Alejandro
Calvillo.
La PROFECO
es una de las máximas expresiones del abandono de la función pública y de la
entrega de una institución fundamental, esencial, para la protección de los
consumidores, es decir, de todos
nosotros, a los abusos de las empresas. PROFECO es la máxima expresión de la
política de los chapulines, del uso de un cargo para saltar a otro y dejar una
dependencia en la mediocridad y el caos.
La
administración de Peña Nieto inicio con
el nombramiento de Humberto Benítez al frente de PROFECO, cargo que ejerció
durante 6 meses hasta que surgió el escándalo de “LadyPROFECO”, cuando su hija
llamó a inspectores de esa procuraduría para cerrar un restaurante que no le
había otorgado la mesa que deseaba en el tiempo que quería.
El segundo procurador nombrado fue
Alfredo Castillo que permaneció en el cargo solamente 8 meses para ser nombrado
Comisionado Federal de Seguridad en Michoacán. Después fue nombrada Lorena Martínez
que estaría al frente durante el mayor periodo, 1 año y 10 meses, dejando el
cargo para presentarse como candidata al gobierno de Aguascalientes. A Lorena Martínez, que se
encarrilaba a ser la única verdadera procuradora, la sucedió Ernesto Nemer que ejerció el cargo solamente por un año para
retirarse a coordinar la campaña de Del Mazo a la gubernatura del estado de
México. Entró como interino Rafael Ochoa Morales y en agosto de 2017 el sexto
procurador fue nombrado, Rogelio Cerda Pérez. El resultado de este chapulineo
en PROFECO usted lo puede imaginar.
Debemos
partir del principio de que toda la legislación nacional e internacional de
defensa de los consumidores parte del principio de que los consumidores entran
en una relación profundamente desigual frente a las grandes corporaciones en el
mercado, y que el papel de estas leyes y organismos es balancear esa relación.
Por lo tanto, su misión es estar del lado de los consumidores. De ahí que quien
preside este organismo debe ser una persona que ha demostrado su vocación de
defensa de los derechos de los consumidores. Sin embargo, no es así, es lo
contrario, basta revisar como PROFECO ha violado el principio mismo de su
misión si se revisa la representación que tiene la industria en su propio
Consejo Consultivo.
Andrés
Manuel López Obrador debe tener interés
en recuperar el sentido de este organismo ya que él laboró como director de
Promoción Social del Instituto Nacional del Consumidor (que posteriormente se
convertiría en la Profeco), por lo que debe conocer la necesidad de este
organismo y el potencial que tiene para defender los derechos de los
consumidores, reconocidos ya por Naciones Unidas como derechos humanos. Lo que
se requiere al frente de Profeco es una especie de Ombusman con poderes
judiciales en una sociedad que ha pasado de sociedad del consumo a sociedad del
hiperconsumo. En la sociedad de hiperconsumo el consumidor se enfrenta al
superpoder y concentración de las grandes corporaciones globales.
En nuestra experiencia cotidiana:
¿Cuántas veces no hemos sido abusados con contratos que nunca leeremos ya que
se presentan en letra pequeña en enormes documentos que nunca resaltan aquellos
aspectos de interés fundamental para los consumidores?, ¿cuántas veces no hemos
sido engañados por publicidad que da cualidades a un producto o un servicio que
no tienen o que calla u oculta lo que no quiere que el consumidor se entere?,
¿Frente a estas situaciones cuántas veces usted se ha visto defendida por
PROFECO de forma directa o indirecta?.
Al
contrario, PROFECO se ha puesto del lado
de la industria para que no tengamos información comprensible sobre los riesgos
que representa la comida chatarra y las bebidas azucaradas, se ha puesto del
lado de la industria cuando le hemos exigido información al consumidor sobre la
seguridad y la eficiencia de los vehículos nuevos que se introducen al mercado,
se ha puesto del lado de ciertas empresas para que el consumidor no tenga
información sobre la adulteración de ciertos productos, etcétera.
Esta nula presencia de la PROFECO en
nuestra vida diaria, en la cual como consumidores realizamos cientos de
elecciones diarias de consumo, ha llevado a algunos a considerar que esta
institución no tiene ningún sentido. Como ratas nacidas en un laberinto, nos
cuesta ver más allá de una institución cooptada por la ineficiencia y los
poderes económicos y, por lo tanto, ante su inexistencia en nuestra vida diaria
pensamos que sería mejor que no existiera. He conocido casos de mexicanos que
han recibido compensaciones económicas por servicios que contrataron fuera del
país al demostrarse que esas empresas realizaron un fraude con sus clientes.
Estos hechos, frecuentes en otros países, se cuenta con los dedos en México.
Cuando sufrimos un fraude hacemos un cálculo entre el tiempo que perderemos en
citas con PROFECO y la pérdida que hemos sufrido por ese fraude. La opción de
las acciones colectivas existentes en otros países por más de tres décadas, han
sido reconocidas recientemente en nuestro país, pero con los obstáculos
suficientes para que los abogados pienses más de dos veces meterse en ellas.
PROFECO puede llevar adelante las acciones colectivas, sin embargo, ha sido muy
selectiva al hacerlo.
No se conoce aún el potencial que
tiene Profeco como una efectiva procuraduría en defensa del consumidor. Se
requiere compromiso con la defensa de los consumidores por quien presida esta
institución. Tenemos excelentes ejemplos de instituciones similares en América
Latina y el mundo. Se requiere fortalecerla y realizar reformas a la ley para
que tenga más dientes: acabar con los contratos abusivos, la publicidad
engañosa, volver efectiva la reparación del daño, claridad en los créditos que
se aprovechan de los más pobre, hacer públicos los procesos, etcetera.
Es una gran
oportunidad para rescatar esta institución.
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