuraduría General de la República para perseguir a
un líder de la oposición pone a México junto a países con regímenes
autoritarios, democracias totalmente disfuncionales. Ante la falta de autonomía
del Ministerio Público federal, usted presidente Peña Nieto es la máxima
autoridad responsable de este proceso. En 2005, el intento de desafuero de
Andrés Manuel López Obrador abrió brechas de polarización en la sociedad, que
aún dividen y lastiman la convivencia social en nuestro país”.
No se trata, claro está, de la
defensa de ningún aspirante presidencial, sino de un proceso democrático. Ya
pasó antes con el PRI, ya la usó también el PAN –irónicamente– en 2005 y se
puede convertir en una práctica sistemática de golpeteo a la oposición. QUIZÁS
A ESO SE REFIERE PEÑA CON ‘NORMAL’, a que es una estrategia que se diseñó desde
el tricolor y que el blanquiazul también adoptó. Pero no, presidente, no es la
normalidad de las trampas a la que queremos acostumbrarnos.
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