Alejandro
Calvillo.
No hay nada más contrario al
ejercicio actual del poder en México que los principios que guían la iniciativa
internacional de la Alianza para el Gobierno Abierto (AGA) que busca la
transparencia, combatir la corrupción y evitar la interferencia de intereses
económicos en el ejercicio de las políticas públicas, con una fuerte
participación de la sociedad civil.
Suena inaudito que con el grado de
corrupción al que ha llegado el ejercicio del poder en México seamos parte de
esta iniciativa. Sabemos bien que México se venía vendiendo bien en el
exterior, pero la realidad no se puede ocultar, y su imagen se ha hecho
pedazos, como un reflejo de la dramática situación que vivimos.
Sin embargo,
en su afán de simulación y mantener el
maquillaje que ya no deja verse más que como un vulgar disfraz, la Secretaría
de la Función Pública (SFP) busca por todos los medios cerrar esta
administración, reportando que México ha cumplido con sus compromisos de AGA.
La SFP sabe que lo que está en riesgo es que México sea retirado de esta
iniciativa, un fracaso más de la administración con un caso no aclarado de
espionaje gubernamental a miembros de la sociedad civil.
Durante la
Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, realizada en
septiembre de 2011, se lanzó la iniciativa de la Alianza para el Gobierno
Abierto por ocho países, entre ellos México. La iniciativa promovida por el Presidente Obama podría convertirse en
un mecanismo internacional que podría contribuir a transparentar el ejercicio
del Gobierno y combatir la corrupción. A la iniciativa se han sumado 75 países
y se han establecido más de dos mil 500 compromisos.
De forma bianual
se han establecido objetivos que son
acordados a través de un proceso participativo en el que confluyen
organizaciones de la sociedad civil, miembros de la academia e instancias
gubernamentales. En México las instancias gubernamentales han sido la
Secretaría de la Función Pública y el Instituto Nacional de Transparencia,
Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI).
Los compromisos de la AGA México para
2016-2018 se dividieron en seis ejes temáticos: derechos humanos, sistema
nacional anticorrupción, pobreza y desigualdad, igualdad de género, gobernanza
de recursos naturales y cambio climático, y servicios públicos. Cientos de
organizaciones y académicos participaron en las mesas de trabajo, en un
esfuerzo que puede ser modelo para una sociedad democrática, especialmente, por
la transparencia del proceso y la no interferencia de intereses económicos.
La Alianza
de Gobierno Abierto se rige por un Secretariado Técnico en cada país, en el caso de México estaba formado por el
grupo núcleo de sociedad civil integrado por 10 organizaciones en
representación de este sector, por la SFP y el INAI. Un hecho persistente por
parte del Gobierno venía siendo el incumplimiento de los objetivos planteados y
la alteración de los acuerdos.
El 23 de mayo de 2017, la iniciativa
reventó y la SFP buscó como mantenerla simulando que continuaba.
Las organizaciones que conformaban el
Grupo Núcleo de la Sociedad Civil del Secretariado Técnico Tripartita de
Gobierno Abierto en México anunciaron su retiro de este organismo ante la falta
de respuesta a la demanda de investigación que las organizaciones realizaron a
la SFP y al INAI, sobre el caso de espionaje del que habíamos sido objeto dos
miembros de las organizaciones de la sociedad civil que participábamos en la
mesa enfocada en las políticas frente a la obesidad. Esta mesa formaba parte
del eje temático de Servicios Públicos. Una tercera persona, un académico había sido espiado
también, los tres tenían en común haber
promovido el impuesto a las bebidas azucaradas y criticar el etiquetado frontal
en alimentos y bebidas. Un espionaje que se había realizado con el malware
conocido como Pegasus, que el propio Gobierno mexicano había adquirido a una
empresa israelí. Un par de meses más tarde, otra investigación publicada en el
New York Times señalaría que periodistas y miembros del propio Grupo Núcleo de
la Sociedad Civil en la AGA habían sido también espiados por el Gobierno.
Diversas organizaciones de la
sociedad civil, hemos participado en consejos, comités y organismos creados
como órganos de consulta en diversas dependencias del Estado, sin perder la
esperanza de que seamos tomados en cuenta, a pesar de tener pruebas, una y otra
vez, de lo contrario.
Lo que es constante es que al final
son los intereses de los poderes económicos y políticos los que suelen
imponerse en la mayor parte de las ocasiones. Frente a esta situación, la AGA se presentaba como
una oportunidad para tener un proceso transparente en el cual no terminaran por
imponerse intereses particulares.
Un muy buen
ejemplo de las prácticas de falta de transparencia, de servicio a los intereses
privados y sacrificio del interés público, lo vivimos en la mesa de obesidad.
En la mesa de obesidad se habían establecido dos objetivos centrales: modificar
la norma de etiquetado frontal en alimentos y bebidas y proteger todo el ciclo
de la política contra la obesidad (diseño, monitoreo y evaluación) de la
interferencia de la industria. Cofepris había establecido un etiquetado frontal
diseñado por la propia industria, que no se entiende ni por los estudiantes de
nutrición y tiene un criterio de consumo diario de azúcar que representa un
riesgo a la salud, como en su momento señaló la Organización Mundial de la
Salud.
Regulaciones fundamentales como el
etiquetado y la regulación de la publicidad dirigida a los niños, Cofepris las
había entregado a la propia industria de alimentos y bebidos para que no les
afectaran sus ganancias.
Por su
parte, la Secretaría de Salud le había
entregado el control del ciclo de la política contra la obesidad a la misma
industria de la comida chatarra y las bebidas endulzadas, con la creación del
Observatorio Mexicano de Enfermedades No transmisibles (OMENT). Este organismo
fue creado por esa Secretaría para evaluar la política contra la obesidad,
dándole a esta industria más del 50 por ciento de los asientos. Cofepris
entregó el diseño de la política a la industria y Secretaría de Salud entregó a
la industria la evaluación de esa política. El OMENT se ha convertido en el
mejor ejemplo en el mundo de la interferencia de la industria de la chatarra en
la política contra la obesidad.
En relación a la reformulación del
etiquetado frontal en alimentos y bebidas, establecido como acuerdo en la AGA,
la Secretaría de la Función Pública modificó la redacción del acuerdo de forma
tal que beneficia a la industria de bebidas y alimentos, al establecer que en
vez de modificar la Norma Oficial Mexicana 051 en la que se inscribe el
etiquetado, se analizaría la evidencia científica disponible en las Mesas de
Etiquetado y de Criterios Nutrimentales del OMENT, el organismo al que ya se le
había dado el control a la industria.
En cuanto al
OMENT, el 12 de mayo de 2017, en la mesa
de obesidad se acordaron, entre los representantes de la Academia, la
Secretaría de Salud y de las Organizaciones de la Sociedad Civil, con la
presencia de una representación de la Secretaría de la Función Pública, los
lineamientos y el formato para evitar el conflicto de interés dentro del OMENT,
organismo que fue creado por la Secretaría de Salud con el objetivo principal
de evaluar las políticas contra la obesidad.
De aplicar los lineamientos y el
formato para evitar el conflicto de interés más del 50 por ciento de los
integrantes del OMENT serían excluidos del organismo. El Observatorio ha
permitido que los intereses económicos de la industria se interpongan a
políticas públicas efectivas para combatir la obesidad, dándoles voz durante el
proceso de evaluación del etiquetado frontal de alimentos y bebidas y la
regulación de publicidad dirigida a la infancia, a pesar de contradecir las
recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, el Instituto Nacional
de Salud Pública, expertos nacionales e internacionales y organizaciones de la
sociedad civil.
La propuesta
de la AGA es un modelo muy interesante a
seguir para establecer objetivos en las temáticas más importantes que aquejan a
nuestro país, en un proceso transparente, abierto al escrutinio internacional.
La AGA no cuenta con mecanismos de sanción más allá de la posible expulsión de
un país miembro. Sin embargo, muestra un modelo que debiera fortalecerse, que
sería muy útil para defender la democracia frente a la corrupción y la
interferencia de los poderes económicos que en este sexenio no tuvieron freno,
más bien alicientes, pasando por encima de la salud de la población.
El Gobierno
electo tendrá que definir qué posición
tomar con la AGA, si la fortalece o la debilita, si investiga los casos de
espionaje o los deja pasar, si jala de la hebra, que seguramente es muy
profunda, o la deja ahí para que se mantenga la impunidad de quienes pusieron
el servicio más sofisticado de espionaje del Estado al servicio de intereses
particulares.
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