Dolia Estévez.
Manuel Bartlett siempre ha negado su complicidad en los
crímenes que ocurrieron en los seis años que, como secretario de Gobernación
(1982-1988), fue el hombre fuerte del sexenio de Miguel de la Madrid. Se
presenta como un simple actor de reparto y no el protagonista central.
Tergiversa la historia para justificarse. Culpa a otros del fraude de 1988 que
robó la presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas. Se dice víctima de una “embestida”
nacional. Sobre el espionaje, la tortura, los homicidios, la censura e
intimidaciones que abundaron durante su gestión al frente de la secretaría que
todo lo controlaba, dice no saber nada.
Su negro pasado rebasa con creces su retórica nacionalista de
hoy. No hay nada en sus escasos años de converso que justifique premiarlo. A
estas alturas del juego, es ingenuo esperar una explicación honesta y
autocritica. Una disculpa a los agraviados; al pueblo de México. Mucho menos un
acto de contrición de cara al juicio de la historia. Imposible imaginar a un
político vivo que haya hecho más daño a la democracia que el futuro director de
la Comisión Federal de Electricidad.
CARDENISTAS ASESINADOS.
El 2 de julio de 1988 —cuatro días antes de la elección en la
que se pronosticaba el fin de la dictadura del PRI— fue asesinado Francisco
Ovando Hernández, colaborar de Cárdenas a cargo de centralizar los resultados
de la elección a través de un mecanismo de información en tiempo real. Román
Gil Heráldez, asistente de Ovando, también fue baleado. Son “crímenes
políticos” para enviar un mensaje de “intimidación”, denunció un sombrío
Cárdenas. Pidió una reunión urgente con Bartlett, quien además de dirigir la
Dirección Federal de Seguridad (DFS), presidía la Comisión Electoral. “Mientras
los dos se reunían en las oficinas de Bartlett, partidarios de Cárdenas se
manifestaban afuera para culpar al Gobierno de los asesinatos” (The New York
Times 05/07/1988). La muerte de Ovando facilitó el fraude que Bartlett
instrumentó cuatro días después.
EL FRAUDE DE 88.
En sus memorias, de la Madrid narra la frenética
escenificación del fraude la negra noche del 6 de julio. A las 10 y media,
Bartlett le dijo que en el Valle de México el conteo “venía fuerte” contra el
PRI. “Sentí que me caía un cubetazo de agua helada. Me surgieron temores de que
los resultados fueran similares en todo el país, eso es, que el PRI perdiera la
elección presidencial”. Jorge de la Vega, líder del PRI, le dijo que era
necesario proclamar la victoria de Carlos Salinas. Posicionar al PRI como
ganador sin cifras que lo sustentara y con las tendencias muy en su contra. “Es
una tradición que no podemos romper...”, insistió. “Me comuniqué entonces con
Bartlett…cuando le expliqué el punto de vista de De la Vega, se manifestó de
acuerdo. Reconoció que era necesario que Salinas se proclamara triunfador.
Todos teníamos los nervios de punta. Me imaginé encabezados de periódicos
aterradores, que dijeran algo así como: “Cárdenas proclama su triunfo y el PRI
calla (Cambio de Rumbo, 2004)”. Los resultados iniciales indicaban que el PRI
se encaminaba a una derrota tipo tsunami. Estaba perdiendo la presidencia y el
Congreso. Pero cinco días después, cuando Bartlett finalmente terminó de
maquillar los resultados oficiales, la Comisión Electoral a su cargo validó el
fraude a favor de Salinas.
CÁRDENAS.
Pregunté a Cárdenas si Estados Unidos metió la mano en el
fraude. “El fraude se cometió directamente por el Gobierno de México, con
Miguel de la Madrid en la Presidencia, Manuel Bartlett en Gobernación y un
sistema paralelo de conteo de votos. Éste tenía la información real y la que
presentaban públicamente era otra”, me respondió (SinEmbargo 05/05/2017).
A LAS ORDENES DE LA CIA.
Bartlett dio luz verde para que la CIA, en atropello a la
soberanía nacional, operara en el país como si fuera colonia estadounidense.
Instruyó a la DFS para que facilitara a la CIA el espionaje contra la KGB, los
cubanos y grupos de izquierda centroamericanos (The New York Times 23/06/1985).
BUENDÍA.
En 1984, agentes de la DFS asesinaron a Manuel Buendía, el
periodista que investigaba el vínculo entre la CIA, la DFS y el narco. José
Antonio Zorrilla, el director de la DFS que recibía órdenes directas de
Bartlett, fue hallado culpable. Bartlett resultó impune. Dijo que no era
responsable de los crímenes de la DFS (The Wall Street Journal 05/03/1997). En
1989, el expediente de Buendía fue cerrado. Los autores intelectuales siguen
libres.
CAMARENA.
En un juicio en Los Ángeles en 1992, Bartlett fue acusado por
dos informantes pagados por la DEA de haber estado presente en una reunión
donde se “discutió” el asesinato de Camarena y luego en la residencia en
Guadalajara donde fue torturado y asesinado en 1985. Bartlett rechazó los
alegatos. Los atribuyó a una “conspiración” en su contra. En 1997, Bartlett
contrató a una firma de abogados californiana para limpiar su nombre. Pero el
Departamento de Justicia le dijo que quería que testificara ante un Gran Jurado
en Los Ángeles. Bartlett consideró un insulto la invitación. Desde entonces no
ha vuelto a viajar a Estados Unidos. (The New York Times 19/02/1998). “Hace
mucho que no voy a Estados Unidos. No quiero ir. Pero no estoy vetado de
viajar”, dijo esta semana (Proyecto Puente 02/08/2017). En un momento dado,
Washington sopesó acusarlo penalmente en relación al caso Camarena, pero
desistió porque las pruebas que presuntamente lo implicaban no eran sólidas y
temía desestabilizar a Salinas. Bartlett era su secretario de Educación (The
New York Times 31/07/1995). El caso Camarena marcó a Bartlett. Se dice que
Washington vetó sus aspiraciones presidenciales en 1988.
FOBIA CENTROAMERICANA.
Para Bartlett, la emigración centroamericana era una plaga
que había que frenar. Anunció restricciones en las visas para centroamericanos
que huían de la violencia política en búsqueda de refugio en México y Estados
Unidos. Los acusó, particularmente a los salvadoreños y guatemaltecos, de
“robar empleos a los mexicanos” y provocar “presiones sociales debido al exceso
en la demanda de todos los servicios”. En 1983, ordenó reforzar la frontera con
Guatemala. El permiso a las aerolíneas para emitir visas a 14 países en
Centroamérica, Sudamérica y el Caribe fue revertido. Las visas se limitarían,
dijo, para los emigrantes que pudieran probar solvencia económica (The New York
Times 22/06/1983). Fuerte contraste con el trato compasivo de Andrés Manuel
López Obrador hacia los migrantes.
La incorporación al gabinete de este Tiranosaurio Rex con las
garras manchadas de sangre no es el fin del país (Tatiana dixit), pero tampoco
el prometido nuevo amanecer. Es un decepcionante arranque del Gobierno que dice
querer enterrar el pasado y hacer historia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.