Adrián López Ortiz,
En el libro How democracies die,
Steven Levitsky and Daniel Ziblatt rescatan una propuesta harto interesante
pero nunca desarrollada por el politólogo español/alemán Juan Linz. La
propuesta vale la pena pues sugiere una especie de test para distinguir cuando
un político es autoritario -o aspira a serlo- una vez que esté en el poder.
Vale la reflexión toda vez que uno de
los grandes temas de la coyuntura electoral es precisamente la tentación
autoritaria de nuestros candidatos y sus partidos.
No es secreto que el adjetivo
“autoritario” se usa sobre todo para aludir a Andrés Manuel López Obrador, pero cabe señalar que incluso el mismo
Ricardo Anaya es criticado al interior de su partido por la actitud excluyente
y poco conciliadora que le permitió hacerse de la candidatura panista.
Y ni hablar de las prácticas, esas sí autoritarias con todas sus letras,
del PRI como partido en el poder, al desmantelar y usar las instituciones para
atacar a sus críticos y rivales. El más reciente ejemplo la difusión que hizo
la PGR de un video privado con fines de “transparencia”. Ahá.
Con base en ese trabajo inacabado de
Linz, los autores Levitsky y Ziblatt desarrollaron un cuestionario más preciso
y ampliado de cuatro elementos para dilucidar cuando un político es
antidemocrático o autoritario.
Primero, ¿el político muestra rechazo o un débil compromiso con las reglas del
juego democrático? Es decir, ¿rechaza los postulados de la constitución o los
viola? ¿Sugiere la necesidad de medidas antidemocráticas como cancelar
elecciones, bloquear ciertas instituciones o restringir ciertos derechos
civiles o políticos? ¿Busca usar medidas extra constitucionales para cambiar el
gobierno? Y ¿amenaza con minar la legitimidad de las elecciones al no aceptar
resultados electorales creíbles?
Segundo, ¿niega la legitimidad de sus oponentes políticos? O sea, ¿describe a
sus rivales como subversivos o contrarios al orden constitucional? ¿Afirma que
sus oponentes son una amenaza a la seguridad nacional? ¿Describe a sus rivales
partidistas como criminales y los descalifica para participar en la contienda
electoral? ¿Sugiere que sus rivales son agentes extranjeros o que trabajan en
alianza o como empleados de gobiernos extranjeros que usualmente son enemigos?
Tercero, ¿muestra tolerancia o alienta a la violencia? Es decir, ¿tiene
vínculos con fuerzas paramilitares, guerrillas o milicias u otras
organizaciones vinculadas a violencia ilícita (crimen organizado, por ejemplo)?
¿Alienta él/ella o sus aliados partidistas ataques multitudinarios o
linchamientos contra sus oponentes? ¿endosa tácitamente la violencia a sus
seguidores al negarla o ambiguamente rechazarla o condenarla? Y ¿Alaba o se
niega a condenar otros actos significativos de violencia en el pasado o en
algún otro lugar del mundo?
Cuarto, ¿está dispuesto o dispuesta a acortar libertades civiles de sus
oponentes, incluyendo la prensa? Con mayor precisión, ¿ha apoyado leyes o
políticas públicas que restrinjan libertades civiles, tales como expandir leyes
sobre difamación, restricción de la protesta o crítica al gobierno? ¿Ha
amenazado con tomar acciones legales contra sus críticos o rivales partidistas,
de la sociedad civil o de la prensa? Y ¿alaba medidas represivas tomadas por
otros gobiernos, en el pasado o en algún otro lugar del mundo?
Todavía no estamos en campaña, pero
durante ellas tendremos chance de responder a esas preguntas con más
información y mejores elementos concretos. Habrá oportunidad de ver los
reflejos y escuchar el discurso de los candidatos presidenciales. Ignoro aún la
mecánica de los debates, pero espero que nos permitan distinguir ideas,
propuestas y respuestas ante temas importantes de política pública en materia
económica, de seguridad, educación, etc.
Las preguntas son duras y merecen
amplias respuestas para cada una. Seguro al leer cada una pensó en los rusos,
en Venezuela, en la amenaza de demanda a Animal Político, en el uso personal de
los spots, en la intolerancia a la crítica, entre otras cosas.
Por eso lo invito a reflexionar en el
actuar y el decir de José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador y Ricardo
Anaya, en las y los aspirantes independientes, en sus candidatos locales a
gobernador, diputado, alcalde. Saque usted sus propias conclusiones para que
vote mejor, yo solo le comparto una herramienta que me parece útil e interesante
sin que sea exhaustiva o definitoria.
¿Quién sería el más reprobado de este test?, ¿quién calificaría como
demócrata y quién como autoritario? Hágalo por favor antes de votar, porque una
vez instalado el autoritario en el poder, la democracia se pone más difícil.
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