Rosalía Castro Toss recorre el mismo
suelo que pisó hace más de dos años cuando el Colectivo Solecito tomaba fuerza
en Veracruz. Esa vez, dice, estuvo sola. Ahora llega arropada con varias
hermanas del mismo dolor: mujeres que rascarán en la tierra para intentar
arrancarle la verdad sobre lo que pasó hace algunos años, cuando iniciaba la
violencia.
Aquí, a finales del 2016, en sus intentos por
establecer lo que ahora es la brigada de búsqueda, Rosalía Castro localizó el
área donde operaba una “cocina” de la delincuencia organizada. Un sitio en el
cual los criminales despedazaban a sus víctimas y luego las deshacían en ácido
o con fuego directo en tambos de metal.
“Vimos los indicios, vendas, zapatos,
ropa, botellas… Ahí estaban los tambos y el combustible”, dice Rosalía Castro
Toss, entrevistada en la entrada a los terrenos de APIVER, ubicados sobre el 13
y medio, a menos de dos kilómetros de las Casas Fantasmas.
Sufre al reconocerlo, pero trae a la
memoria las situaciones tan crueles acontecidas durante la última década, en que
Veracruz y Boca del Río se volvieron la joya de la corona para los cárteles de
la droga.
Su primer encuentro con estos predios
fue a finales del 2016, con Luis Ángel Bravo Contreras de Fiscal.
Esta zona, donde se cimienta el desarrollo del puerto
veracruzano, fue empleada como campo de exterminio durante varios años, acusa.
Pues antes de Colinas de Santa Fe -de donde se han rescatado 396 cráneos-
usaron el Kilómetro 13 y Medio.
Y según sus informes, que llegaron vía
anónima, en los terrenos del 13 y Medio hay sepultadas entre 300 y 400 víctimas.
Sin contar los cocinados en Casas
Fantasmas.
LOS
COCINABAN.
Lo peor es que durante mucho tiempo
operó en Casas Fantasmas -un pequeño fraccionamiento irregular ubicado dentro
de la zona- la cocina bajo la impunidad de todas las autoridades involucradas
en las operaciones para pacificar la zona conurbada.
“Me duele decirlo, pero sí, cocinaban
a los tesoros [sus seres amados]”.
“Había vendas, gasolina y tambos”, rememoró la madre sobre su primera
visita al lugar. En los tiempos en que
Luis Ángel Bravo Contreras no quería que se cavara en el suelo veracruzano
porque brotaban cadáveres.
Esa cocina y las matanzas en el 13 y
medio, afirma, se dieron a finales del sexenio de Fidel Herrera e inicios de
Javier Duarte de Ochoa.
En 2011 Casas Fantasmas está registrado dentro del
recuento de fosas clandestinas de la Fiscalía General del Estado.
RESTOS
HUMANOS.
En una
respuesta oficial, el organismo dice
(solicitud 01597217) que en septiembre de ese año se localizaron 27 fosas
clandestinas con más de 50 restos humanos.
De eso no hay registro en medios de
comunicación pues eran los tiempos en los cuales la delincuencia dictaba que sí
y que no salía en la prensa, al grado de que había periodistas involucrados
quienes eran los responsables de “filtrar” la información sobre la violencia.
El terreno donde lanzaban los restos
de la cocina no fue preservado. En ese entonces, la Fiscalía ni si quiera
levantó todos los indicios pues Rosalía Castro Toss explica que ella los
encontró a la vista.
Ahora en esa área hay un corralón
para una empresa de auto-trasporte de carga pesada y el terreno está rellenado
y nivelado.
En ese tiempo -relata- no sabíamos
buscar, no estábamos preparadas. Nos fuimos a Iguala para aprender, porque el
que está desaparecido no te va gritar para que lo encuentres”.
Ayer que
ingresan a los terrenos del Kilómetro 13 y Medio, cuentan con más experiencia tras haber rescatado casi 300 cráneos en
Colinas de Santa Fe entre 2016 y mediados del 2018.
NO ESTÁ SOLA.
En la
brigada de ayer, apoyados por
autoridades, están presentes padres y madres con seres amados desaparecidos, y
que se meterán entre la maleza para palear, chapear y cargar troncos en una
labor por demás pesada y desgastante, pero que en nada se compara con la
angustia de no encontrar al ausente.
Ahí se vio a
Zoila Gómez, madre de Jesús Alberto Carmona Gómez, de 36 años, desaparecido
desde el 2011 en el puerto jarocho.
Rosario
Solano Ojeda, de Córdoba, hija de Artemio Solano Pérez, de 53 años, de quien no
se sabe nada desde el primero de junio de 2017.
María de
Jesús Bazán Jerónimo, madre de Francisco Damián Rodríguez Bazán, desaparecido
el 16 de junio de 2015.
Sonia López
busca a su hijo Jorge Zúñiga Lopez, quien es un caso del 2018. Sujetos
fuertemente armados lo sustrajeron de su casa en enero del presente año. Ese
día también se llevaron a un trabajador de quien tampoco se tiene pistas.
Igual llegó Emma
González Jaczan, madre de Pedro Gustavo Estévez González, quien está denunciado
como desaparecido desde noviembre del 2013, cuando lo sustrajeron violentamente
de su negocio en Río Medio y Dos Bahías.
De Córdoba, Marcela Zurita, madre de Dorían Javier
Rivera Zurita, desaparecido el 11 de octubre en Córdoba. Ella encabeza una
brigada en Omealca que trabaja en pozos artesianos de los cuales han sido
rescatados 12 cadáveres.
Y desde Poza Rica, como apoyo al
colectivo, se dio cita Olga Lidia Salazar, madre de Marion Ivette Sampayo
Salazar, desaparecida el 14 de enero del 2011 en Poza Rica.
Olga Lidia
Salazar acudió desde Poza Rica para
tomar algunas experiencias en búsqueda para compartirlas con las integrantes de
su colectivo María Herrera, y en apoyo moral al dolor de las madres que ayer
comenzaron a desbrozar el terreno para iniciar a marcar cuadrantes con posibles
puntos de entierros clandestinos.
El dolor las unió al no saber qué
pasó con sus hijos, tal como afirma Rosalía Castro Toss, quien desde hace más
de siete años busca a su hijo, Roberto Carlos Casso Castro, quien habría sido
privado de su libertar la víspera de la Nochebuena del 2011, en compañía de su
novia.

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